Si no te comprometes con nada, no puedes exigirle nada a la vida.

Lita Cabellut

Hace unos días, sentada ante una mesa de té de una cafetería de mi barrio, algo que sobresalía de la bandeja en la que acomodaba el maletín de mi portátil llamó mi atención. Era un suplemento semanal que me miraba del revés, pude adivinar un primer plano que llenaba toda la página. Revelaba unos ojos azules de mujer madura y pelo cano. Me agaché a coger la revista y me topé de golpe con la mirada de Helen Mirren, una actriz a la que descubrí ya en la madurez de su vida y su carrera.

Me dispuse a buscar la entrevista en el interior, saltándome anuncios de perfumes y promesas de vacaciones en paraísos tropicales porque no tenía demasiado tiempo. De pronto, en la página 34 otra mujer con una novela impresa en la mirada captó mi atención. Toda vestida de negro, azabache el pelo, negros los ojos. Se acomodaba sentada entre cientos de recipientes de colores en lo que sin duda, era el estudio de una artista. Y Hellen Mirren se desvaneció como por arte de magia. La cinéfila que hay en mi dio paso casi sin darme cuenta a la curiosa que me habita.

El titular decía; Lita Cabellut, la pintora española más cotizada del mundo. La foto era tan potente y la imagen de esa mujer de raza gitana era tan decididamente arrolladora que todo ello bien podría ser temática para uno de sus cuadros, como pude comprobar después.Todo el conjunto, mujer, entorno y titular, actuaban como un imán. Pensé que seguramente el redactor jefe habría felicitado al periodista que firmaba el reportaje. Imaginé una palmada en el hombro y una sonrisa sincera.

La protagonista del reportaje,tenía una historia contra todo pronóstico.Había sobrevivido a su propio naufragio, el de una infancia antinatural.

Lita Cabellut no solo es una artista, sino que se comprometió a serlo, con lo que eso conlleva de fidelidad irrenunciable a uno mismo.

 

Su historia

Mujer de raza gitana, abandonada por su madre prostituta  al poco tiempo de nacer, ni siquiera conoció a su padre. Hasta los 8 años vivió con su abuela. Lita no sabía leer ni escribir, porque aquella mujer, me atrevo a pensar que quizás visualizando para su nieta un futuro en el que esos menesteres no iban a ser demasiado necesarios, decidió no escolarizarla. Su abuela no sabía que las cosas que tienen que ser reveladas, tarde o temprano acaban siéndolo.

A la muerte de la abuela y hasta los trece años, edad en la que fue adoptada por una familia acomodada, vivió en la calle. Hacía recados a las prostitutas del barrio y se alimentaba de lo que le daban y de pequeños hurtos. En especial, sopas de sobre por las que tenía especial predilección.También cuenta que vendía estrellas imaginarias a los turistas, estrellas imaginarias que hacía como que sacaba de una bolsita. Entonces, su mente ya volaba sola. Tal vez esa habilidad para el escapismo le ha permitido hoy desafiar las leyes físicas para penetrar al interior de aquellos a quienes retrata.

En la misma fecha en que este post es publicado, Lita Cabellut es una de las pintoras más valoradas, reconocidas y remuneradas. Artistas, deportistas de élite y jeques árabes cubren las paredes de sus casas con sus lienzos hipnóticos de más de 3 metros.

Desde que leí ese reportaje no he parado de buscar información sobre esta mujer para entender cómo había podido pasar de ser una niña de la calle a una artista con una visión tan generosa y a la vez violenta de la vida, sus retratos como ella misma dice, son como la representación visual de la existencia, una veces áspera y otras terciopelo.

Para mi sorpresa, no encontré mucha información en castellano, incomprensiblemente, Lita es mucho más conocida fuera de nuestras fronteras que dentro. ¿A alguien le sorprende este dato?

A medida que iba leyendo con el mismo anhelo de quien está disfrutando de una película de esas que te recolocan las entrañas, me preguntaba cómo había sido posible que una niña con aquella infancia, se hubiese convertido no ya en artista, si no en una de las mejores artistas de su tiempo. Qué o quien vio algo distinto en ella. Qué o quien despertó su interés por observar el mundo de un modo que otros no hacen. Qué o quien le enseñó la belleza total, le colocó la mirada de quien observa primero lo que pasa dentro para entender cómo es lo de fuera.

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De artistas y ángeles

Y justo más o menos a la mitad de la entrevista apareció ese ángel. La persona que hizo de catalizador. No especifica su nombre, sólo cuenta que fue un jesuita que tenía 80 años cuando ella era tan solo una niña. Su familia de adopción, seguramente para paliar aquella carencia de belleza y afecto humano que se esfumaron por las alcantarillas del Barrio del Rabal, decidió que sería bueno que alguien con el alma limpia pudiese charlar de vez en cuando con su hija. Alimentar aquella tierra yerma por falta de riego.

Cuenta Lita que aquel jesuita le hablaba de ética y de filosofía, de la belleza y del ser humano. Solos los dos, frente a una mesa y una jarra de agua. “Él siempre pensó que lo que me contaba me entraba por una oreja y me salía por otra pero lo cierto es que no he tomado una decisión importante en toda mi vida, sin pensar antes en aquel Jesuita”

Esa última frase me ha hecho pensar en la relevancia que este hombre ha tenido en la vida y obra de Lita Cabellut.

Posiblemente la enseñó a pensar, a tomar sus decisiones basadas en la ética y en los valores y en lo que para ella es vital, ser fiel a si misma. Ese modo de conectar con lo que siente que es, seguramente fue lo que le permitió plantar cara a un galerista para el que trabajaba pintando ángeles por encargo ¡Pintando ángeles! Una mujer a la que de niña nunca nadie le había hablado de ángeles, ni de hadas, ni de nubes.

Ella sólo sabía de la aspereza de la vida. Y esa llamada interior de algo que pugnaba por salir para enfrentarse a lo que no le era propio, hizo que un buen día, dejase un ángel a medio pintar, se despidiese del propietario de la galería y única fuente de ingresos hasta entonces y comenzase a pintar los retratos que hoy vende a medio mundo. Dos años y medio sin ingresos. Pero apostó por ella misma. Y ganó.

Una mesa, una jarra de agua y dos personas hablando de las cosas que de verdad importan y dan sentido a la vida. Rápidamente me vino a la mente una potente, genuina y transformadora sesión de coaching. Pero no solo, no solo desde el coaching se puede despertar a otros. La prueba está en que el mundo está lleno de seres con una sensibilidad especial que han hecho de espejo para que otros puedan volar muy por encima de sus cabezas. Elevarse más allá de los escenarios que su propia historia les tenía preparado. Rompiendo límites, desafiando al destino. Con orgullo, con entusiasmo.

Así que ahí estaba, esa era la respuesta. Hay ángeles que habitan la tierra con el único fin de enseñar a volar a quienes han nacido para mostrarnos una dimensión superior. A veces van disfrazados de padres, otras de maestros o profesores de universidad, de entrenadores, tíos lejanos, amigos mayores o jefes. Quizás has conocido a alguien así. Quizás estés descubriendo que no le has hecho demasiado caso. Tampoco a tu instinto. No es tarde para tocar el cielo cuando un ángel te ha invitado a entrar. Nunca lo es.

Y luego están algunas mujeres. Mujeres pequeñas pero con un talento descomunal como Lita Cabellut, la verdadera protagonista de esta historia. Un alma capaz de plasmar en algo físico y palpable lo metafísico y lo insondable. La inmensidad del ser humano. La espiritualidad, el miedo, el deseo, la burla, la fascinación, la lujuria, la zozobra, el desvarío, el anhelo.

Algunas veces pienso que el mundo es un lugar horrible en el que suceden cosas inexplicables .Otras veces, el consuelo llega en forma de seres mágicos cuya misión y seguramente sin saberlo ni pretenderlo es hacer de este planeta un lugar más habitable. Como por ejemplo un jesuita y una artista que busca expresar la comunicación total.

Para aquellos de vosotros  interesados en ver su obra, aquellos de vosotros dispuestos a navegar en sus lienzos de 3 metros, en Octubre del 2017 expondrá en Coruña. Para el resto, una muestra de lo palpitante de su arte.

Y no, si no te comprometes con nada, no puedes exigirle nada a la vida.

Gracias por seguir ahí.

 

 

 

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