Hace poco más de 4  años que me dedico al coaching. Hace 4 días, leía un artículo en El Confidencial en el que su autor, Carlos Otto cuestionaba y criticaba con un tono bastante mordaz  a algunos profesionales del coaching. Hace aproximadamente 24 horas  decidí que a pesar de que me había prometido a mi misma descansar durante el mes de agosto y no publicar ni una sola entrada en mi blog, quería escribir sobre esto.

Antes de empezar, me gustaría decir que comparto la denuncia que el autor del artículo pretendía mostrar escribiendo una entrada con un título tan categórico como este, 5 motivos por los que odio el coaching. Incluso tratando de ser bien pensada me gustaría pensar que en vez de denuncia, se trata de verdadera preocupación  por el tema y no el resultado de una reflexión del tipo “A ver a quien me puedo cargar hoy”.

Así que repito, como coach, comparto su denuncia y preocupación.  Creo que el tipo de profesional al que hace alusión el autor del artículo se encuentra tan en las antípodas de un coach riguroso como un matasanos de entresuelo que opera en el salón de su casa puede encontrarse de un cirujano. En cambio a nadie se le ocurre escribir un artículo “5 motivos por los que odio la medicina”. Porque a nadie se le ocurriría meter en el mismo saco al cirujano y al matasanos de andar por casa. No son la misma cosa, no juegan en la misma liga, ni tan siquiera disputan el mismo deporte. Aplicar esta comparativa al mundo del coaching me parece tan pobre como injusto.

Así que por ese motivo, no comparto en absoluto la estrategia empleada por el autor, en cuanto a que quien escribe no parece haberse tomado demasiada molestia en buscar en cualquier manual una mínima información sobre qué hace un coach  y cual es la  definición de coaching de modo que cualquiera que estuviese leyendo desde el desconocimiento de la materia  pudiese hacerse su composición de lugar.

Pero claro, eso supondría dar a sus lectores la posibilidad de pensar por ellos mismos, con el riesgo que supondría para quien escribe bajarse del púlpito antes de haberse encaramado a él.

Y fíjate tú por donde, eso es precisamente lo que busca un coach. Espacio para la reflexión y el cuestionamiento. A partir de ahora, cuando emplee el término coach, me abstendré de escribir previamente la palabra “buen”, dando por hecho que no es necesaria esta aclaración. Desgraciadamente hay chamanes/vendedores de humo disfrazados de coaches. O sea, que no lo son. Afortunadamente hay coaches que hacen un gran trabajo con sus clientes.

Así que llegados a este punto, me gustaría romper una lanza por aquellos coaches que sí saben lo que hacen , que son respetuosos con sus clientes y que verdaderamente establecen una relación de ayuda honesta y desde la colaboración. Que no sólo han recibido una formación en coaching seria y de calidad sino que no dejan de leer, estudiar, investigar y crecer para dar un mejor servicio a sus coachees.

Al autor del artículo, decirle que no pretendo bajo ningún concepto hacerle cambiar de opinión, sí me gustaría que la lectura de este artículo dejase al menos un espacio para la reflexión. Mi intención, es simplemente mostrar otra realidad.

Leer:  De la tiza a los bytes. La educación en el siglo XXI

5 motivos por los que a alguien que odia el coaching podría interesar este artículo:

  • Un coach nunca te dará una frase de manual. De hecho un coach no te dará consejos ni te dirá lo que tienes que hacer. Una de las máximas que mueve a todo coach es la siguiente: “Los cliente tienen sus propias respuestas o pueden encontrarlas”.
  • Un coach no se reconoce en el término gurú. Un  coach sabe que no hay nada equivocado, ni roto en un coachee y por lo tanto no es necesario reparar nada relacionado con el cliente. Un coach también sabe que una vez finalizado el proceso no habrá puesto nada en su cliente que el cliente no tuviese antes. Sus aportaciones, sus consejos no son lo que necesita el coachee. El coach sólo es experto en llevar un proceso de coaching.
  • Un coach tendrá muy presente la realidad de cliente. Un coach ayudará a su cliente a entender que hay muchas cosas que no estarán bajo control. Del mismo modo le ayudará a descubrir los recursos de que dispone para ser más flexible, aceptar la paradoja y seguir adelante.
  • Un coach despertará tu curiosidad. Un coach no es un inquisidor. No pregunta para juzgar, ni tan siquiera para satisfacer su curiosidad. Pregunta para que su cliente pueda comenzar un proceso de indagación que le lleve a un proceso de descubrimiento. Cuando el cliente comienza a sentir curiosidad por su vida, el miedo a descubrir se reduce porque la curiosidad puede ser más potente que el miedo.
  • Un coach es un impulsor de cambio. Conseguir un objetivo es sumamente satisfactorio pero lo es más comprobar que eres el tipo de persona capaz de hacerlo. Nuevas prácticas, nuevos hábitos nos llevarán a conseguir nuevos logros. Un impulsor de cambio introduce la ecuación del cambio sin saber cual es el resultado poniendo el foco en los recursos desplegados por el cliente para convertirse en el tipo de persona capaz de hacerlo.

En definitiva, lo que hace un coach es invitar al descubrimiento. Pero claro, para eso, el cliente tiene que querer descubrir. El trabajo de un coach consiste en despertar la curiosidad de su cliente sobre lo que este piensa/dice/hace. Pero claro, el cliente tiene que estar dispuesto a entender que estará más satisfecho de sí mismo cuando encuentre sus propias respuestas que lo estaría si tuviese que adoptar las que el coach le pueda sugerir. Si lo que buscas son soluciones dadas, no recurras a un coach, busca a un asesor. Si lo que quieres es un discurso motivacional de alto impacto, busca un buen speaker y pasa un buen rato. Si lo que quieres es crecer, conocerte y cambiar lo que no funciona, busca un coach.

Gracias por seguir ahí.

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