Hoy he decidido que voy a escribir sobre la rareza. Mejor dicho voy a escribir en defensa de la rareza, voy a romper una lanza por los que se sentirían unicornios en las caballerizas de Ascot.
Cuando somos niños y adolescentes, la mayoría de nosotros, buscamos no destacar, ser igualitos unos a otros porque lo que necesitamos fundamentalmente es aprobación y cariño. Aún no tenemos recursos que nos ayuden a comprender que fuera del grupo no sólo podríamos sobrevivir, si no sentirnos mucho más “nosotros” especialmente si el grupo no nos permite ser lo que somos. Aceptamos pulpo todo el rato con tal de encajar. Y en ocasiones aguantamos situaciones injustas, dolorosas y que dañan nuestros principios con tal de que nadie nos expulse del primer reinado que nos enseñan a conquistar, el grupo.
Esto os lo cuenta una adulta que sufrió de niña acoso escolar por parte de algunas compañeras de colegio. La sangre no llego al río, no existían términos como ‘bullying’ ni salían en los telediarios testimonios de niños que pasaban por lo mismo. Nunca conté nada a mis padres, ni a mis profes, ni a mis hermanos mayores porque entre otras cosas hasta pasados muchos años no entendí lo que de verdad había pasado. En aquella época eran cosas que formaban parte de ese “todo” que era madurar . Y aunque sufrí lo mío en aquellos 3 meses, fue una prueba de la que salí reforzada.
Fundamentalmente porque supe aguantar el temporal y manejar la situación. Salí fortalecida y resuelta y tan pronto el escenario cambió y pude perder de vista a mis acosadoras (cambio de ciudad) apareció una Paula, segura y consciente de que su singularidad ya no sería el enemigo, sino su aliado. Lo que para mi eran comportamientos normales como discrepar, no aceptar y desaparecer cuando me apetecía, para ellas eran comportamientos difícilmente comprensibles. Así que sin pretenderlo ellas, ni buscarlo yo aprendí a base de la letra con sangre entra una de las lecciones que más me han servido a lo largo de mi vida. La diferencia asusta al resto, y eso puede ser una baza estupenda si la sabes manejar.
A continuación voy a enumerar 5 principios que podrían parecer “normales” pero que en mi experiencia profesional, observando a otros y en mi propia experiencia de vida he ido descubriendo que no lo son tanto y que en muchas ocasiones marcarán la diferencia entre quienes sobresalen y quienes sobreviven. Aviso a navegantes, no son mis “rarezas” esas las reservo sólo para la gente que me soporta y me quiere.
Ahí van:

  1. Considerar que el dinero NO es lo más importante. Estoy segura de que muchos de vosotros estáis decepcionados al leer esto. Menuda chorrada, por supuesto que para mi el dinero no es lo más importante, como el siguiente motivo no me convenza, no sigo, pensaréis algunos. Perfecto, ahora déjame preguntarte algo; ¿Cuantas veces a lo largo de tu vida profesional te has planteado que de no ser por esa nómina fija ya habrías mandado todo al diablo? ¿Estarías dispuesto a invertir tus ahorros o incluso a no ganar durante meses por llevar adelante tu sueño? ¿A cuántas personas conoces que han dejado un puesto fijo en plena crisis para vivir de lo que les gusta? Las personas de éxito cometen rarezas así, invierte sus ahorros, trabaja lo indecible a cambio de nada para sacar adelante un proyecto, dejan trabajos estables. Ahí lo dejo. “Qué se puede hacer con dinero y sin imaginación o valor?” (Juanma Bajo Ulloa).
  2. Rodearse de los mejores, incluso si son subordinados. Yo sé que la tendencia natural por el mero instinto de supervivencia laboral es evitar que nadie te pueda comer la tostada. A todos nos puede asustar en un momento dado la brillantez de un compañero, de un subordinado, sobre todo cuando la falta de autoestima es uno de nuestros puntos débiles. Pero pase lo que pase, te coman la tostada o no, ten clara una cosa, vas a aprender mucho. Si te rodeas de los mejores vas a mejorar porque vas a querer estar a la altura. Ese hecho que podría considerarse heroico no va a pasar desapercibido ni para los que te rodean ni para ti . Ganarás siempre, créeme. “Un hombre inteligente es aquel que sabe ser inteligente como para contratar gente más inteligente que él”. (John Fiztgerald Kennedy).
  3. Cuestionar lo imposible haciéndolo posible. Si alguien te dice que algo no es posible no te quepa duda de que lo que te está diciendo es que es imposible para él o ella. Basándose en generalidades, en creencias, en limitantes o en el hablar por hablar, qué más da, siempre encontrarás a alguien a tu alrededor que te dirá que es imposible llevar a cabo esta o aquella hazaña. Pero ahí estás tu, el rarito, para demostrar a todos que si se puede, que tu pudiste y que además lo hiciste así. ¿Acaso la primera persona que pensó en construir una máquina voladora estaba siendo realista?

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  4. Enfrentarte a lo establecido, marcarte de lleno. Aquí si me voy a mojar porque creo que mi ejemplo puede ilustrar bastante. En mi primer trabajo tuve un jefe que era todo menos táctico, empático, comunicador, observador y líder. Por aquel entonces mi situación personal era complicada y él lo sabía. Estaba recién divorciada, con dos niños pequeños y necesitaba aquel trabajo. Las ventas aquel mes no iban bien. Así que en vez de ocuparse del asunto desde un liderazgo que intenta construir en vez de destruir, decidió que era mejor descalificarme y amenazarme apelando además a mi “delicada”situación personal. Era su manera de ejercer el liderazgo, intimidar en vez de inspirar o motivar . Mi estrategia fue escuchar y asentir. Cuando acabó su ‘speach’ me levanté y le dije que si lo que pretendía era despedirme lo tenía muy fácil pero que no le iba a consentir bajo ningún concepto que cuestionase mi responsabilidad como madre o se permitiese el lujo de amenazarme. Salí dando un portazo. Y me fui a mi despacho a recoger mis cosas, claro. A los 10 minutos estaba sentado ante mi pidiendo disculpas. Me convertí en la heroína de la oficina. Pero eso fue lo de menos, lo mejor de todo esto es que aprendí que nunca bajo ningún concepto volvería a permitir que un superior me levantase la voz y me faltase el respeto injustificadamente. Con ese gesto conseguí lo contrario, ganarme el mío. Desde aquel día nadie que ostente autoridad ha conseguido amedrentarme con ella y ha funcionado. “Los grandes espíritus siempre encontrarán la violenta oposición de las mentes mediocres” (Albert Eistein).
  5.  Ser el más loco entre los cuerdos y el más cuerdo entre los locos. Esto sí es una rareza porque no es nada sencillo. Mantener el punto de locura adecuado sin pasarse de la raya de modo que puedas parecer un inconsciente o un incauto pero sí dejarte llevar por esos pequeños actos de locura que a veces nos ayudan a mantener la cordura, aunque resulte contradictorio no lo es. “No existe ningún gran genio sin un toque de demencia” (Séneca).

Y en tu caso, ¿Cuál es tu rareza favorita?
Gracias por seguir ahí.

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