Las puertas que abrimos y cerramos cada día deciden las vidas que vivimos

Flora Whittemore

Hace unos días, escuché este dialogo en la tele.

-¿Tú que tomas para ser feliz?

Decisiones

Ahora mismo no sabría decirte si fue en una película, un anuncio de la tele o un documental porque hace ya mucho tiempo que los momentos que paso frente al televisor son ratos en los que decido trasladar mi cuerpo frente al sofá para estar con mi familia, más que para ver algo en concreto. Salvo que se trate de una buena película. De hecho casi siempre estoy leyendo o navegando por internet, haciendo chantaje emocional a quien tenga más a mano para que me haga un masaje en los pies  o enredando con mi Smartphone.

Recuerdo que en ese momento no presté mucha atención pero lo cierto es que la frase se quedó dando vueltas por mis neuronas durante varios días.

Siempre me ha gustado la gente capaz de remangarse y tomar decisiones, de asumir la responsabilidad que eso conlleva. En términos de liderazgo, por ejemplo, y más concretamente liderazgo político siempre me han atraído los líderes valientes que independientemente del resultado y haciendo gala de un control apabullante sobre sus capacidades, toman decisiones arriesgadas.

Pero llegó el inesperado Brexit, la consulta que ha conseguido mover los cimientos de la ajada Europa. Una propuesta legítima que más allá de haber dejado claro el poco cariño que tienen algunos británicos (en términos democráticos, la mayoría mal que nos pese) a este chiringuito llamado Comunidad Económica Europea ha traído consigo un huracán de problemas internos que hacen que el hecho de abandonar o no la EU se quede en anécdota. Y por algún motivo que aún hoy no he conseguido desentrañar, mi percepción en relación a la toma de decisiones como casi seguro la de muchos ha cambiado.

Y entonces comencé a darle vueltas y a imaginar qué estaría pasando por la cabeza de Cameron cuando decidió en lo que sin duda para él era un escenario ganador, hacer la consulta y qué estará pensando ahora. ¿Qué clase de cálculos habrá hecho¿ ¿Basados en qué? ¿Cuales fueron esos procesos mentales entonces, y cuales serán los que ocuparán sus pensamientos ahora? ¿Ha sido víctima de las mismas trampas mentales que solemos ponernos el resto de los mortales?

Así que me puse a buscar en el gran templo de la sabiduría del siglo XXI información sobre el proceso mental que las personas seguimos para tomar decisiones. Y por eso de que el profesor llega cuando el alumno está preparado, descubro que no solo hay estudios científicos sobre cómo trabaja nuestra mente a la hora de construir el proceso de toma de decisiones sino que existe una fórmula y que además es universal.

Leer:  Yo no soy CEO

Expected value = (Odds of gain) x (Value of gain)

Expectativas = (probabilidad) x (valor de la ganancia)

Es decir, lo positivo que esperamos obtener es el producto de dos cosas; la probabilidad de que esta opción nos permita ganar algo y el valor que esta ganancia tenga para nosotros.

Según esta fórmula de Daniel Bernoulli, matemático del siglo XVIII siempre que podamos estimar y multiplicar estos conceptos, sabremos con exactitud como debemos comportarnos.

¿Pero qué es lo que pasa cuando esta fórmula se aplica a la vida? Un profesor de matemáticas que tuve en el instituto decía que el universo es puro orden matemático y que los números están constantemente presentes en nuestra vida. No sé, quizás para alguien con la mente menos matemática imaginable, como una servidora, ese concepto suene un tanto macabro.

Emociones, números, sensaciones, probabilidades matemáticas, recuerdos y procesos automáticos de pensamiento, todo mezclado en una especie de ¿caos controlado? Pues parece ser que sí. Que incluso cuando decidimos donde pasar nuestras vacaciones o qué vino elegir para una cena romántica, nuestro cerebro está siguiendo un proceso mental basado en datos, comparaciones y probabilidades. ¿Para ti también se ha perdido la magia?

Parece ser que las personas cometemos dos errores fundamentales haciendo que las variables de la ecuación cambien modificando por tanto el resultado. La primera, calculamos mal la variable de probabilidad y también cometemos errores en calcular el valor de la ganancia.

Y esto ocurre porque nuestros cerebros nos pone trampas constantemente que hace que subestimemos de manera casi inconsciente, unas opciones frente a otras.

Pero ¿qué hay de los errores que cometemos en cuanto a calcular el valor que conseguir eso por lo que estamos decidiendo tiene para nosotros?. Cometemos errores porque estamos constantemente comparando con las experiencias que hemos tenido en el pasado, obviando el actual contexto y estado de cosas. Desechando opciones casi sin darnos cuenta. Obedeciendo como si una mano invisible nos dirigiese.

Pero mucho mejor que yo, te lo cuenta Dan Gilbert en este video de TED Talk.  Espero que lo disfrutes.

 

Yo no sé que ha podido pasar en la mente de David Cameron, solo espero que no nos cueste demasiado. Es seguro que para él el valor de la ganancia quizás no estuvo bien calculado. Aunque quien sabe, quizás dentro de unos años le veamos un un TED Talk hablando sobre “Cómo sobrevivir al Brexit y seguir dando conferencias”. Al fin y al cabo, como dijo Willy Wilder en Con faldas y a lo loco;¡ No body is perfect!

Gracias por seguir ahí.

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