Estamos de enhorabuena, aquellos de nosotros a los que siempre se nos ha dado mucho mejor usar la parte derecha del cerebro, sí, estamos de enhorabuena. Las competencias emocionales, espirituales, creativas, la capacidad de tener una visión global  y holística de las cosas,  de establecer relaciones sociales sólidas y satisfactorias son hoy más necesarias que nunca. Quizás siempre lo han sido, al fin y al cabo ¿quién no querría relacionarse con una persona que sepa tratarte, escucharte y comprenderte?

Esta sociedad que ha virado hacia una búsqueda de sentido, saturada por la abundancia traída por el capitalismo, que valora más que nunca la sensibilidad necesaria para tener relaciones profesionales, sociales y sentimentales plenas , qué necesita la capacidad innovadora para hacer frente a un futuro cambiante e impredecible, se ha dado cuenta por fin, de que durante  mucho tiempo ha olvidado una parte importante de nosotros, ha olvidado una mitad. Nuestra parte derecha del cerebro.

No obstante, vamos a ser justos, a esa sociedad, a la que ha existido hasta hace apenas 15 años, hoy ya no es la misma, hay que agradecerlo mucho. Por ejemplo, que gracias a estar estructurada como ha estado,  hemos llegado hasta aquí. El cómo hemos llegado quizás sería más cuestionable, de eso parece que no cabe duda.  Pero el hecho es que esa sociedad ha hecho posible , ha servido como preludio a esta otra que para los optimistas de manual es promesa de un mundo mejor, menos hostil, más diverso, más rico.

Durante  mucho tiempo se consideró que quien ostentaba un coeficiente intelectual elevado era digno de conseguir el santo grial. Que esa era la clave para poder brillar en un mundo preocupado por datos, cifras y dominado por el pensamiento lógico y analítico propio del hemisferio cerebral izquierdo. La razón por encima de la emoción. El control pisoteando a la pasión. El cerebro derecho a las órdenes del izquierdo.

Hoy sabemos, que tener un coeficiente intelectual alto, inteligencia  en bruto si me permitís la expresión, sin más,  sin otras competencias como las habilidades sociales, no es directamente proporcional a la capacidad de ser feliz o llevar una vida plena, ni tan siquiera es salvoconducto para conseguir éxito personal o profesional. Conozco  a una persona sumamente inteligente, en términos de cociente intelectual,  cuyas relaciones sociales son desastrosas. Su inteligencia ha quedado relegada a una habilidad para desempeñar su trabajo de una manera escrupulosamente correcta.

No estoy segura de que esta persona sea del todo consciente  de lo que podría llegar a ser, de lo que supondría su mundo de haber tenido  además la habilidad de poder entender las relaciones con otros. De comunicarse de un modo más efectivo,  de tener una mente más abierta y creativa. De probar lo nuevo, de integrar lo distinto.

También hay personas muy inteligentes que además son capaces de tener este tipo de habilidades sociales. Pero eso no es lo que esa sociedad  ha fomentado y lo sabemos. Lo son porque se han preocupado de serlo, porque se han puesto manos a la obra y han querido explorar lo que la sociedad ignoró o les hizo creer que no era realmente importante. Y esta es la buena noticia.

 

Las habilidades sociales se pueden mejorar, se pueden trabajar

 

  • Se puede mejorar la empatía si comienzas por ejemplo a observar de un modo distinto, sin prejuzgar, poniéndote en el lugar del otro que significa nada más y nada menos que desprenderte de lo que has vivido, visto y experimentado tú previamente para poder vaciarte de ti y llenarte del otro. Esa es la verdadera empatía.
  • Se puede mejorar la relación con los otros trabajando tus propias creencias, dejando de lado viejos hábitos y probando cosas distintas, aceptando la diversidad y lo distinto como algo que complemente, no como algo que confronte. Cuestionando lo que ya sabes y conoces para empaparte de los que otros han visto, vivido y experimentado.
  • Se puede mejorar la comunicación cuando empiezas a escuchar para comprender y no para responder.
  • Se puede trabajar la creatividad si comienzas a dejar de decirte a ti mismo que no eres una persona creativa porque lo cierto es que lo eres. Todos los somos, todos somos capaces de buscar soluciones a problemas, todos somos capaces de crear realidades, de imaginar. Otra cosas es que nuestro cerebro izquierdo, generalmente al mando no esté repitiendo constantemente que no sería lógico pensar que somos personas creativas.
Leer:  La sinceridad está sobrevalorada

El Dr. Allan Snyder descubrió que se pueden potenciar los talentos ocultos de una persona, “apagando” temporalmente su cerebro izquierdo para que el derecho se muestre más desinhibido.

Hoy ya nadie envidia al ratón de biblioteca, al funcionario escondido tras unas gafas encerrado en su despacho, memorizando cifras, masticando datos, evitando relacionarse, esquivando lo nuevo, lo distinto, parapetándose tras lo que ya funciona.

Lo cierto es que da igual qué coeficiente intelectual tengas si eres una de esas personas arrolladoras, aquellas con las que todo el mundo quiere estar, aquellas inasequibles al desaliento, que irradian energía y positividad, que crean espacios para lo nuevo, que conectan personas. Capaces de impulsar proyectos , de aceptar e integrar lo distinto. Personas capaces de partirse el pecho , de conjugar adjetivos , de entender la sutiliza de las relaciones personales, la delicadeza de las sentimentales y la complejidad de las profesionales.  Personas que analizan lo justo para dar un barrido al terreno pero que no se quedan en la reflexión por la reflexión sino que acometen, invierten, se desgastan, apuestan, se entregan, dudan y viven, sin concesiones.

Aquellas que contagian alegría de vivir y ganas de hacer, las que son capaces de crear belleza artística y sentimental. Las que te hacen sentirte bien tan sólo con tenerlas cerca. Las que dejan un gusto a caramelo de fresa justo después de haberse ido robándote una sonrisa. Las que cantan y bailan sin importar quien mire.

Esas personas son el tipo de trabajador que hoy buscan las empresas que saben lo que quieren y que se han enterado de que va esto llamado la nueva era.  Son el tipo de socio al que no vas a querer dejar escapar, el tipo de pareja que te llevará tan alto como estés dispuesto a volar, saltando de galaxia en galaxia. El tipo de amigo que alimentará tu inspiración.

El mundo va muy deprisa, se mueve muy rápido. No hay tiempo que perder, alimenta tu lado derecho del cerebro, sin descuidar el izquierdo o parecerás un adulto disfrazado de primera comunión. Pero busca tu lado más loco, más infantil, más creativo, más arriesgado, el que te permite inventar . Y déjalo salir. No te arrepentirás y además el mundo, lo está necesitando. Te estamos necesitando. ¡Bienvenido!

 

Gracias por seguir ahí.

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