Las películas son un mundo de fragmentos

Jean Luc Godard

El cine. Siempre recurro a él cuando necesito darme una vuelta por fuera de mi para encontrar el camino de vuelta a casa. El cine me hace recordar tiempos pasados, también me transporta a lugares en los que me gustaría estar. Me consuela, me estremece, me vapulea, me reconcilia, me hace girar como un hoja en un día de viento o me mece con la dulzura de un paseo en barca por un estanque en verano.

Hay películas como hay estados de ánimo. Y creo que en mayor o menor medida, cada película que he visto ha cumplido una función, aún cuando la intención inicial era sólo desconectar del mundo, cortar el cordón umbilical con la realidad que a veces se torna pesada como la lana mojada. Pero creo honestamente que hay películas sobre los que una coloca algunos de sus cimientos. Que te muestran una parte de ti escondida bajo mil máscaras. Hay grandes películas, hay pequeñas joyas y hay películas que te construyen. Cine para ser persona.

El cine solo existe porque tiene la capacidad de emocionarnos, como casi todo cuanto encierra algún tipo de belleza, alguna clase de hechizo. Cualquier historia, como cualquier vida encierra un universo emocional propio. Pero hay una película que en tan solo una frase explica muy bien lo que significa sentir, el peaje a pagar por tener un corazón que late, una piel que se eriza, una respiración que se agita y unas pupilas que se dilatan.

Ordinary People o en su traducción al castellano Gente corriente, nos pondrá en situación de entender que sentir es inevitable, también en ocasiones será aterrador, tremendamente triste o desolador. Toda emoción tiene su utilidad, pero como si se tratase de una medicina necesaria, de una quimioterapia para el alma hay emociones que nos dejarán lisiados por un tiempo. Gente corriente, su traducción al castellano, es una película dirigida en 1980 por Robert Redford. Por aquel entonces, nadie hablaba aún de Inteligencia emocional, entendida como la capacidad de comprender y gestionar nuestras emociones y las de los demás. Pero afortunadamente, el ser humano no necesita explicarse todo, no necesita ponerle nombre a todo para poder experimentar y el guión de esta película es buena muestra del desasosiego que provocan emociones como el miedo o el enfado, sentimientos como la apatía, el resentimiento, la culpa, la aflicción y la soledad.

“Una advertencia sobre sentir las cosas, hijo, no siempre produce placer”

 

El Príncipe de las mareas dirigida por Barbara Streinsand y protagonizada por un Nick Nolte en estado de gracia. Esta película habla de la búsqueda de la propia identidad, habla de heridas que no dejan de sangrar aunque la piel haya mudado más veces de las que pueda recordar. Habla del desgarro de un corazón que vive permanentemente atrapado entre el pasado y el presente. El adulto que culpa al niño que no supo o no pudo entender el horror y el sufrimiento vivido en esa edad en la que nadie debería de estar expuesto más que a la ternura y al amor infinitos. Habla de incomunicación y de secretos ahogados en el pasado que irrumpen con un estruendo descomunal en el presente. En esta escena, el protagonista se reconcilia con su pasado. La amargura de todo un camino recorrido para llegar a un par de certezas.

The invitation Es una película incómoda, que exige prestar atención desde el minuto uno. Un guión genialmente tramposo en el que todo importa y nada sobra. Una tensión calma que te hace preguntarte cómo aún no pasando nada puedes estar sintiendo la llegada de la catástrofe. Dirigida por Karym Kusama y con un reparto coral simplemente genial en el que sobresale especialmente, Logan Marshall-Green con la mirada más hermosamente triste que he visto en los últimos tiempos. The Imvitation es una película obligatoria para cualquier persona interesada en el desarrollo personal. Para cualquiera dispuesto a bucear en su propia percepción del tormento, de los misterios de la vida. Es una herida que escuece todo el tiempo. Sólo apta para aquellos que han decidido abrazar la idea de que el dolor forma parte de la vida y que la única manera de sobrevivir a una pérdida irreparable es aceptar que el dolor no se va a ir. No puede irse. Es casi un ensayo sobre las trampas que ofrecen algunos gurús sobre la búsqueda de la felicidad eterna y constante. Es una bofetada de pura realidad y pura vida.

Arde Misissipi A pesar de ser una película de protesta social, tiene todos los ingredientes del mejor cine de trama policíaca. Eso es algo que me gusta especialmente de algunas películas del cine americano. No necesitan recurrir a escenarios sórdidos o a personajes descarnados, como por ejemplo el cine de mi querido Ken Loach, para mostrar sin tapujos y sin ningún atisbo de maquillaje la crudeza de la vida de algunos. En este caso,  el horror que vivieron las victimas del racismo en Estados Unidos en los años 60. Arde Misissipi se estrenó el el año 1988, dirigida por Alan Parker y protagonizada por dos de los mejores actores de sus generaciones; Gene Hackman y Willen Dafoe. Una película de buenos y malos sin tibiezas. Basada en valores como la decencia, la dignidad, la lucha por la justicia, la valentía frente al miedo, la sensatez frente a la ignorancia. El bien y el mal sin matices, frente a frente.

Los puentes de Madison No escribiré mucho sobre esta película, no necesita presentación ni mucho menos introducción. Cualquier cosa que se diga estropeará la experiencia que cada uno haya vivido tras haberla visto. Solo decir que a pesar de la tristeza y la desesperación que viven los personajes en una de las escenas de mayor tensión emocional que ha dado el cine, creo que todos querríamos haber protagonizado una historia así. Un amor así. Dirigida y protagonizada por Clint Ewastwood y la irrepetible Meryl Streep, es sin ningún género de dudas y al menos para mí, la más bella historia de amor jamás contada en el cine. Francesca y Robert, gracias siempre por existir, por recordarnos que el amor es lo único que en realidad importa.

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El secreto de sus ojos Dirigida por Juan José Campanella, es la película perfecta. Todo en ella tiene sentido, todo en ella te conecta con alguna parte de tí que conoces bien o que ni tan siquiera sabías que existía pero de pronto descubres que está. Un guión inteligente como pocos, interpretaciones que permanecen en la retina. Cómo olvidar los ojos de Soledad Villamil en la escena de la estación, la devoción de Ricardo Darín cada vez que la mira. La boca apretada de Javier Godino, como una cicatriz en medio de una máscara. La voz devastada de Pablo Rago cuando recuerda a su esposa. La tristeza infinita en cada palabra pronunciada por Guillermo Francella. Una historia que bien podría haber salido de la pluma de Alejandro Dumas o Dostoievsky. Un recorrido por lo mejor y lo peor del ser humano. Habla del amor, del miedo a vivirlo, de la desesperación cuando te lo arrebatan. Habla de la tiranía de los celos que convierten en violencia todo lo que tocan. Habla de venganza y habla de encuentros. De finales que son comienzos y de finales que son infinitos.

La vida de nadie Única película española de mi listado. Inspirada en hechos reales, quizás ese dato es lo que más desasosiego causa de la película. Dirigida por Eduard Cortés y protagonizada por un José Coronado hasta entonces invisible, gracias a este personaje, descubrí por primera vez al actor que escondía uno de los hombres más atractivos de este país. Al alma de actor que escondía el físico del hombre. Adriana Ozores en una interpretación más que creíble, conmovedoramente real. Es una película perturbadora y a pesar de que la trama es algo enrevesada, a veces se antoja terriblemente admisible. Como espectador sientes por momentos la necesidad de escapar de la atmósfera asfixiante que se va creando. Como ser humano, entiendes al personaje, entiendes la huida sin retorno que un buen día decide emprender. Te compadeces de sus debilidades, abrazas su terrible vulnerabilidad.

 

Hotel Rwanda Es la película más dura que he visto en toda mi vida. La guerra mostrada como nunca antes, el horror paseándose por delante de tus ojos mientras estás sentada en un sillón. No recomiendo esta película a todo el mundo. Pero creo sinceramente que es necesaria. Dirigida por un desconocido Terry George y protagonizada por Don Cheadle Una de las lecciones que aprendí con esta película es que aún en el horror más profundo, en la bacanal de violencia más despiadada, siempre hay alguien dispuesto a dar un paso al frente, a no rendirse, a mantener la dignidad. A luchar, a sobrevivir aún cuando la muerte está tras cada paso que das. Don Cheadle debería de haber sido más reconocido por su inmensa actuación en esta película que bajo mi punto de vista no ha merecido todo el reconocimiento que merece. Quizás porque no es fácil de digerir. Quizás porque cuenta uno de los episodios más tremendos que ha vivido la siempre olvidada África. Tal vez porque todos querríamos olvidar que en realidad sucedió. Quizás porque saca a pasear la palabra vergüenza.

 

La misión Un clásico. Una de las cosas que siempre guardaré en mi memoria, en el lugar de los recuerdos sagrados es aquella tarde en la que mi padre y mi madre me llevaron al cine a ver esta película. Recuerdos de mi adolescencia que perdurarán por siempre. Recuerdo también el enfado, como solo un adolescente puede enfadarse, cuando meses después del estreno, supe que Spielberg había arrebatado el Oscar a Roland Joffé, el director y que esta obra de arte no había ganado el galardón a la mejor película de aquel año. La misión es una película de una belleza apabullante, no sólo por la música de Ennio Morricone, ni por la fotografía, sobrecogedora, ni tan siquiera por las interpretaciones mayúsculas. En esta película me enamoré de los dos protagonistas Robert De Niro y Jeremy Irons. Me enamoré de los hombres y de sus personajes. Esta película es inmensa por contar una historia conmovedora. Por bucear de una manera absolutamente inteligente por las mentes de dos hombres aparentemente opuestos, el misionero piadoso y el traficante de esclavos e irremediablemente unidos en la misma búsqueda; la redención. La misión es fundamentalmente una historia de búsqueda de la redención, de amistad y lealtad. Cualquiera asume el final como única posibilidad, el perdón, la amistad y la lealtad llevadas a sus últimas consecuencias.

Pocas veces se han dicho tantas cosas con tan pocas palabras en tan solo tres minutos

Existen docenas de películas que podrían ampliar este post. Docenas de historias que han contribuido a que hoy sea la mujer que soy. Pero no quiero haceros perder ni un minuto más, cerrad el ordenador y sumergíos en la magia del cine.

Gracias por seguir ahí.

 

 

 

 

 

 

 

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