¿Cuántas veces lo has hecho?

Cuantas veces te has dicho, no volveré a engañarme, no volveré a contestar bien cuando me pregunten qué tal estoy y no esté bien. No volveré a tirar por la calle del medio, aunque no sepa que contestar, aunque me apetezca ponerme a llorar o a gritar, no volveré a decir bien mientras esto que siento, que tengo, que estoy viviendo me esté devorando como si fuese una enfermedad silenciosa y demoledora.

No volveré a pervertir el significado de esa palabra por más que sea haya convertido en el paradigma de la inconsistencia, yo ya no lo volveré a hacer.

Tampoco volveré a decir bien, te dices, cuando sienta, cuando sepa, con seguridad, que en realidad todo podría ir mucho mejor, que estoy dejando pasar los días con la inconsciencia del que cree que va a vivir eternamente.

No diré más que todo está bien, piensas, cuando me de cuenta de que en realidad me estoy resignando, me estoy dejando llevar como un bacalao acomodado yo que nací salmón, para nadar contra corriente y morir en el mismo punto en el que nací después de recorrer un largo y arduo camino. Yo, con todo lo que tenía planeado, te dices.

Ese estado suele durar unos minutos, cuando ya has apagado la luz y estás a punto de quedarte dormido, o cuando decides pasear por un parque o a la orilla del mar,

También pueden venir cuando tu cuerpo decide por ti y reclama la atención que le niegas. Y entonces, lleno de furia por no ser capaz de controlarte corres a la sala de café de la oficina para que nadie pueda advertir esa lágrima, esos ojos que gritan desde su cárcel de cristal, que miran y no ven, ojos de replicante.

Y cuando esos minutos ya han pasado vuelves a recitar la nana que te tranquiliza, esa que empieza a enumerar todo lo que tienes, lo que has conseguido. Funciona. Durante unas horas, unos días, dicen, los más afortunados que esa sensación de calma traidora antes de la tormenta incluso puede durar semanas. Hasta que aparece la brecha, de nuevo, como una herida profunda y dolorosa.

La brecha entre lo que tienes y lo que eres, entre lo que das y lo que recibes, lo que mereces y lo que asumes. Y entonces un buen día descubres que quizás mientras sigas buscando salidas y cosas para tener una vida plena, seguirás sintiéndote temporalmente satisfecho y permanentemente hambriento.

Así que decides cambiar de estrategia y piensas que quizás debajo de esa lista de cosas a conseguir que te permitan tener, de personas a las que conquistar que te permitan ser y de proyectos a acometer que te permitan hacer podría haber algo más valioso, como una vida cargada de propósito y significado.

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Cuando decides que esa podría ser la solución, cuando decides abrazar esa idea seguramente decidirás buscar ayuda, porque no es nada sencillo. Algunos recurren a la meditación, buscando la quietud del fondo del mar tan alejada del oleaje y del ruido de la superficie.

Dice Sri Chimnoy que “La meditación es silencio energizador y colmador. El silencio es la elocuente expresión de lo inexpresable

Otros buscan la ayuda de un coach que les acompañe en esta búsqueda de sentido y propósito. Cuando un coach se encuentra con este tipo de clientes, sabe que tiene un gran reto por delante. Es más sencillo trabajar con un objetivo específico como puede ser la mejora  de habilidades sociales o el desarrollo de carrera profesional que trabajar con la búsqueda de propósito. Y realmente son muy pocos los clientes que están de verdad decididos a asumir el compromiso que esa decisión conlleva.

También sé que el coach que tenga que enfrentarse a esta situación habrá tenido que bajar muy profundo en su propia búsqueda o se quedará sin aire a mitad de camino. Ningún instructor de buceo se ha conformado con mecerse al ritmo de las olas.

Si de verdad quieres encontrar la búsqueda de sentido y significado de tu propia vida es importante que entiendas que sentirse bien no es suficiente si es ese bien que tu y yo sabemos.

Que incluso la vida puede ser plena en medio de una lucha, cuando no tienes nada o tienes muy poco. Cuando hay desafío y dificultad pero hay pasión y compromiso puede haber plenitud.

Dicen los autores de Coaching Co-Activo que la paradoja de la plenitud está en que es posible tener al mismo tiempo una sensación de paz interior y estar viviendo una lucha exterior.

Porque lo que realmente da sentido a todo es sentir que estás vivo.

Y todo eso se puede experimentar a través de infinidad de hechos, de sentir que estás contribuyendo, dando y recibiendo, eligiendo tu las cartas y hasta el color del tapete, expresando tu creatividad, dejando aflorar tu ser más profundo, o caminando por la senda que te haga palpitar a cada paso, independientemente de adonde te lleve.

Vivir de acuerdo a lo que eres, es el premio. La tormenta es un trámite necesario si consigue hacer que te encuentres,incluso viviendo en la tormenta, (como él)  podrías encontrar la plenitud.

 

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