Reinas, banqueras, hadas y estudiantes, mitos, estrellas, robots y japonesas

Tienen ese algo misterioso, que daba miedo a Leonardo y a Amiel

que sólo las minorías entienden, que hizo a Warhol esposo de su casette.

El eterno femenino, La Mode

Hoy tomo el título prestado a una canción de La Mode que escuchaba cuando tenía 14 años. En aquel tiempo yo no me paraba demasiado a reflexionar sobre qué significaba ser mujer, ni tan siquiera pensaba que fuera necesario hacerlo. Femenino y masculino eran conceptos que como mucho me evocaban a David Bowie y su genial desfachatez para atribuirse uno u otro género dependiendo de la semana.

No, por aquellos días no pensaba demasiado en eso. Esa reflexión llegó sólo un poco más tarde, justo cuando comencé a descubrir que esa condición me colocaba en un lugar y no otro. Si eres hombre y estás leyendo esto, me gustaría preguntarte. ¿Alguna vez te has tenido que parar a reflexionar qué significa ser hombre? Si la respuesta es no, te invito a que sigas leyendo hasta el final.

Trataré de no ser demasiado reflexiva. De hecho creo que a veces la excesiva reflexión es infructuosa. Honestamente creo que lo mejor de las personas aparece cuando simplemente dejan salir lo que se manifiesta, y que casi siempre tiene que ver con sensaciones, con conceptos abstractos y desordenados, con partículas caóticas que se van recolando como hojas en otoño, donde pueden, como pueden. La creatividad se inicia en el caos.

Así que en una fecha como esta, en un día dedicado a las mujeres, voy a dejarme llevar, voy a sentir voy a empaparme de todo cuando he podido aprender de las mujeres que me he ido tropezando a lo largo de mi vida. De las que he podido observar desde el conocimiento y la cercanía. De otras que han trascendido el tiempo y el espacio gracias a su talento. De las que he imaginado, de las que me han herido y de las que me han cuidado y querido. Sirva este escrito como homenaje a todas ellas. Porque de todas he aprendido.

La fuerza eres tú. Tú. Justo en ese momento en el que crees que ya no puedes más. Justo en ese instante en el que sientes que la fragilidad está ocupando cada esquina de tu cuerpo y habita cada átomo de ti. Te dijeron que eso era fragilidad. No, se equivocaron. Ahí es donde radica la verdadera fuerza, tu fuerza. No lo olvides jamás.

El amor incondicional eres tú. Sí, tú. Con tu infinita capacidad para comprender y apoyar. Para olvidar agravios, afrentas. Sí. Tu prodigiosa memoria selectiva. Que vuelve a seleccionar siempre a quien falló una vez, porque quizás no supo o no pudo. En esa entrega infinita que nadie en su sano juicio llamaría rendición.

La libertad eres tú. La libertad es un verbo que se conjuga en singular. Por eso no atiendes a consignas, a modas, a lemas que alguien que no te conoce diseñó para definirte. Que atentan contra ti, con lo que eres, con lo que sientes, con lo que esperas y deseas. Libertad lleva nombre de mujer.

El coraje eres tú. Faro que alumbra el universo de quienes te rodean, aún cuando ya no sabes si caminas o te arrastras. El miedo baja la voz cada vez que enderezas la espalda, y alzas la barbilla. La desconfianza huye despavorida cada vez que escucha el paso firme de tus tacones.

La intuición eres tú. Las certezas de otros se rinden ante los murmullos de tu corazón. Siempre atenta. Dibujando sensaciones, acariciando sonidos, hablando con tus instintos. Conectada a lo esencial, flotando donde otros caminan, bailando donde otros tropiezan. Volando en espiral, aún cuando tus alas estén rotas o maltrechas. Siempre elevándote por encima de ti.

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La prudencia eres tú. Porque escuchas mientras los demás hablan, observas mientras otros se precipitan, decides mientras otros dudan. Bajas la voz cuando los demás gritan. Porque conviertes las desilusiones en lecciones. Porque has entendido que dudar te hará más fuerte. Porque sabes que la soberbia convierte en ridícula a la mente más segura de sí misma.

La sabiduría eres tu. Porque sabes que tu piel no te hace especial, es tu alma y no tiene color, ni género ni bandera. Eres sabia porque buscas ese estado de cosas que algunos se niegan a permitir. Un mundo donde los hombres amen y respeten a las mujeres porque han empezado a respetarse a sí mismos y donde las mujeres a amen y respeten a los hombres por lo que son. Eres sabia porque quieres que tu hijo aprenda a amar todo lo que hay en él como has tenido que hacer tu. Nada te ha venido dado, nada.

Quizás ese sea la cuestión. Nosotras hemos tenido la obligación de querernos y respetarnos por lo que somos porque durante mucho tiempo nos han negado. A nosotras, este orden de cosas, este mundo regido por hombres nos ha dado la oportunidad de construirnos, de reivindicar nuestro espacio, lo que somos. Muchas veces me he preguntado si este mundo hostil para la mujer no ha sido caldo de cultivo para que hoy seamos la fuerza indestructible e innegable que somos. El precio a pagar ha sido terrible. Algunas, con la propia vida. Así que no, nada absolutamente nada que se cobre una vida merece la pena. ¿Qué queda por hacer? Todo. Más. Distinto. Igual.

Sigamos siendo, sigamos luchando, sigamos con nuestra fuerza, nuestro coraje, nuestra sabiduría, nuestra intención. Nuestra sensibilidad, nuestra razón y nuestra locura. Hagamos que nuestros hijos se sientan orgullosos de ser hombres que aman y respetan sin temer a las mujeres. Que nuestra hijas se sientan orgullosas de vivir en un mundo más humano, más justo, más diverso. Que no tengan que preguntarse qué significa ser mujer cuando comienzan a descubrir que esa condición las coloca en un lugar diferente. No debería haber lugares diferentes. Y si acaso que cada uno se coloque voluntariamente en el que quiera, hay espacio para todos, hay cabida para todos.

A tí, si eres hombre y has llegado hasta aquí, también eres fuerza y coraje y sabiduría. También hay amor incondicional en ti. Hay osadía para levantar la voz, para dar un paso al frente, para sentirte tan hombre como el que más o tan mujer. Sé que esa parte de ti pugna por salir. No la ahogues. Hay en ti deseos de justicia, de dar cabida a todos, de vencer miedos, de reivindicarte y construirte como hombre que ama y respeta a las mujeres porque ha comenzado a amarse y respetarse a sí mismo. Sin dudas o con ellas. Confiando. Apostando. Tú, entonces, has entendido todo.

Ya ves, después de todo, he acabado reflexionando, soy humana. Tal vez no sirva para nada. No dejaré de intentarlo.

Gracias por seguir ahí.

 

 

 

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