Willy Wonka, ese friki genial encarnado por el irrepetible Jhonny Depp salido de la mente de Tim Burton dijo esto: “somos los creadores de la música y los soñadores de los sueños”.

Eso somos. Tenemos la capacidad de soñar e imaginar y alguien dijo que si puedes soñarlo, puedes hacerlo. Los objetos que te rodean, las ideas que te inspiran , los proyectos que envidias, las obras de arte que alimentan tu espíritu, las empresas en las que trabajas o en las que te gustaría trabajar , los avances científicos que hacen que puedas estar leyendo esto o quitarme de tu vista con un click. Todo este universo de creación ES porque cuando no era alguien quiso que fuese.

 

Es más cómodo seguir soñando que hacer lo necesario para conseguir hacer de tus sueños realidad

 

Soñar, imaginar, desear algo es en cierto modo el primer paso para darle vida. En cambio, el único día del año en el que se te permite volver a soñar como un niño, la noche de reyes, ese momento mágico, el único momento en que te permites tirar la casa por la ventana con miles de chorradas te sigues quedando a medias. Ya ni siquiera tienes la capacidad de recordar los deseos que podrías pedir. A fuerza de dejarlos en los huesos, ya ni los reconoces. Los dejaste morir de inanición que es el modo más aséptico y cobarde de matar algo, lo que sea. Negarle lo que necesita para vivir.

Porque ya tampoco escribes cartas, no escribes de hecho y aquí me refiero al sanador acto de plasmar en una hoja lo que pide salir a gritos. No sea que luego no sepas qué hacer con ello. Te vuelves  a quedar con las ganas de poner en negro sobre blanco todo, repito,  todo lo que de verdad ansías, deseas, sueñas.

Casi que en el fondo te alegras de que los reyes magos no existan, ¿verdad? Porque seamos honestos, así ya no tendrás que preocuparte por nada más que por seguir manteniendo en el aire todas esas pelotas que manejas con la destreza de un malabarista. Sin pararte a pensar que quizás dejando caer una o dos o incorporando alguna nueva, la actuación podría sea más bonita o vistosa. Tú solo quieres mantenerlas en el aire, todas, da igual que no haya belleza ni orden.  Y así, un día y otro seguir jugando a un juego que puede que ya no recuerdes ni cómo empezó, ni para qué, cúal era el premio o si te divertía jugarlo.

Trabajo con personas que están tan atascadas como tú. Que intentan lidiar con sus frustraciones y que hacen malabarismos las 24 hs del día, cada día de su existencia para no permitirse ni un segundo de espacio para pensar. Y cuando por fin deciden hacerlo dedican otro tanto a buscar disculpas y excusas y entornos hostiles, cuando en realidad la única hostilidad reside en ellos, les dispara a bocajarro y desde dentro y se encuentran con que no tienen nada con que defenderse, dando la batalla por perdida mucho antes siquiera de comenzarla.

La labor de personas como yo es mostrarles que no están desarmados, que tienen opciones para plantar cara y que además disfrutarán de esa lucha cuerpo a cuerpo contra sí mismos en el mismo momento que puedan comprobar de qué son capaces. Cuando descubren que dejar caer alguna pelota puede ser genial si decides hacerlo consciente y libremente. Que las que decidas mantener serán aquellas que dan color a todo el conjunto y que si hay que incorporar algunas nuevas sabrás encontrarles el espacio exacto que necesitan tener. Cuando consigues esto, créeme, la magia se habrá producido.

Y como una coach no puede evitar preguntar yo te hago esta pregunta, si supieses que ibas a poder mantener tu espectáculo de malabarismo, exactamente cómo quieres, el tiempo que quieras y con el número de pelotas necesario, entonces, ¿te atreverías a pedir a los reyes magos lo que necesitarías para conseguirlo?

Leer:  La historia que te contaste para conseguir lo que no querías

Bien, si la respuesta es si, podríamos hacer una lista. Confía, no conozco tus deseos pero he visto cartas a los reyes y sé de lo que hablo;

Tiempo para pensar. Tan sencillo o tan complicado como pueda parecer. Párate y toma aire. Decide que te vas a regalar un tiempo para ti y hazlo. Busca un lugar tranquilo, alejado de tu entorno habitual si lo prefieres, paseando por un bosque o un parque, frente al mar, sentado en un banco, o  en tu coche en mitad de la nada pero para. Búscate, hasta donde sea que tengas que bajar, hasta donde quiera que te hayas perdido, baja a las profundidades si es necesario y no temas encontrar  el camino de vuelta. Tú lo conoces mejor que nadie. Hay momentos para perderse y momentos para volver.

 Coraje para sentir. Permítete sentir lo que sea que encuentres; llanto, amargura, tristeza, euforia, risa contenida, rabia, esperanza, amor, deseo…… Tómalo como algo que te pertenece, que forma parte de ti. Tú has permitido que estuviese ahí escondido todo este tiempo, en silencio, apartado. Deja que salga, no tomará represalias, forma parte de ti, al fin y al cabo, tú lo has creado, sólo necesita ver la luz. Será indulgente, sólo querrá que le des el espacio que necesita. Dáselo.

 Valor para preguntarte. Para reconocerte, para tomar consciencia de lo que eres, para recordártelo. Dónde has estado todo este tiempo. Si estás haciendo lo que soñabas que harías. Hacia dónde estás yendo. Si hacia donde estás yendo es hacia dónde quieres ir. Si has dejado algo muy valioso en el camino. Si eres capaz de reconocer qué es ese algo. A cambio de qué has renunciado. Si ha merecido la pena.

 Imaginar.

 Lo que ves cuando te imaginas exactamente en el lugar en el que querrías estar. Cómo lo sientes, cual es la luz que ves en tu película, los sonidos de fondo, el brillo de la imagen. Si estás solo o acompañado en esa escena. Cómo te comportarás, qué dirás, como irás vestido, cual será la expresión de tu cara. Qué te dirás, cómo te observas desde dentro. Cómo te observarían otros, qué dirían de ti. Cómo será vivir allí.

 Descubrir. En qué tipo de persona puedes llegar a convertirte. Todo lo que hay en ti capaz de generar. Tus deseos convertidos en planes. La energía que genera el miedo transformada en impulso. Los problemas en retos. Lo que parecía incuestionable no sólo es cuestionable sino modificable, alterable. Transformar los fracasos en resultados. Las nuevas conductas en hábitos, las malas costumbres en recuerdos. Que manejas tú vida. Que has hecho las paces con lo que fuera que estuvieses peleando. Que eres más sabio como para distinguir por qué vale la pena pelar y por qué no. Que estás al mando.

Ahora ya sabes que podemos olvidarnos de los reyes magos. Que al igual que para ti,  para mí ha sido una excusa que me ha permitido buscar un modo original (espero) de abordar este post. Tú eres Melchor, Gaspar y Baltasar. El sueño también te lo dejo a ti, es cosa tuya. Cada cual sabrá. No he dicho que fuera fácil. Sí digo que puedes conseguirlo.  Yo te animo a que escribas esa carta hoy, un 31 de marzo, con la primavera llamando a la puerta y el invierno escapando con el rabo entre las piernas. Me parece una bonita metáfora, es el momento perfecto. No esperes más. Quizás mañana podría ser demasiado tarde.  ¿A qué esperas?

Gracias por estar ahí.

 

 

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