Más de uno debe sus amigos a la feliz circunstancia de no haber dado ocasión a la envidia.

Friedrich Nietzsche

Dice Antonio Lucas, una de las grandes plumas de este país, que la amistad es un fenómeno paranormal, que se da en contadas ocasiones y que lo otro, es colegueo. Creo que tiene más razón que un santo, como casi con todo lo que escribe. Solo me gustaría aclarar con él, en un tú a tú en el que sin duda sería un más él que yo, qué exactamente significa contadas ocasiones. Todos sabemos que el optimismo suma más que resta y que la lucidez resta más que suma. Y yo quiero pensar que Lucas, es un lúcido optimista con lo cual su percepción de la cantidad debe de ser curiosa.

45 años ya son años como para saber algo de algunas cosas, no demasiado, pero algo si. No en vano y muy a pesar de mi prodigiosa memoria selectiva, cada experiencia vivida, mejor, peor o regular, cada relación forjada me va dando un pequeño bosquejo como para ir entendiendo de que va esto de los “quereres”, como dice Eloy Cánovas. Porque al final, de quereres va la cosa, de querer querer, de querer estar, de querer ser, de querer dar y de querer recibir.

La amistad es una palabra que siempre ha estado muy presente en mis días. Tengo un puñado de viejos amigos, a los que adoro desde hace mucho años. Pero en mi carné de amigos siempre hay espacio para nuevas incorporaciones. No soy rácana con ningún aspecto de mi vida, nunca lo he sido. Así me va, en mi casa siempre me han dicho que jamás llegaré a ser rica. Es una pena, debe de ser fantástico eso. Pero hablábamos de racanería. No, nunca lo he sido, tampoco con los quereres ni con los amigos que son como el mindfullness del amor. Porque con un amigo, no hay pasado ni futuro, siempre es el ahora y esa visión que no paga peajes ni pide réditos, quizás sea la única garantía de que un amor llegue a ser indestructible.

En cuanto a la cantidad,  aunque adoro a Forrest Gump y creo que su historia debería ser material de estudio para universitarios de antropología, sociología, filosofía, política o psicología, yo no tengo un másmejoramigo. Tengo varios y espero llegar a vieja con muchos más.

La amistad es un modo de quererse fascinante. Ocurre que hay tantas versiones de amistad como personas, claro está. Y ocurre que cada quien entiende lo que quiere, pues como en las relaciones de pareja como en el feminismo, el veganismo y todos los ísmos que se os ocurran. Es decir, como en cualquier tema donde la piel y el alma se ponen en juego, donde los corazones se rozan para hacerse herida o para producir calor.

Hay distintas versiones y hay modos de entender este quererse sin deberse, este estar aunque no estés sin necesitar demostrar todo el rato que estás. Esta incondicionalidad que sólo se sabe dar cuando se abraza el propio término sin sentir vértigo, miedo o amenaza. Porque cuando se quiere, siempre aparece el miedo a la pérdida. Pero es curioso, cuanto más miedo más grande la brecha que acabará por dividir en dos lo que siempre debió ser uno.

Sí, es un modo de quererse fascinante la amistad. Con los años he forjado una sólida y manoseada definición de la misma que yo me he hecho a mi medida, que para eso a mis amigos los elijo yo y mi experiencia es mía. Y se define en a penas dos palabras; generosidad e incondicionalidad. Tampoco hay rangos en la amistad, ni trienios por antigüedad. Surge en cualquier momento de la vida y una vez has entrada en su maravilloso círculo mágico, una vez su fuerza ha obrado el milagro, el hecho de que a esa persona la conozcas haga 30 años o 3 o tres meses, es totalmente irrelevante, al menos lo es para mi.

Leer:  Sé legítimamente egoísta, regala generosidad.

Dice Merce Roura que un amigo es el que te hace notar que hay un pequeño reducto en el que puedes estar tranquilo.

La amistad no necesita contratos de arrendamiento, ni de alquiler con opción a compra y pobre de ti como entres en esa dinámica. Ha habido solo un par de veces en mi vida en las que he tenido que explicar que no se pueden pedir explicaciones a un amigo. Porque pedir explicaciones es obligar al otro a que se justifique. Y lo siento, quizás he visto muchas pelis de mosqueteros cuando era pequeña pero la amistad no va de eso. La amistad, como casi todo lo que tiene que ver con quererse va de ofrecer más que de dar.

Si acaso, va de que tu pidas lo que necesitas cuando lo necesites. La amistad no entiende de juegos de adivinación, la amistad no entiende de exclusividad. La amistad es un loveparade con barra libre, es una fiesta a la que te han invitado y a la que has decidido ir. Deja que el anfitrión se pasee por otras mesas regalando cariño y sonrisas aquí y allá. El amor no es un recurso finito, la capacidad de amar que hay en ti es infinita, lo sabes, lo ves, lo sientes ¿por qué a veces pensamos que en los demás no ha de ser así?

Se pueden y deben pedir aclaraciones siempre y cuando lo necesites. Se puede incluso mentarle a la madre a un buen amigo o amiga en una arrebato de sinceridad o de ira o furia. Se le puede decir; no sabes qué sola me he sentido, siento no haber sabido buscarte cuando te necesité. Pero no se le puede decir a un amigo me has dejado tirada, ya no me escribes ni me mandas flores, creo que te estás cansando de mi, veo que hay otros ocupando mi lugar…

No somos el centro del universo para que nadie tenga que adivinar lo que nos pasa o lo que necesitamos en cada momento. Y si, un amigo tiene todo el derecho del mundo a despistarse, a no estar porque necesitó hacerlo. Y cuando vuelva, o cuando tú decidas pensar que volvió porque quizás jamás se fue, debería ser algo que celebrar en el mismo punto en el que se dejó, como quien se levanta de una mesa da igual si un segundo o una hora y se encuentra con el café aún caliente ¡Qué agradable sensación! La recriminación a un amigo es el café frío. Y yo soy de las que pide siempre el café muy caliente porque no sé si me voy a tener que levantar de la mesa un rato o un siglo, si quien me acompaña bebe demasiado deprisa o demasiado despacio.

Mis amigos, aquellos que han contribuido a que yo hoy pueda escribir esto, saben exactamente que da igual que hayan pasado dos semanas o dos años desde el último café, que nos les importa que hayan aparecido otros en escena, que se alegran de que hayan aparecido otros en escena. Saben que yo voy a estar incondicionalmente. Yo sé que ellos van a seguir respetando los tiempos, los silencios, las ausencias, la presencia y el exceso de ella, la mirada, las palabras o la falta de ellas. Ese amor que se sabe y se siente. Saben que ya estoy, que ya decidí estar y que aquí estaré, pese a ellos o a mí misma.

Escribía también Antonio Lucas en esa maravillosa columna que no puedo linkar porque estaba en prensa escrita que él desconfía de todo aquel que llama amigo a todo, desde una persona a un tucán. Yo más bien desconfío de quien no está dispuesto a entender la amistad como tal vez la única elección no condicionada de querer ser y estar.

Gracias por estar ahí.

 

 

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