Te has criticado por años y no ha funcionado. Intenta aprobarte y mira qué pasa.

Louisa L. May

Autoestima, la más deseada, la más buscada, ese oscuro objeto de deseo.

Hace unos días, tuve el placer de impartir una formación a través de una plataforma digital para un programa de Desarrollo Personal para una Escuela situada en el País Vasco, SelfCoaching 360º. Eran las 19:00 de la tarde y alli estábamos, los 14 alumnos y yo misma conectados a través de nuestros portátiles. Al principio, sentí cierta sensación de invasión cuando me di cuenta de que estaba irrumpiendo en la intimidad de todos aquellos hogares. Escuchando los ruidos de fondo que se crean en las casas, voces de niños, ruidos domésticos, cuchicheos, la intimidad compartida por auténticos desconocidos.

He asistido como alumna a varias formaciones on line, como formadora, esta era mi tercera vez. Y debo admitir que hasta que no pasó un buen rato y los participantes comenzaron a activar sus altavoces y pudieron por fin interactuar conmmigo mi sensación es de que aquello no fluyó como a mi me gusta que fluya. El webinario, palabra que me cuesta pronunciar sin que se me venga a la mente la desagracable imágen de un humano poniendo un huevo, se titulaba Actitud, realidad y entorno. Y dos de los conceptos que quise introducir para contextualizar toda esa temática fueron el autoconcepto y la autoestima. Hoy quiero hablaros de ello.

Siempre que doy formación o que escribo o me dirijo a alguien con la intención de que algo de lo que diga sea útil, trato de no olvidar el hecho de que la teoría y la práctica son dos cosas muy distintas y que experimentar lo aprendido es lo que realmente va a hacer que las personas puedan identirficar, interiorizar y aprender. Por eso la mejor parte al menos para mí, llegó cuando los alumnos pudieron compartir sus propias experiencias, sus propios procesos internos que me ayudaron a mi a explicar y a ellos entender, algunas de las cuestiones que se trataron.

La actitud está presente en todo cuanto haces, ni la tarea más nimia se escapa a esa influencia. Ya sea de manera consciente o inconsciente tu actitud va a dejar su impronta en todo aquello que acometes. Tu actitud ante las dificultades, tu actitud ante tus logros y tus fracasos. Tu actitud va a interferir en las relaciones que estableces. En cómo muestras al mundo tus habilidades y también en cómo te relaciones con tus sombras. No hay ni una sola parte de tu vida que no esté afectada por tu actitud.

La actitud está vinculada a nuestras experiencias pasadas, a nuestras emociones y sentimientos en relación a cómo hemos vivido lo que hemos vivido y cómo nos ha afectado. Las circunstancias afectan a la conducta. La actitud está determinada en gran medida por las historias que nos contamos y también por las historias que nos contaron.

Si has sido un niño criado en el estímulo permanente, en la creencia de que es mejor fallar porque con cada fallo aprendes es más que probable que tu actitud ante los retos sea la de afrontarlos sin demasiadas cuestiones a tratar. Si por el contrario has crecido en un ambiente en el que la protección hacia situaciones de incertidumbre o el riesgo han sido la pauta general, tu actitud ante lo desconocido será la de protegerte, conducta aprendida, o huir y por tanto perderás la oportunidad de experimentar.

Leer:  Cómo demostrar a tu actitud que quien manda eres tu

Otros dos conceptos que están muy presentes cuando hablamos  de los factores que intervienen en tu actitud, además de tus creencias y tu relación con tus experiencias vividas son el autoconcepto y la autoestima. Tu autoconcepto no es otra cosa que las creencias que tienes sobre tus habilidades, capacidades o cualidades personales. Es decir lo que conoces de tí mismo y también lo que crees que sabes de tí mismo. La autoestima es la manera en que tu te relacionas con tu autoncepto. Cómo íntimamente valoras y convives con la idea que tienes de tí mismo pero desde un aspecto más emocional y por tanto más subjetivo.

Si el autoconcepto es un constructo mental que más tiene que ver con lo cognitivo; ideas, creencias o imágen mental, la autoestima tiene más que ver con lo emocional.

Por eso aunque una persona tenga su autoestima saneada y en general viva una relación de valoración positiva de sí misma, puede experimentar momentos en los que sienta que su autoestima se tambalea, por ese componente subjetivo y emocional que la sustenta.

Y aún siendo poseedor de una autoestima a prueba de bomba, puede haber días en los que sientes que es el mundo el que te come a tí y no al revés. En ese momento es importante estar muy atento a tu diálogo interior. No permitir que tus palabras te menoscaben, ser muy consciente de que tu emocionalidad en ese momento te está jugando una mala pasada y que la emocionalidad no entendida, no escuchada, es capaz de tapar el más claro indicio de razón.

En esos momentos como ya sabrás pocos consejos valen, pero es cierto que existen algunas “trampas” que puedes poner a tu mente. Algunas de ellas podrían ser:

  • Deja de compararte con los demás, entendiendo por “demás” a toda esa multitud que en tan solo un segundo puede acudir a tu mente para recordarte lo pequeñita que eres.
  • Escribe un diario de logros. Coge papel y boli y comienza a escribir punto por punto todos los logros que has ido consiguiendo a lo largo de tu vida. Como si de ello dependiera tu vida, como si estuvieras hablando de la persona a la que más quieres.
  • Reflexiona un rato sobre si estás siendo realista con tus metas o sobre si tal vez estés queriendo hacer más de lo que puedes abarcar, uno de los males del siglo XXI.
  • Acepta que hay días en los que no todo pinta bien. Entiende que tus emociones te hablan para darte un mensaje aunque no te guste escucharlo. Acepta la intermitencia de todo, de los momentos buenos y los malos momentos.

Ambos conceptos, autoconcepto y autoestima, contribuyen a edificar la idea que vamos construyendo a lo largo de nuestra vida sobre nosotros mismos. Ambos nos llevan al autoconocimiento, lo que realmente somos. Así que si has emprendido el proceso de conocerte, déjame decirte que has entendido todo. Porque ahí es donde vas a encontrar todas las respuestas.

Gracias por seguir ahí.

 

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