Dime si alguna vez te has hecho alguna de estas preguntas; ¿Qué oportunidades tengo de generar impacto en mi empresa? ¿Hay espacios donde yo pueda crear y generar cambios? ¿Me siento valorado por mis superiores? ¿Es la empresa realmente cómo se me dijo que era cuando aún era un candidato? ¿Qué tipos de personas sobreviven en esta empresa? ¿A quiénes se aparta sistemáticamente?

Si es así déjame adivinar, tienes talento. Aunque nadie ha sido lo suficientemente inteligente o lo suficientemente valiente como para permitirse verlo. Eres una de esos pedazos de carbón que siguieron haciendo su trabajo para llegar a convertirse en diamantes, como dijo Malcolm Forbes. Sólo que tus jefes aún no se han dado cuenta.

¿Qué hacen las empresas para dar la espalda a su talento?

 

Las cosas han cambiado, sí, pero ¿hacia dónde? En el ámbito empresarial me atrevería a decir que en todas direcciones. Los cambios ya no sólo se producen en sentido vertical,es decir de arriba abajo. Ya no son sólo los que están en la planta de arriba los que deciden qué cambia y cómo. Hemos llegado al punto en el que no sólo las empresas despiden a sus empleados, sino los empleados con talento los que dan la patada a su empresa. Cada vez más y cada vez por motivos hasta hace poco impensables.

La semana pasada hablaba de cómo un despido puede convertirse en una de las mejores oportunidades de tu vida. De cómo transformar una decisión que no ha sido tomada por ti en algo que puede impulsar tu futuro como no imaginabas.

Hoy voy a hablar de los motivos por los que cada vez más personas se permiten el lujo de despedir a sus empresas. Personas que se han parado a pensar, quizás yo sea tu empleado ideal pero desde luego tu ya no eres mi empresa.

Las empresas exigen a sus trabajadores compromiso, motivación, implicación, fidelidad. Nos piden sentido de pertenencia y entrega a la marca. Nos piden que queramos más a papá que a cualquier otra cosa pero no saben, bueno si lo saben, pero prefieren hacer que no, que para conseguir ese estado de enamoramiento han de dedicar parte de su tiempo a conquistarnos.
Sí señor, galanteo puro y duro. Nos tienen que dejar notas bajo la almohada de vez en cuando , nos tienen que agarrar de la cintura cuando salgamos a pasear y todo esto permitiendo además que tengamos nuestro propio espacio. Espacio donde crear y donde ser, espacio donde competir con uno mismo y donde poder retirarse para reflexionar y experimentar. Fracasar o triunfar, arriesgar y aprender.
No es fácil, claro que no. El mundo está lleno de parejas que se rompen porque un buen día dejan de encontrar notas debajo de la almohada pero una empresa no debería permitirse el lujo de saltar de cama en cama en busca del talento perdido. Porque el talento es aquello a lo que toda empresa con sentido común y de supervivencia debería aspirar. Y el talento te será fiel si lo sabes cuidar, si lo tratas como se merece, si consigues no apagarlo día a día. El talento, como un amante entregado pero seguro de sí mismo, saldrá huyendo si te empeñas en tratarlo como algo vulgar.

Algunos motivos por los que las personas con talento abandonan sus empresas

 

El talento necesita moverse y experimentar. En las empresas lideradas al estilo tradicional, os sorprendería pensar cuantas de ellas aún siguen este modelo, al talento se le pide que esté sentado y escuche. Que esté quietecito y que no saque los pies del tiesto, porque entre otras cosas, no se le paga para pensar. Creo que todos alguna vez hemos escuchado esta frase, bien dirigida a nosotros o a un compañero. No hay nada peor que esta frase para descalificar a un superior puesto que denota además de una falta de tacto espectacular, una incapacidad absoluta para gestionar el recurso más valioso que tiene una empresa, su capital humano. La persona talentosa necesita libertad de pensamiento y movimiento, necesita fluir, necesita experimentar. Y como diría Forrest Gump, no tengo más que añadir sobre esto.

Leer:  Cómo pasar de voyeur virtual a creador de contenidos en 7 pasos

El talento tiene que ser iniciador. Al empleado con talento no se le puede pedir que sea solamente un receptor de órdenes, no se le puede pedir que siga indicaciones todo el rato y nada más . Hay que dar cabida a sus aportaciones, a sus reflexiones, a sus intuiciones. Hay que permitirle crear, innovar, proponer. Hay que propiciar que sirva de inspiración para el resto. Hay que permitirle brillar. Si un empleado con talento, por el motivo que sea (prefiero no indagar) no ostenta un puesto de responsabilidad , hay que permitirle al menos su parcela de iniciador de ideas. Hay que escuchar sus propuestas y darle el lugar que merecen. Hay que darle utilidad, porque ¿para qué serviría entonces el talento? Y un empleado con talento no soportará sentirse inútil.

Al talento no hay que ponerle límites creativos. Hay que permitirle fluir en su creatividad frente a las indicaciones explicitas y encorsetadas . Está claro que si tienes un empleado con talento, si tienes la suerte de tener entre tus trabajadores a uno de ellos, no puedes limitar sus capacidades creativas. Puede que no se enmarquen en lo estipulado. Puede que más de un compañero se adelante a cuestionarle en una clara muestra de sensación de amenaza. Pero es mejor dejarle ser o se irá a otro sitio donde se lo permitan. Seguramente ya ha experimentado esa sensación de ser el más loco entre los cuerdos. Esa rareza hará que nada le impida abandonar ese entorno sin pensárselo dos veces.

Al talento le gusta hacer preguntas. No necesita los datos, la información, las instrucciones. Necesita saber para qué sirven esos datos , esa información y esas instrucciones. Necesita adelantarse y pensar que quizás las cosas no son lo que parecen, que quizás se podría hacer algo distinto con esas mediciones, con esas estadísticas, con esos historiales. Cuestionará al más pintado si alguien no sabe responder a sus preguntas o pretende ahogar las respuestas que busca con un “esto siempre se ha hecho así y así ha funcionado”. El talento replegará sus velas y buscará un sitio donde quien le de órdenes, al menos, sea más inteligente que él.

Para el talento no hay un modo correcto de hacer las cosas: Al empleado con talento no se le puede exigir una sola manera de hacer las cosas. No se le puede obligar a intervenir en un único marco de actuación porque seguramente habrá intuido maneras distintas de abordar una situación mucho antes incluso de que su jefe le explique por qué las cosas han de ser así. No se le puede pedir sumisión. Porque necesitará desplegar su potencial y no ha nacido para simplemente asumir cuando sabe que puede aportar algo que nadie más que él o ella ha visto.

Si te has visto reflejado en algunos de los aspectos que menciona este artículo piensa si estás en el lugar adecuado. Piensa si tu talento está siendo desperdiciado. Piensa si hace tiempo que nadie te deja notas debajo de tu almohada ni valoran el brillo que desprendes  y si es así, se infiel. En algún lugar alguien agradecerá lo que eres capaz de dar.

¿Alguna vez sentiste que tu talento era menospreciado? ¿Querrías compartir con nosotros esa experiencia?

Gracias por seguir ahí.

Share This