Ningún conocimiento humano puede ir más allá de su experiencia

John Locke

Que nadie te diga que no puedes pensar en términos filosóficos porque no eres filósofa.
Que nadie te diga que no puedes pensar en términos psicológicos porque no eres psicólogo.
Que nadie te diga que no puedes analizar el lenguaje empleado por ti y por otros porque no eres lingüista.
El ser humano fue capaz de hacerse preguntas sobre su propia existencia y por eso nació la filosofía.
El ser humano fue capaz de estructurar su lenguaje para poder comunicarse de manera instintiva y por eso nació la lingüística.
Fue capaz de observar sus procesos mentales y su interacción con los demás y por eso nació la psicología.
El conocimiento es la base de la evolución aunque es importante no olvidar que es el hombre el que inspira al hombre para hacer girar el mundo. Que es el hombre el que crea el conocimiento y no el conocimiento al hombre…
Y parece que algunas personas han basado su identidad en lo que saben cuando en realidad saben porque son. Que el conocimiento existe porque hay una persona que conoce.
Y ahora si empezabas a pensar que me estaba poniendo demasiado trascendental, te diré que sí, que yo también tengo esa impresión. Así que a partir de aquí, estoy va a cambiar. Hoy no me apetece nada ponerme trascendental, no sé si será por la primavera o porque se acerca la semana santa pero mi cuerpo me pide estímulos no tan intelectuales, no sé si me explico…
Hoy voy a recurrir al sentido del humor, incluso me voy a atrever hasta con la ironía.

No sé tú pero yo tengo la sensación de que algunos trabajadores del conocimiento parecen haberse tomado demasiado en serio, eso, lo del conocimiento. Serio es, desde luego. Mucho. Que nadie vaya a pensar que no lo es para mi. O que lo piense, está en su derecho y lo acepto. Que para eso tengo este espacio, para opinar, compartir y exponer lo que pienso y siento.

Quizás tú has observado también este fenómeno. El surgimiento de una nueva especie animal (leer animal no literalmente sino como recurso literario) con cierta cuota de presencia en redes sociales a la que bien se le podría denominar salvadores del conocimiento. Vienen a ser algo así como los cruzados de la sabiduría. Los mártires del rigor. El club de las mentes preclaras. La voz de los supertacañones…

Me refiero a esas personas que cuando opinan sobre lo que otros escriben (suelen ser más observadores que creadores de contenidos) o comparten artículos que han rescatado en la red lo hacen con una entradilla del tipo “por fin la comunidad científica arrojando un poco de realidad ante tanto sinsentido” o ” finalmente alguien que sabe de qué habla”. Y claro, te pones a leer y descubres que en muchos casos ese “saber de que habla” es más un “alguien que coincide con mi visión de las cosas”.

No es de extrañar, normalmente leemos lo que queremos leer, nos redamos de las personas que opinan parecido y preferimos un entorno halagador a una crítico. El problema es acomodarse ahí. El problema es dormirse en los laureles del aplauso fácil. El problema está cuando comienzas a llamar mediocre a cualquiera no ya que no coincida contigo, sino que pueda no coincidir con el tipo de pensamiento que abunda en tu entorno habitual. El drama viene cuando sin darte a penas cuenta comienzas a medir a los demás por lo que saben teniendo que ser curiosamente, ese grado de conocimiento igualito al tuyo ¿Cómo se mide el conocimiento?

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Y fíjate por donde, eso es justo lo contrario a tener una mente crítica favorecedora del aprendizaje y por tanto del conocimiento. El que se experiencia y se vive, el que se pone en práctica, el que genera más búsqueda, el que facilita llegar a otros cuestionamientos superiores aún pisoteando lo que pensabas inamovible.

Les conocerás porque utilizan con frecuencia palabras como rigor, experto, conocimiento, verdad, osado o ignorante. Y claro, a una le apetece preguntar; ¿Mediocre, comparado con quien? ¿Osado por pensar? o más bien osado por no pensar como tú..

En ocasiones, usan sentencias y argumentos como si fueran propios sin pararse a pensar que los demás también leen y que hoy todos tenemos acceso a la información y al conocimiento a golpe de click, o a base de patearse unas cuantas librerías, igualito que ellos. Y que antes se pilla a un recolector de información que a un generador y creador de la misma. Que google es el pan nuestro de cada día en este siglo que ya empieza a entrar en la pubertad.

Si seguimos con el sentido del humor, por favor, permíteme un poquito esta vez, en sus perfiles puedes encontrar frases como estas: ¿Quien dijo que la felicidad se puede medir? Este artículo demuestra que no” o ” La comprobación empírica de que el chocolate no sube el ánimo de nadie”.

Y una, que desde hace tiempo se premia con una onza de chocolate, experimentando ante ese hecho una sensación de placer y excitación previa como si fuese una niña pequeña, de pronto se pregunta: ¡anda! entonces, lo que yo siento¿qué demonios es? Y hasta se llega a cuestionar si no estará autoengañándose o si su cerebro mediocre estará atrofiado o será distinto.

Porque claro, alguien ha demostrado CIENTIFICAMENTE y por tanto con conocimiento de causa, que eso es así. Alguien que sabe de que habla pero que no ha estado nunca en tu cuerpo te dice que lo tuyo no puede ser. Que no bonita, que tú te aguantas pero el cambio de ánimo no es por el chocolate. Y si te descuidas, acabas por creértelo, en nombre del conocimiento dudas hasta de tu propia experiencia.

Hay mentes que parecen necesitar un prospecto para todo. Expectantes por pillar en la falta a alguien que en un momento dado decidió que bailar le hacía experimentar absoluta felicidad o que salir a ver el mar le sosegaba el alma sin que pueda explicar desde el conocimiento por qué ocurre esto.

Yo quiero el conocimiento en mi entendiendo que no sólo soy mi conocimiento. No voy a olvidar que es el hombre quien inspira al hombre. Que es el hombre quien hace al conocimiento y no el conocimiento al hombre. La próxima vez que esté tentada a utilizar la palabra mediocre, recordaré qué me hizo escribir este post.

Gracias por seguir ahí.

 

 

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