Nos envejece más la cobardía que el tiempo

los años solo arrugan la piel

pero el miedo arruga el alma.

Facundo Cabral

 

De un tiempo a esta parte algo está ocurriendo, dentro, muy dentro. Algo que pesa como el acero y arde como la lava. ¿Te sucede a ti también? Siento que este cuerpo que habito quiere volver a mudar de piel aún sin saber del todo qué vestido ponerse. Realmente es como un dejá vu, es la enésima vez que esto sucede. Me doy cuenta de que en toda mi vida ya me he puesto y quitado la bata más veces que una drag queen en los carnavales de Tenerife. No importa, hay tiempo y hay más batas y hay piel y un cuerpo que vestir.

O quizás ya no, puede que mi cuerpo, sin yo saberlo, se esté planteando salir a la calle por fin desnudo. Tal vez sea eso. ¿Has pensado alguna vez cómo sería salir a la calle tal y como eres, no tal y como los demás esperan verte? Aún recuerdo la sensación de libertad la primera vez que nadé desnuda en el mar. ¿Será algo parecido?

Caminar por entre los coches, las casas y los parques, pasar acariciando a los árboles y las barandillas, buscando otros ojos, ladrando a los perros, volando con los pájaros, sacando la lengua a los niños. Ajena a todos los que ya no vuelan, ni acarician árboles ni ladran a los perros ni sacan la lengua a los niños. Consciente de mí misma, sin artificio, sin definiciones, sin etiquetas. Sintiendo el frío y la humedad y la caricia del sol. Gritando de puro éxtasis ante semejante acto revolucionario.

De un tiempo a esta parte, tengo la sensación de que mis días no son días, son meses y mis pasos, zancadas. ¿Te ocurre a tí lo mismo? De que yo le he sacado una gran ventaja a mi cuerpo. De que camino muy por delante de mí misma, a una velocidad que ni tan siquiera yo, loca de caminar acelerado, consigo seguir. ¿Lo entiendes? Sé que sí ¿Verdad que a hay días en los que eres un Peter Pan sin sombra y otros una especie de Bill Murray en el día de la marmota? Y cuando eso ocurre, cuando tu sombre pesa demasiado, abres los ojos por la mañana y booomm, la realidad en forma de sintonía de despertador.

Quizás tu ritual y el mío se parezcan; poco a poco abres los ojos, esas dos cámaras de alta precisión que te conectan con el mundo. Y te tocas las costillas y la cadera, los pies, la clavícula, los brazos. Todo sigue igual, el cuerpo tiene memoria. ¡El cuerpo tiene memoria! ¿Sabías esto? Mucha más que tu, muy superior a la tuya y hará todo lo posible para aniquilar tu alma de exploradora, tu cuerpo es la sombra que Wendy te ha cosido a los zapatos. Tu cuerpo te persigue aunque tu hayas decidido entrar en otra dimensión. Tu cuerpo reclama lo que ya reconoce y te quiere así, como estás, para ahorrarse el trabajo de tener que volverte a construirte.

No me cambies mis miedos, te dice, ya los conozco ¿ves, notas esa sensación en el pecho? Déjate de emociones fuertes, no más cambios, por favor, ¿no has tenido suficientes? No más locuras, recuerda lo que pasó en tu estómago la última vez que te pusiste a soñar tan alto, tan inmenso. Aún estoy tratando de desanudar tu intestinos. Tampoco te vuelvas a enamorar eso jamás ¿me oyes? me vuelves loco cuando eso sucede, te vuelves fuego y sal y azúcar, te vuelves niña y fiera. Te desatas, te desarmas te haces gigante, inmensa y yo no puedo alcanzarte, simplemente no puedo. Quédate así, quieta, justo así, como ahora.

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Con tus caderas y tu pelvis en posición de descanso, con tus brazos sobre el colchón, la mirada fija. Deja que los pies sigan el camino que conocen, te dice, deja que tus manos hagan, coloquen y dispongan sin que te tengas que preocupar por nada, ellas ya saben, ¿recuerdas? Nada nuevo por favor, hagamos un trato, dejémoslo así, te dice. No me des más disgustos, déjame ser, por favor, déjame ser lo que ya conozco.

Pero es inútil porque tú ya no estás. Te has salido de madre, muy por encima de tus posibilidades, esas tres o cuatro opciones que un día te contaron que tenías. Así que ya no, tú ya no hablas ni comprendes ese lenguaje, te comunicas sin tener en cuenta el tiempo ni el espacio, viajas con las mareas, te impulsas con los ciclos lunares, vas saltando de galaxia en galaxia a la velocidad de la luz. Eres ráfaga, te has multiplicado hasta el infinito y más allá y tu cuerpo no te alcanza. De hecho, no es fácil alcanzarte y lo sabes y ha dejado de importarte…Lo siento, le dices. Me tengo que ir.

Y por fin te vas. Te vas dejando escamas, hilos, lentejuelas, dejando sangre, pétalos, piedras. Te vas dejando olor a mar y a azufre, a tierra limpia a cenizas. Te vas dejando letras y música, suspiros, gemidos, temblores y risas. Te vas erguida, te vas desnuda, te vas sola, te vas contigo. A ese lugar que crees que no conoces pero que lleva esperándote océanos de tiempo. Tu cuerpo como la sombra de Peter Pan, te mira desde la cama, pero tu ya no estás, te fuiste por fin, una vez más.

De un tiempo a esta parte he descubierto que es un alivio dejar de definirse. Que es un regalo descubrir que has venido aquí a desbordarte. De un tiempo a esta parte he decidido nadar desnuda, dejar de disfrazarme con ideas que no son las mías, que nunca lo fueron. De un tiempo a esta parte he aprendido que solo quien hace aprende, que solo quien ama vive, que solo quien vuela trasciende. De un tiempo a esta parte mi cuerpo se revela pero yo, he decidido domarlo para caminar sin sombra, como Peter Pan.

Gracias por seguir ahí.

 

 

 

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