“La diferencia entre lo que hacemos y somos capaces de hacer resolvería la mayoría de los problemas del mundo”

Mahatma Gandhi

 

Esta frase produce vértigo, al menos a mí. Saber eso y no prestarle atención. Tener en nuestras manos esa grandeza y meterla en la cajita de los grandes secretos olvidados, o peor aún, temerla como el niño que teme a los monstruos que habitan en su armario. Lo peor de esta frase es que encierra una verdad tan grande como lo es la dificultad de llevarla a cabo.

Pero el verano está para echar la casa por la ventana, para hacer cosas que en otra época del año ni pensaríamos, para permitirse quedarse un ratito más en la cama, o acostarse un poco más tarde de lo normal, para romper con la rutina y quizás probar cosas nuevas, así que siguiendo esa tendencia, voy a hacer algo que me encanta, te voy a preguntar: ¿Qué podrías hacer si tu actitud fuese realmente la adecuada ? Venga, sin excusas. ¿Hasta dónde crees que podrías llegar? ¿Qué puntuación te darías en cuanto a esfuerzo para modificar tu actitud si la que tienes ahora no te está permitiendo ser/hacer/tener lo que quieres ?

Todos sabemos lo que es la actitud, somos capaces de identificar rápidamente en otros la suya. Nos encanta observar si la actitud de fulanito es la que debería ser o no. Pedimos a gritos la actitud adecuada ante un funcionario que nos atiende tras una ventanilla , ante un camarero que nos sirve, ante un empleado que nos exaspera.  Pero ¿y la tuya, cuantas veces la analizas, la cuestionas, la revisas?

Entendemos por actitud  la forma en que una persona se enfrenta a las tareas que acomete.  Digamos que la actitud es un sentimiento interno que se expresa a través de la conducta externa. No hay una sola parte de tu vida que no esté afectada por tu actitud. Tu actitud ante las dificultades, ante las relaciones, ante tus logros, ante tus fracasos, tu actitud ante tus habilidades y ante tus limitaciones.

Sabemos que el ambiente que nos ha rodeado a lo largo de nuestra vida ha condicionado nuestra actitud. La teoría del  determinismo genético, aquella que sostenía  que los genes determinan nuestras conductas parece que ha sido rechazado de plano por biólogos y estudiosos del comportamiento humano.  Nuestros genes tienen peso, por supuesto pero no todo se puede achacar a la herencia genética.  Hoy sabemos que aspectos como nuestras experiencias, nuestro entorno y sobre todo las historias que nos contamos, heredadas de las historias que nos contaron, marcarán nuestra actitud.

Nada es determinante, siempre podrás tener la opción de influir en cualquier situación por difícil que sea. Puedes decidir qué pasa dentro de ti. ¿Cómo suena, cómo te suena?

Eso de yo he nacido así así y así moriré es una frase tacaña, hueca. Sería algo así como escuchar a Sabina tarareando sus melodías, dejándonos con las ganas de escuchar su letra. Es como perderse la mejor parte. Es quedarse con las ganas, la promesa de algo que no llega y que sería mucho mejor.

Porque tú no eres así, estás siendo así ¿ves la diferencia? Cuando yo digo “yo soy así y nada puedo hacer” estoy delimitando mis posibilidades. Y además estoy obligando a que los otros me tomen o me dejen, sin permitirme ni permitirles la opción de modificar algo de lo que además no estoy precisamente orgulloso. Porque esa frase y lo sabes,  es la venganza ante el cuestionamiento, es la pataleta fácil, es la justificación ante un comportamiento que no gusta ni te gusta de ti. Así que querida Alaska, mi adorada Olvido, con todos mis respetos y pese a la de veces que he ya no cantado, sino gritado, tu canción “Yo soy así y así seguiré” me he hecho un poco mayor para tu himno. He sumado años, o quizás más bien, he restado disculpas, me hecho un poco más consciente.

Leer:  Sé legítimamente egoísta, regala generosidad.

Cuando yo digo “yo estoy siendo así ahora, o las cosas están siendo así ahora” me estoy dando la oportunidad de cambiar. Por tanto yo puedo cambiar mi actitud.

Mari Alonso Puig dice“tenemos que inspirar, tenemos que hacernos soñar con posibilidades y hacernos entender que tenemos capacidad para alcanzarlas”

De qué se alimenta tu actitud

  • El ambiente que te rodea. Si te has criado en un ambiente intelectual tu predisposición hacia la cultura y el conocimiento será sin duda mucho mayor que si no ha sido así. Pero si tu actitud es la de una persona que quiere crecer, que se preocupa por alimentar mente y espíritu, encontrarás la manera de hacerlo. Tu actitud marcará la diferencia y tu destino podrá tener el rumbo que tu decidas incluso contra todo pronóstico.
  • Expresión de los demás. Los mensajes recibidos a lo largo de nuestra vida sin duda intervienen en nuestra actitud ante el mundo. Tanto los que nos han ensalzado como los que nos han menoscabado. Tu actitud ante ti mismo puede verse tremendamente alterada por un mensaje negativo recibido en tu infancia. Trata de recordar de quien vino ese mensaje ,  cómo era la persona que lo emitió, sus circunstancias, sus valores, en qué momento de tu vida y en qué contexto fue hecho. Eso te permitirá no darlo por sentado ni aplicarlo a todo y para todo.
  • El autoconcepto. Es importante que revises las etiquetas que te pones. Es importante que cuestiones todo aquello que te hace sentir menos válido de lo que eres. Piensa que cada etiqueta es un límite que no te vas a permitir cruzar. Si no cambias los sentimientos internos que tienen que ver contigo, no podrás cambiar tus acciones externas para con los demás.
  • Oportunidades de crecimiento. No todos hemos tenido las mismas oportunidades, eso es innegable. No todos hemos crecido en el ambiente que hubiésemos querido. Pero la decisión de crecer o no y la responsabilidad de hacerlo una vez has descubierto que se te ha negado esa posibilidad es sólo tuya. No mires alrededor, está en ti y nada más.
  • Las elecciones que haces. Tus elecciones dirán mucho de tu actitud, aunque tu actitud tendrá mucho que ver con tus elecciones. Revisa las elecciones que has hecho en los últimos meses. Piensa en ellas, analízalas. Qué criterio has seguido para hacerlo, si has tenido o no en cuenta tus valores, qué hubieses elegido de haber mostrado otra actitud. ¿Cuál sería el resultado de haber tenido una actitud distinta?

Tu actitud marcará la diferencia en tus relaciones con los demás y en tu relación contigo mismo,  tu actitud marcará la diferencia en cómo afrontas los desafíos.

No siempre se puede elegir lo que sucede, pero sí se puede elegir lo que sucede dentro de cada uno.

Descubrir que puedes tener  la actitud adecuada, la que sabes que en el fondo necesitas para ser quien mereces ser es algo así como pasar de mirar a través de un ojo de buey a poder disfrutar de las vistas que te ofrece un ventanal ante el que se abre todo un océano. No te lo niegues, tu vida puede cambiar. ¿Te atreves?

Gracias por seguir ahí.

Share This