Recuerda siempre que no solo tienes el derecho a ser un individuo. También tienes la obligación de serlo.

Eleanor Roosevelt

Este post pretende ser un guiño a los conscientes y una invitación a  los escépticos.

Si eres una persona escéptica, seguramente me va a costar mucho que sigas leyendo  más allá de la genial frase de la Sra Roovelt. Si tuviese que apostar, lo haría 10 a 1 a que en ningún caso un escéptico perdería su tiempo leyendo un blog de coahcing. Apuesto fuerte, porque aunque me gusta ganar, aprendo muchísimo equivocándome.

En cualquier caso, si este blog se te ha colado y has llegado hasta aquí, déjame empezar estableciendo un pacto: No pretendo convencerte, esa es una práctica que he abandonado hace tiempo, la de tratar de convencer. El tratar de apañármelas con mil artimañas para que mi argumento supere al del otro y así llevarme al pecho la medalla de la autocomplacencia.

El juego de “Qué buena he sido, le he dejado K.O con mi argumento”  ya no me pone nada, fíjate. Es curioso pero ahora busco el K.O en mi. Busco el efecto de escuchar algo que dibuje en mi cara mi emoticono favorito, el de los ojos como platos. Como diría el rubio más célebre de Seattle, Kurt Cobain “Prefiero ser el peor de los mejores que el mejor de los peores”.

Ocurre que esa forma de situarme en el escenario de la vida me ha dado muchas más satisfacciones que el papel que interpretaba antes. Ha hecho de mis días algo parecido a una peli de Woody Allen en la que se dan respuestas a todo lo que el guión plantea. Y también este modo de actuar ha conseguido que llegados a este punto pueda sentir que estoy en el camino, esto es lo que buscaba, lo que la mayoría busca.

Disfrutar de cada día, aprender de cada error, celebrar cada logro como si una mano invisible y todopoderosa me fuese a desenchufar al final del día. Conseguir la mayoría de mis propósitos y reconciliarme con la vida cuando no los consigo. Observar la belleza de lo que me rodea incluso en lugares donde antes había sido ignorada. Entender que soy yo la responsable de mi felicidad es el mejor regalo que esta profesión, ya convertida en estilo de vida, me podría dar.

Siempre he dicho que el coaching ha de ser primero para el propio coach para poder ponerlo luego a disposición de los demás. Pues  resulta que cuando trabajo con mis coachees el cómo afrontar la vida de modo que esta se convierta en un verdadero disfrute en  vez de en una batalla, los resultados siempre son distintos, como no podría ser de otro modo. Aunque  el modo de conseguirlo coincide. ¿Y sabes qué? Todo empieza por la aceptación.

Así que si te apetece, te invito a que me dediques un puñado de minutos por si te puede servir lo que yo tenga que contar. Lo que voy a compartir aquí está basado en mi propia experiencia y en la de algunos de mis clientes.

No sé si esto ayudará pero ahí va; yo también fui escéptica, durante bastante tiempo. Hasta que me di cuenta de que realmente no creer en casi nada (y en ese nada metía casi todo, así cuanto más mejor),  me distraía del hecho de pensar que en realidad, lo que pasaba era que no creía en mi. Y en esa rigidez de querer aferrarme a mis razones en relación a todo , a mis principios comprados en un mercadillo de segunda mano, no supe ver, hasta que el coaching llegó a mi vida, que si empezaba a aceptarme un poco más a mi, podría aceptar y abrazar todo lo demás.

Descubrí  que cada vez que todo mi ser reaccionaba de manera desdeñosa ante cualquier tema relacionado con la autoayuda o el crecimiento personal en realidad no había más que un miedo atroz a descubrir todo lo que había por hacer. Era una escéptica de cartón piedra. Como la mayoría de los escépticos, supongo. Era un alma aterrada ante lo que supondría enfrentarse a uno mismo. Infinitamente más fácil decir “No creo” que “¿Qué pasaría si?”

Así que ese fue el primer paso. Aceptar todo lo que había para empezar a construir todo lo que podría venir. Y en eso he convertido mi vida y con esa filosofía se van muchos de mis clientes una vez terminado el proceso de transformación. He titulado este post Acept-Arte porque ciertamente creo que conseguir eso estado de cosas es todo un arte.

Aceptación no significa en absoluto que tengamos que dar todo por bueno ni que debamos adoptar una postura pasiva ante todo. Tampoco implica abandonar nuestros principios, aquello que nos mueve en lo más profundo. En ningún caso implica abandonar todo intento de querer cambiar las conductas que nos limitan ni darnos por vencidos a la mínima de cambio.

Como escribí en otro post hace unos meses,  acepto cuando he comprendido que hay un orden universal en el cual suceden cosas, un orden mucho mayor que yo con el que puedo fluir.  Aceptar tal como yo lo veo quiere decir que tengo la intención de ver las cosas como son. Esta actitud prepara el escenario para que pase lo que pase, pueda actuar de la forma más adecuada en ese momento. Fluyendo, no reaccionando. En ese escenario también me coloco a mi. Aceptar es abrazar todo lo que soy, con lo que me gusta y lo que me disgusta, para comenzar a crear todo lo que quiero llegar a ser.

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Fluir y aceptar son dos conceptos que a mi modo de ver, van de la mano. Cuando acepto, mi visión es mucho más global y elevada, fluyo con el orden de cosas. Cuando me resisto el escenario se llena de quejas, juicios y temores. La aceptación es la capacidad de buscar otras opciones desde la consciencia y no desde la revancha.

Cuando me acepto confío y trabajo en modificar aquello que no me gusta. Cuando no me acepto me quejo y me escondo, detrás de mi sombra negando lo que podría llegar a ser.

10 señales que te ayudarán a identificar que has decidido practicar el arte de la aceptación:

  • El foco se centrará en la abundancia y no en la escasez. Dejarás de lamentar lo que no tienes o lo que te falta, para centrarte en lo que hay. Comenzarás a ver belleza en lugares en los que jamás habías reparado, empezando por ti. Tu mente estará mucho más alerta para captar oportunidades porque donde fijas tu atención, pones tu intención.
  • Tu mapa se expande. Cuando te aceptas a ti la cadena se expande hasta el punto de que lo que antes te resultaba ajeno o extraño comienza a aparecer ante tus ojos como algo posible, lógico y natural. Comprendes que todo tiene derecho a existir, también lo que no te gusta o no te es útil. Comprendes que tu realidad se hace más rica al entender y aceptar la realidad del otro.
  • Dejas de preguntarte ¿Por qué a mi? y te preguntas ¿Para qué ahora? Comprenderás que todo lo que te sucede pretende enseñarte algo. Puede ser desagradable o doloroso. Incluso será difícil que en esos precisos momentos puedas entender el mensaje. Pero una vez la emoción te permita volver a pensar con claridad, el aprendizaje germinará como una semilla en terreno abonado.
  • Dejarás de utilizar expresiones como “esto si siempre” o “esto no nunca” El concepto cambia a me es útil en este momento de mi vida o por el contrario no me es útil. Y si ahora no lo es, quizás pueda serlo en un futuro. No das nada por sentado y dejas de ser categórico en tus afirmaciones.
  • El autoengaño deja de ser una droga para pasar a ser una alerta: El hombre está diseñado para huir del dolor y buscar el placer, el autoengaño es una de las drogas más extendidas. Es mucho más cómodo vivir en un grado de inconsciencia crónica. Cuando abrazas la aceptación podrás reconocer con rapidez cuando tu saboteador hace acto de presencia. No le dejarás quedarse por mucho tiempo.
  • El escepticismo deja de ser algo cool Te conviertes en una persona crédula, confiable, abierta al mundo y a la abundancia que nos ofrece. El escepticismo lo único que consigue en la mayoría de las ocasiones es afianzar nuestra rigidez y nuestra arrogancia.
  • Confiar se convertirá en un estilo de vida  Alguien podría pensar que el hecho de convertirse en una persona confiable, abierta, flexible y dispuesta puede hacer de ti alguien vulnerable o fácilmente manipulable. Nada más alejado de la realidad. Confiar significa tener la creencia de que una persona o situación estará a la altura de lo que quien confía, espera. Confiar supone un suspensión momentánea de la incertidumbre. La confianza por tanto da emponderamiento y seguridad a quien confía.
  • La mediocridad no es un freno sino un impulsor. El aprendizaje comienza cuando uno es consciente y acepta su falta de conocimiento o competencia en cualquier orden de cosas. Aceptar quiere decir no ver la mediocridad propia y ajena como una etiqueta que te imposibilita sino como la base sobre lo que construir algo inimaginable.
  • La ira deja de estar presente Una persona que acepta y se acepta deja de estar peleada con el mundo. Es dueña de su vida, ha tomado las riendas y por tanto, puede decidir cómo gestionar sus emociones. La ira es un claro ejemplo de reacción. Cuando has aprendido a no reaccionar, la ira poco a poco va desapareciendo de tu vida.
  • Las soluciones a corto plazo se convertirán en estilos de vida a largo plazo. Todo comienza con un “voy a probar a ver si esto me funciona” Primero con el diseño de tus objetivos, luego día a día trabajando tu diálogo interno, después observando al otro con los ojos de un niño que mira por primera vez. Observando las pequeñas cosas que se te habían pasado por alto, muy poco a poco. Escuchando con más atención a tu hijo y luego a tu marido y más tarde a la persona que te increpa en un altercado mientras conducías. Hasta que descubres que tu vida se ha convertido en el mejor escenario posible para que puedas ser todo lo que eres capaz de ser.

Así que como dice la frase que ilustra este post, no nos resignemos a abrazar el derecho de ser un individuo, construyamos desde la aceptación, el mejor individuo que podamos llegar a ser.

Gracias por seguir ahí.

 

 

 

 

 

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