La gente herida es peligrosa. Sabe que puede sobrevivir

Herida. Louis Malle

Huir de ti jamás te llevará a ningún lugar en el que merezca la pena estar.

Hace unos días tuve la oportunidad de acudir como espectadora a un debate en Facebook sobre la importancia de la gestión emocional para prevenir algunas enfermedades. Digo espectadora, porque aquel día no tenía el tiempo necesario como para aportar mi visión con calma y análisis. Pasados unos cuantos días, sí lo hice. De la gestión emocional se pasó al desarrollo personal y de ahí al coaching y a los vendedores de crecepelo ¿os suena?

Pero volvamos al orden cronológico, yo misma leyendo antes de comentar. De todo se dijo allí, desde la aportación de la persona que abrió el debate muy a favor de la teoría del autoconocimiento como base para una buena gestión emocional preventiva de algunas enfermedades, hasta los comentarios de alguien que intervino utilizando palabras como telepredicadores, vendedores de crecepelo y charlatanes.

Lo primero que pensé fue; qué poco originales, siempre emplean los mismos términos para desacreditar. Lo segundo que hice no fue pensar ni perderme en mi diálogo interior. Fue leer, esta vez desde el análisis más desapasionado del que pude hacer gala, leí todo cuanto aquella persona decía en relación a la falacia de algunas teorías que sustentan la base del desarrollo personal. Quería tratar de entender qué experiencias había podido vivir esta persona para opinar lo que opinaba. Traté de entender su mapa, que para eso conozco herramientas como la Programación Neurolingüistica.

Y lo que pude observar y la conclusión que saqué fue esta, era escéptico y parecía enfadado. Luego, supe que estaba enfadado consigo mismo y con algunas personas de su entorno, pero fundamentalmente consigo mismo.

De sus palabras se desprendía la interpretación de que esas personas, supuestos telepredicadores, parecían prometer cambiarle la vida cuando él sostiene que nada ni nadie puede cambiar lo que uno es. Primera parte de la frase, correcta, ningún telepredicador ni ningún terapeuta, ni ningún coach, el más experimentado y exitoso te va a cambiar la vida. Si acaso será un apoyo o compañía en el momento que tú decidas hacerlo.

Segunda parte de la frase, incorrecta. Se puede mejorar lo que uno es, por tanto se puede cambiar. Se puede aceptar lo que uno es, por tanto modificar lo que no te gusta. Pero sobre todo, se debe conocer lo que uno es y lo cierto es que no nos conocemos. Lo repito, no nos conocemos.

La mayoría de las personas no se conocen, no saben lo que les mueve, en muchos casos ni siquiera saben para qué persiguen lo que persiguen. Muchas personas viven en un constante estado de alerta porque creen que cualquier revés acabará con ellas. Se sienten incapaces de salir adelante ante cualquier desafío. Lo compruebo constantemente. No toman decisiones que querrían tomar, sin saber que ya están decidiendo. No comienzan relaciones que querrían establecer ni rompen otras que agonizan desde hace años. Seres mutantes de sí mismos.

Y entonces aparecen las disculpas, no tengo tiempo, mis hijos me demandan mucha atención, mi trabajo ocupa todo el espacio, no es el momento, estoy pasando un mal momento, en realidad no puedo seguir así, se echan a llorar, se desmoronan. Esto está pasando, constantemente. La expresión tocar fondo se queda corta. La expresión tocar fondo sugiere, impulso posterior. Muchas personas han perdido incluso ese instinto, sus rodillas ya no responden, sus  huesos son de gelatina, han hecho del fondo su hogar. Ya no tienen piel sino escamas, ya no pueden sentir el placer del aire llenando los pulmones, respiran por unas grietas que desgarran su carne como metáfora de sus propias cicatrices.

Y todo esto sucede porque no se conocen. Y aceptan mutar a criatura de las profundidades marinas sin ni tan siquiera cuestionarse. Es lo que toca, cambio piel por escamas, me adapto sin rechistar, dejo de respirar oxígeno. No se conocen y por tanto no saben que dentro de ellos hay todo un universo de posibilidades esperando ver la luz. No saben de que van a ser capaces. Y entonces cuando alguien les dice, tú puedes, necesitan un acto de fe porque no cree en nada.

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Y lo cierto, y aquí me dirijo a ti querido amigo, ese nada se traduce en que en realidad no crees en ti. Sé que odiarás leer esto. Lo sé, yo me odié cuando lo descubrí hace años. Así que no me extraña que te enfade escuchar a otros que si han creído, que sí han buscado, que sí se han tomado la molestia, el esfuerzo, el compromiso de hacerlo. No me extraña que estés muy enfadado contigo. No te quedes ahí, no por mucho tiempo.

En este orden de cosas, en este estado mental de negación a tí mismo, es normal que vayas a una conferencia o leas un libro sobre crecimiento o escuches un testimonio de una persona que te habla de lo que supone cuidarse a uno mismo, aceptarse y conocerse para construir su verdadero yo y te enfades y te parezca una tomadura de pelo. Porque tú no sabrás ni por donde andas ya que nadie puede querer lo que no conoce.

Y en vez de preguntarte, por donde empezar, qué podrías hacer para conocerte un poco más, eliges creer que es mejor no creer. Y desde luego que funciona ¿ves? otro día negándote, otro día igual al anterior. No, ninguna charla de nadie te va a cambiar la vida porque lo cierto es que sólo tu puedes hacerlo. Hay personas que podrían, que querrán ayudarte. Pero la decisión es tuya.

La mejor manera de conocerte a ti mismo es explorar, experimentar, exponerte a la vida. Nadie que ha vivido en una cueva puede saber qué se siente cuando la brisa del mar te revuelve el pelo. No será fácil, no será rápido. Desconfía de quien te diga lo contrario. Pero será.

Tienes que conocer qué haces bien, qué no haces bien, donde aportas, donde brillas, donde no encajas, quienes te impulsan, quienes te alimentan, quienes te inspiran y también quienes te lastran. La mejor manera de conocerte a ti mismo es abriendo tu corazón y siendo honesto contigo, aceptando tu grandeza y dejando de alimentar a la parte de ti que solo te habla de tu pequeñez e incapacidad.

Revisa tu vocabulario, tus palabras te construyen. Revisa tus relaciones, tus hábitos. Esos que se apoderan de tus horas y no sabes cómo parar. Abre tu mente, tienes la llave, no se la des a otros. Aprende a pensar por ti, lee noticias en medios donde jamás leerías, ten una visión crítica de tus juicios. Vete a conferencias sobre temas que nunca escuchas, busca la risa pero no huyas de la tristeza, es una gran maestra. Aprende una actividad nueva, sorpréndete aprendiendo como si fueras un niño pequeño. Haz cosas con las manos, lee, regálate momentos de soledad. Busca a personas que vibren en tu misma frecuencia. Mira a los ojos a tus seres queridos, cada dia, un ratito, unos segundos.

Busca ser el más loco entre los cuerdos y el más cuerdo entre los locos. Esa frontera maravillosa donde ocurren los prodigios. Ríete de tí. Canta, ¿cuanto tiempo hace que no cantas? Baila. Ama más, con más frecuencia, con más profundidad, entrégate en cada acto de amor, no sólo tu cuerpo, no lo conviertas en una cáscara vacía. Entrega tu alma si estás seguro de que quien la va a recibir sólo querrá hacer con ella, poesía.

No estás solo, ni eres el primero y va a merecer la pena. Quizás saber eso te ayude.

Gracias por seguir ahí.

 

 

 

 

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