Sé que algunos de vosotros habéis pasado por esto y tal vez os podáis reconocer en algo de lo que escribo. Sé que a otros les encantaría probarlo y quizás ya coqueteen con la idea de vivir una experiencia así. Y también sé fehacientemente que algunos pensarán “ya están aquí esta banda de iluminados”. ¡Os doy la bienvenida a todos!

Me hace gracia pensar que alguien pueda verme como una iluminada porque cualquier persona que me conozca sabe que a pesar de ser una soñadora aguerrida, vivo pegada al suelo y estoy mucho más atenta a lo que sucede en mi y a mi alrededor de lo que había estado antes. Y que la consciencia de la que tanto hablo no es otra cosa que  darse cuenta de que todo es mucho más palpable, manejable y modificable de lo que cabría pensar.

Una persona que haya vivido la transformación que proporciona el coaching  es todo menos un iluminado, porque  ha conseguido bajar a tierra lo que habitaba en el limbo de lo imposible

 

Una persona que haya vivido esto, experimenta el miedo, la duda, la ira, la melancolía o la contradicción como cualquier otra. La diferencia es que tiene recursos para no dejarse vencer por ninguno de ellos. Sus días no acaban  en un fundido en rosa pero asume que eso forma parte de la vida y lo vive y lo integra y crece con cada punzada de dolor.
Si has tenido la suerte de vivir un proceso de coaching y te has permitido embarcarte de lleno en esa aventura, o si te has formado como coach y tu formación ha sido lo suficientemente transformadora como para que  haya un antes y un después en tu manera de comportarte y relacionarte contigo mismo y con los demás quizás te hayas sentido en ocasiones un bicho raro. Quizás ha habido momentos en que te hayas parado a pensar si no hubiese sido mejor seguir como antes. Sin tanto cuestionamiento, sin tantas preguntas revoloteando siempre en tu cabeza. Dejar de ser el único de tu entorno que haga ese tipo de observacioines, que mire de otro modo, de ese modo…

Sin tener que dar tantas explicaciones a por qué has dejado de hacer cosas que hacías o justificar por qué haces las que has decidido empezar a hacer.

Es posible  que en ocasiones te hayas sentido alejado de todos y a la vez menos solo que nunca. También pudo haber momentos en los que hayas alcanzado un grado de conciencia tan elevado de ti mismo que el dolor ha sido insoportable, aunque también habrá habido ocasiones en las que la comprensión y la plenitud hayan llegado de modo tan intenso que hubieses podido morir en ese instante sin nada, absolutamente nada que reprochar.

Cuando te comprometes a tomar las riendas y a asumir el reto de viajar hacia lo más profundo  de ti mismo para conocerte de una vez por todas, podrían pasar algunas cosas que quizás deberías saber.

  • Sentir que por fin alguien llamado “solo yo” existe. Y no sentirte egoísta o culpable por experimentar pensar, decidir y elegir desde el yo. Porque la grandeza de entender que tú tienes el derecho irrenunciable a ocuparte por fin de ti es comprender al mismo tiempo que los demás también lo tienen. Y que sólo desde el conocimiento a ti mismo podrás conocer a los demás, dejarles mostrarse sin exigencias, tal como son. Y para eso antes has de empezar por mostrarte tú, sin exigencias, tal como eres.
  • Todo será cuestionable, hasta el concepto de realidad. Las personas sufrimos mucho por tratar de conseguir que las cosas sean “como deberían ser” y comprender que tu visión del mundo no tiene por qué coincidir con la que tienen los demás es profundamente liberador. Que cada uno interpreta su realidad y por tanto actúa y piensa conforme a ella. De modo que pretender crear un lugar común llamado “como las cosas son” es un esfuerzo titánico que no siempre es posible conseguir. Maturana llega a decir los humanos no tenemos mecanismos biológicos que nos permitan tener percepciones de como las cosas son. Los sentidos, por tanto, no nos proporcionan ninguna representación fiel de como las cosas son independientemente del observador que las percibe”
  • Empezarás a ser más cuidadoso con tus palabras. Tu capacidad empática aumentará notablemente a medida que comienzas a conocerte a ti porque entonces aparece la necesidad de conocer al otro. Tratarás de no emitir juicios tan a la ligera y de comunicarte de un modo más efectivo. Descubrirás la capacidad que tienen las palabras de construir realidades y el lenguaje dejará de ser algo inocente para ser una potente herramienta que tiende puentes o los quema. Que acerca o aleja. Que hiere o acaricia y casi siempre elegirás acariciar.
  • Te alejarás de unas personas y te acercarás a otras. Vas a descubrir qué personas suman y qué personas restan. Incluso puede ocurrir que intentes rescatar alguna relación que dabas por perdida porque finalmente has entendido que en aquella relación no había nada personal contra ti, que simplemente aquella persona es un ser muy distinto a ti, con su modo único de percibir su realidad. Por otro lado necesitarás alejarte de personas que no aportan nada o que quizás en ese momento de tu vida tengan que desaparecer. Lo que no harás será cerrar puertas de manera definitiva porque también entenderás que la vida es un ir y venir en el que todo está de paso y todo puede volver. Palabras como jamás y nunca desaparecerán de tu vocabulario.
  • Te dirán que ya no eres la misma persona y algunos lo harán con recelo. Sobre todo aquellos que pensaban que no había nada que cambiar. Te pedirán que dejes de preguntar y querrán saber por qué haces preguntas tan raras. Se quedarán descolocados ante algunos comportamientos y notarán que cada vez resulta más difícil alterarte o hacerte perder el control. Podrían no entender que de vez en cuando desaparezcas para acudir a esa cita entre tu y tu a la que ya no te permites faltar. Podrían no entender  lo que sea en que te hayas convertido. Podrías no gustarles, podría afectarte, sabrás manejarlo. Confía.
  •  Tu mente comenzará a innovar. Se te ocurrirán cosas impensables tiempo atrás y descubrirás que esas opciones siempre estuvieron ahí pero que tu no tuviste el coraje o los recursos suficientes para afrontarlos. Que todo está mucho más al alcance de la mano y mucho más interrelacionado de lo que imaginabas. Que eres mucho más capaz de lo que siempre confiaste que eras aunque a la vez te sientas diminuto y formando parte de un todo mucho más grande. Esa dualidad te permitirá ser cambiante, flexible y adaptable. Fluir como el agua.
  • Te lamentarás de no haber llegado al coaching mucho antes. Cuando descubras todas las energías desperdiciadas. Todas las horas de conversaciones inútiles en las que sólo te preocupabas por mantener tú argumento por encima de todos y todo sin pararte un segundo a escuchar y quizás plantearte que podrías estar equivocado. Cuantas discusiones inútiles te hubieses ahorrado, cuanta frustración, cuanto desencanto. Cuanta necesidad de creer que no llegaba. Porque ahora crees, te lo dices y te lo repites, creo
  • Te costará reconocer en el espejo a la persona en quien dicen te has convertido. Sobre todo cuando alguien te diga  “cómo has cambiado” y tu alucinarás y te preguntarás en qué tipo de farsante te habías convertido porque sabes  que en el fondo todo eso siempre estuvo ahí. Aunque  tú no lo dejabas salir, lo escondiste por miedo a no ser querido, por miedo a defraudar, por miedo a equivocarte, a no estar a la altura, a herir, a desdibujarte entre las formas de “lo que tendrías que ser”.
  • La palabra paciencia adquirirá otro significado. La R.A.E dice que paciencia es; la capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse. Bien, a partir de ese momento la paciencia será ese espacio sagrado que se interpone entre tu y eso que tanto deseas. Desde la certeza de que es eso y no otra cosa lo que quieres. No vas a conformarte con menos ni con algo distinto y por tanto decides esperar lo que sea necesario sin dejar de propiciar que las cosas pasen. Esa capacidad creadora dulcificará la espera.
  • Reconocerás a los que han vivido lo mismo que tú. Y lo harás inmediatamente. Y es posible que sea algo físico, los detectarás enseguida y habrá miradas cómplices que te harán recordar que al fin y al cabo tampoco eras tan especial como creías, sólo un viajero más. Porque lo mejor de todo esto, lo mejor de todo sin duda es descubrir que todos estamos aquí con un único propósito, entender de que va esto llamado vivir.
Leer:  Cuando estar bien no sea suficiente, el coaching podría ser la solución

Sea lo que sea que hayas vivido, o que a partir de ahora te plantees vivir, el grado de transformación dependerá de ti. En cualquier caso, honestamente creo  que  el viaje hacia el descubrimiento de uno mismo es el más apasionante, retador y sorprendente que podrías realizar. ¿Te atreves?

Gracias por seguir ahí.

Share This