Escribo esta entrada desde la habitación de mi hijo pequeño. Mi rincón preferido de la casa cuando llega septiembre. Sentada en su cama y con las ventanas abiertas de par en par aún puedo arañar al verano los últimos rayos de sol.

Hoy nos hemos levantado en casa con ánimo vencedor, el peque se examinaba de matemáticas y ya desde bien temprano las palmaditas en el hombro y las frases alentadoras estuvieron bien presentes. Se enfrentaba a una dura prueba, hacer ejercicios de mates está muy lejos de ser su actividad favorita. Me sigo preguntando ahora, aprovechando que sé fehacientemente que no va a leer esta entrada, lo que me preguntaba yo cada vez que suspendía matemáticas. ¿Para qué voy a necesitar saber despejar una ecuación ? ¿En qué momento de mi vida de adulta diré, espera que con esta integral te soluciono el problema…?

Parafraseando a Andrés López de Rentería en su libro Manual de Psicodrama pedagógico y sus técnicas “La enseñanza que no genera un crecimiento transformador en el individuo, constituye solo un esfuerzo para acumular datos para ser utilizados en alguna ocasión específica de la vida”
Realmente, esa acumulación de datos, a mi no me ha servido para nada. En lo mío, como se suele decir, jamás he visto aplicación útil . Lo siento, apasionados profes de matemáticas. Querido Pablo, ¡con la paciencia que me tuviste! El sistema educativo actual aún no se ha enterado de que los tiempos han cambiado. Me gustaría utilizar una frase más solemne para decir lo que acabo de decir, yo que me pongo tan solemne cuando no es necesario y cuando el tema lo requiere me quedo a medias. Porque creo que habría que ponerse solemne para decir que el hecho de que nuestro sistema educativo, el español, esté constantemente retroalimentándose del pasado tendrá unas consecuencias mucho más graves de lo que pueda a simple vista parecer.
Sir Ken Robinson, quizás la voz más autorizada en materia de investigación en el ámbito educativo, llega a decir literalmente que las escuelas matan la creatividad.

Desde que llegué al coaching y caí rendida a los encantos de esta profesión, no he parado de buscar su aplicación a todo, de ver su utilidad para todo. Pero si hay un ámbito en el que estoy absolutamente convencida de que no sólo podría ser útil si no necesario, porque ya está en paliativos, es en la educación.
Se estima que dentro de 2 años, 1 de cada 4 trabajadores en el mundo será indio, porque dentro de 25 años la nación más poblada de la tierra será India. Sí, ese país que es ya referente en tecnología punta. En china el número de personas que están estudiando inglés, el idioma global se pongan como se pongan, es ya igual al de la población que hoy en día tiene el Reino Unido.
Eso quiere decir, para los que aún sigan poniendo sus esperanzas en la vieja Europa, que Occidente está más muerto que de parranda sobre todo si sigue sin afrontar la nueva situación global. Que viene Asia pisándonos los talones si es que no nos ha comido ya hasta el tomate del calcetín. Y que tenemos que educar a nuestros hijos para un presente (no empleo la palabra futuro a propósito) en el que ya no vale sólo con saber. Ahora hay que saber qué se hace con lo que se sabe.
Ahora hay que demostrarlo , venderlo. Nuestros hijos tendrán que ser adultos eclépticos , innovadores. Tendrán que actualizar conocimientos, seguir estudiando, el aprendizaje ha de ser constante . El mundo actual requiere capacidad para explorar territorios distintos, ser más creativos, tener la capacidad de dar soluciones a problemas aún no creados, relacionarse con personas de otro país, de otra cultura, con otra visión. Se acabó la fiesta para los que entienden el estudio y el trabajo conseguido como una prueba de 100 metros lisos. En el mundo profesional que nos toca vivir la estrella ya no será Usain Bolt. Ahora tenemos que prepararnos para una maratón.
Hay estudios sociológicos que dicen que en menos de 10 años los jóvenes que se incorporen al mercado laboral tendrán a lo largo de su vida profesional, al menos 5 trabajos diferentes, no que vayan a trabajar en 5 empresas distintas haciendo lo mismo, no, eso ya pasó a la historia. Tendrán de media 5 trabajos distintos y es posible que se vean obligados a trabajar en al menos un continente distinto al que conocen.
Esto no me lo he inventado yo, lo dicen voces autorizadas del mundo de la sociología , la educación, pensadores e intelectuales preocupados por el problema que supone seguir educando como se hacía ayer en el mundo de hoy. A modo de resumen os dejo este vídeo maravilloso que resume lo que digo.

Leer:  Si estás pensando en ejercer una de las profesiones más bonitas, ser coach, este artículo es para ti

 

 

Estamos educando a nuestros chavales con el mismo sistema educativo que llevaba a las escuelas a nuestros padres y abuelos pero se nos olvida que la sociedad de hoy nada tiene que ver con la de hace 80 años, ni siquiera con la de hace 15 años . Y que el futuro ya no es futuro, que es el hoy y que nuestros estudiantes tendrán que usar tecnología que aún no se ha inventado para solucionar problemas aún no planteados en puestos de trabajo que hoy ni siquiera existen.
El profesor del siglo 21 tiene que ser una mezcla de mentor, coach y motivador. Tiene que ser capaz de ceder el protagonismo a sus alumnos. Tiene que favorecer que los alumnos sean también consumidores de sus propios contenidos, no sólo de los impuestos. Que tengan recursos para buscar y generar información. Que tengan autonomía para poder generar responsabilidad individual.
Sé que no es fácil, pero es inmensamente gratificante. Algunos ya lo están haciendo, algunos ya están llevando el coaching a sus aulas a veces, enfrentándose a muchos obstáculos. A veces pese a todos. Y está funcionando.
Es todo un reto para los profesores. Yo, que a veces puedo pecar de osada lo veo como una grandísima oportunidad. Serán los nuevos héroes para muchos. Se les devolverá el respeto que se les arrebató en los últimos años. Es probable que tengan que hacerlo solos, que no cuenten con el sistema ni con el entorno, puede que incluso tengan que comportarse como héroes anónimos enfrentándose a los padres que aún no han sido capaces de entender que las cosas han cambiado. Pero nuestros hijos, se lo agradecerán.

 

Gracias por seguir ahí.

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