Pocas escenas me han conmovido tanto como esta de La Misión. Imposible decir más con tan poco. Demoledora por el torrente de emociones que consigue desbordar en el espectador, con una intensidad dramática y expresiva inigualable. Para la mayoría de los críticos de cine, esta escena representa el perdón. Estoy de acuerdo, para mí, además, representa la plenitud  que experimenta un hombre cuando consigue recuperar sus valores, cuando consigue por fin,  vivir conforme a lo que es. Cuando consigue recuperar la esencia y la pureza de quien fue.

Cuando un coach trabaja con sus clientes se encuentra con frecuencia ante la situación de que a esas personas les resulta muy difícil identificar sus valores. Lo cierto es que la mayoría de las personas no suelen recapacitar sobre ello. Y suelen no hacerlo por dos motivos;  o bien no quieren enfrentarse al hecho de que hace tiempo que dejaron de vivir conforme a sus valores o porque ni tan siquiera recuerdan cuales son. Imbuidos por la inercia de vivir nos olvidamos del para qué vivimos y sobre todo del cómo estamos viviendo. Quizás algunos de los descubrimientos más valiosos que puedas vivir en un proceso de coaching sea reconocer y reconciliarte con tus valores.

Ser conscientes de cuales son nuestros valores es mucho más importante de lo que podría parecer si pretendemos llevar una vida en plenitud  y autodirigida. ¿Y sabéis por qué? Porque los valores son quienes somos. No quienes nos gustaría ser, no quienes pensamos que deberíamos ser sino quienes somos en nuestra vida, en el momento presente. Y sí, digo el momento presente porque nuestros valores no son estáticos como nada hay estático en la vida ni en la naturaleza y por tanto pueden verse alterados. Al igual que nosotros no somos una foto fija. No estás programado, puedes cambiar de opinión. Tu ya no eres el mismo que fuiste hace 10 años, por tanto puede que tus valores hayan cambiado o que los que tenías hayan modificado su orden de prioridad. Y en ese tránsito te sientas perdido y vivas con gran angustia el no encontrar el camino de vuelta a casa.

Por tanto es muy importante que de vez en cuando , sobre todo cuando sientas que algo no va bien, te pares a pensar cuales son tus valores. A revisar cual está siendo tu brújula,  porque las decisiones importantes de la vida son más fáciles de tomar y resultan más gratificantes  cuando son tomadas conforme a una escala de valores personales bien definidos.

Resultar fácil elegir valores de un listado, en la red puedes encontrar algunos modelos como el Test de Rockeach . Todos los coaches llevamos en nuestra maleta listados de valores para trabajar con nuestros clientes. El Test de valores de Mireia Poch es una guía muy completa.

Mi experiencia me dice que no es la manera más fidedigna de elaborar nuestra propia matriz de valores porque tendemos a racionalizar demasiado a la hora de elegir. Tendemos a abordarlo desde lo lógico, lo racional o la fantasía de lo que socialmente está admitido o debería de ser. Podremos vernos tentados a “comprar” valores que todo el mundo querría tener y que seguramente nosotros también tengamos, pero que quizás no sean los valores que rigen mi vida hoy, en este momento aunque lo hayan hecho en otra situación. Por tanto, es mucho más interesante establecer un listado de valores propios surgido desde la observación de tu propia vida. Porque tus valores son observables, viven contigo en tu mundo, en lo que haces y en cómo lo haces.

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Si quieres, yo puedo darte unas pautas para que te resulte más sencillo reencontrarte con tus valores.

  • Para empezar, podrías identificar  momentos cumbres de tu vida, especiales, esos momentos en los que la vida te pareció tremendamente perfecta y gratificante, incluso conmovedora.  Puede que haya 3, 4, 8. Recréalos  aquí y ahora e identifica uno a uno poniéndolos por escrito.El momento debe de ser concreto, acotado en el tiempo para que tu puedas traer a tu mente esa situación, recrearla y anotar exactamente qué valores estabas honrando en aquel momento.
  • Para eso te ayudará contestar estas preguntas.

¿Quién más había  y qué estaba sucediendo?

¿Qué es lo que  más estuvo presente de ti en aquel momento?

¿Qué habilidades tuyas tuvieron que ser desplegadas?

¿Qué sensaciones había presentes en aquel momento?

¿Cómo podrías explicárselas a un niño de 12 años para que  pudiese entender perfectamente, qué palabras emplearías?

¿Qué significó para ti conseguir vivir aquello?

Pon todo esto por escrito y trata de extraer las palabras que definan aquella vivencia. De esas conclusiones conseguirás extraer algunos de tus valores fundamentales.

Si este ejercicio te resulta complicado o quisieras completarlo de algún modo vamos a recurrir a la situación inversa.

  • Piensa momentos de tu vida en los que te hayas sentido frustrado, enfadado o disgustado.  Esto facilitará traer aquí y ahora un valor que en ese momento tuvo que ser suprimido. Así que trata de definir los sentimientos, emociones y circunstancias vinculadas con esa situación. Y luego trata de buscar su oponente, es decir, si te sentiste atrapado,  ¿podría ser que uno de tus valores en ese momento fuese la libertad y se estuviese vulnerando? Si te sentiste cuestionado o juzgado,¿ puede que la tolerancia fuese un valor que alguien estuviese violando?

Los valores que honramos habitualmente y de forma natural son a veces tan difíciles de identificar, como lo son aquellos que hemos tenido que suprimir. El problema es que cuando actuamos dejando de lado nuestros valores nos sentimos perdidos, nos sentimos devastados. Nos cuesta reconocernos y sufrimos por ello. El camino de vuelta es más sencillo si sabes cómo recorrerlo.

Espero que este post te haya servido de ayuda. Si es así, me encantaría conocer tu testimonio.

Gracias por seguir ahí.

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