Siembra un acto y cosecharás un hábito. Siembra un hábito y cosecharás un carácter. Siembra un carácter y cosecharás un destino.

Charles Reade

Si al leer el título de este post te han venido a la mente como un fogonazo imágenes de una vida rodeada de confort, personas interesantes y aplausos unánimes allá por donde camines, si has sentido un calor que te sube por la espina dorsal y te has trasladado a un futuro de experiencias profesionales sobresaliente o has escuchado voces que te decían: ¡Qué bien lo has hecho, eres un crack! Siento defraudarte, este post quizás no pueda ayudarte. ¡Espera un momento! O quizás si.

Hoy quiero hablar de triunfo más que de éxito. De culminar más que de conseguir. De conquistar más que ascender. Quizás para algunos, pueda resultar lo mismo. De hecho, si buscas en el diccionario, las segundas acepciones son sinónimo de las primeras. Ocurre que el lenguaje posibilita realidades. Cada palabra empleada a cada uno de nosotros nos abre ventanas que nos lleva a lugares distintos. Para mi éxito, consecución o ascenso sugieren logros, resultados. Triunfo, culmen o conquista, sugieren plenitud. ¿Y para ti?

Así que la pregunta que yo me hago es; ¿Se pueden conseguir éxitos sin plenitud? Si. De hecho la historia del mundo está llena de ejemplos.¿Se puede sentir plenitud sin tener éxito? No, y lo digo tajantemente. Porque la plenitud es el éxito en su totalidad. Así lo veo yo, esto es lo que he aprendido en mis años de dedicación al coaching. De trabajo, de lectura y estudio. De explorarme y ayudar a otro a explorarse a si mismos.

Después de leer a autores que nos hablan de ese estado de abundancia y totalidad, como Eckhart Tolle, como Carl Rogers, como Viktor Frankl. Después de haber trabajado con clientes que buscan experimentar ese estado, después de comprobar por mi misma que cada día esa conquista está más presente, me doy cuenta de que la base para conseguir ese estado de cosas es forjar el carácter. Cultivar el carácter necesario para vivir una vida de triunfos más que de éxitos.

Vayamos paso a paso.

El principal enemigo del carácter; la necesidad de agrado

Una de las mayores causas de sufrimiento en el ser humano es sentirse menospreciado por aquellos a quienes se quiere o valora. Con los años, una va aprendiendo que lo peor no es defraudar a terceros, lo verdaderamente trágico es defraudarse a uno mismo. Pero hasta llegar a ese punto de descubrimiento, hasta conseguir desarrollar el carácter que te permita actuar desde la comprensión de que no has venido a este mundo para encajar en todas partes y gustar a todo el mundo, la vida puede ser lo más parecido a aquellos recreos fatídicos en los que cruzabas los dedos para no ser la única a la que nadie eligiese a la hora de hacer equipos.

La necesidad de agrado está directamente relacionada con nuestra condición de seres gregarios. Vivimos en la manada y por tanto necesitamos sentir la aprobación de los otros para no romper el equilibrio del sistema. Especialmente sin son personas que nos importan o que durante una parte del camino aportaron valor a nuestras vidas.

Ocurre que en ocasiones esa necesidad de encajar en el puzzle sí o sí nos obliga a adaptar de una manera forzada nuestra forma original. A alterar aquello que somos en esencia. Algunas personas incluso, llegan a un punto en que a fuerza de dejar de ser ellas mismas han perdido totalmente el control de sus vidas porque su única misión es agradar para encajar. Es decir, su proyecto de vida supeditado a la opinión de terceros.

Y esto sucede independientemente de la intencionalidad que pueda haber en el entorno. Es decir, el individuo que sufre al no ser capaz de hacer prevalecer su carácter, sus deseos, sus opiniones frente al entorno por miedo al rechazo, lo hace aún en un entorno no deliberadamente hostil. Pero el daño es mucho mayor cuando personas que forman parte de ese entorno de manera consciente o no se aprovechan de esa vulnerabilidad para su propio beneficio. El carácter se tambalea, se desdibuja y eso provoca sufrimiento.

La vida sería mucho más sencilla si todos tuviésemos el carácter perfecto para adaptarnos de la mejor manera posible a las situaciones a las que tenemos que enfrentarnos cada día. Dice Arthur Miller que “El carácter de una persona lo determina los problemas que no puede eludir y el remordimiento que le provoca los que ha eludido”

Los que investigan el comportamiento humano dicen que nuestra personalidad está definida por el carácter y el temperamento. El carácter es aquello que vamos forjando a lo largo de nuestra vida, por tanto es modificable y alterable y se verá fuertemente influenciado por el entorno, la cultura y el medio ambiente. El temperamento que está más relacionado con la manera en cómo reaccionamos al entorno, es de carácter hereditario es decir viene en gran medida determinado por nuestros genes y sistema nervioso. Por tanto podríamos decir que el temperamento es la genética y el carácter la epigenética. 

Jose Antonio Marina, habla de distintos niveles de la personalidad enriqueciendo así el binomio que maneja la psicología:

  • La personalidad recibida; que bien podríamos llamar temperamento
  • La personalidad aprendida; más identificada con el carácter es decir modificable y alterable pero estrechamente ligado con la personalidad matricial
  • La Personalidad Elegida; en palabras textuales de Marina:  es el proyecto de vida, la selección de valores, el modo de enfrentarse a la situación, que una persona tiene a partir de su propio carácter y que, a veces, le hace volverse contra su propio carácter e intenta cambiarlo.

La personalidad elegida es aquella que abrazamos conscientemente para hacer de nuestra vida el marco de actuación que queremos independientemente de nuestra predisposición genética o nuestro bagaje cultural, social o relacional. Es la que yo construyo cuando sé lo que quiero y conozco muy bien lo que tengo. Y es la que me permite vivir en equilibrio y abundancia independientemente de los resultados que obtenga. Aunque desde luego, es la que favorecerá sin duda la consecución de los resultados.

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En mi experiencia como coach trabajando con personas que buscan más equilibrio en sus vidas, he observado ciertas decisiones que se repiten independientemente del cliente, del objetivo marcado o de la situación que están viviendo. Digamos que son estrategias seguidas para forjar el carácter que posibilite el crecimiento personal, la superación de obstáculos o la toma de decisiones libres. Forjar el carácter que me permita ser quien soy, valorarme como debo y soltar el yugo de la aprobación de terceros. Vivir en plenitud

Estos pautas son decisiones conscientes tomadas en base a reflexiones que reafirman la personalidad elegida y que muchas veces han de enfrentar al coachee con lo conocido, con su entorno o su predisposición natural  y por eso yo he llamado la epigenética del carácter.

 

Se resumen en 4 aspectos

Pasar tiempo con uno mismo; Esto es lo que algunos temen por encima de todo. En cambio es la clave del autoconocimiento. Es la pescadilla que se muerde la cola porque la mayoría de las personas que no quieren estar solas es porque no se conocen, a nadie le gusta intimar con un desconocido. Por otro lado, como no se dedican tiempo a ellas mismas, terminan por no conocerse y en esa espiral se pasa una vida.

Como en todo, el lenguaje resta o suma, acerca o aleja.¿Qué tal si cambias estar solo por estar contigo? Elije actividades que te hagan estar en contacto con la naturaleza, dar paseos por un bosque, un parque o cerca del mar. Sentarte en un banco de un parque a observar y a observarte.

Al principio puede parecerte una pérdida de tiempo pero observarás con el transcurrir de los días que cada vez te sientes más cómodo dedicándote ese tiempo a ti. Las personas que consiguen alcanzar ese estado de plenitud son las que han aprendido a disfrutar de la soledad, o si prefieres, del acompañamiento de si mismos. Porque es alejado del ruido donde llega la verdadera revelación.

Dar cabida a la curiosidad; No solo estoy hablando de inquietudes intelectuales, artísticas, sociales, políticas o de la índole que sea, que también. Dar cabida a la curiosidad de lo que significa ser. A la curiosidad por la vida propia y ajena. Empezar a preguntarse más quien soy y quienes son las personas a las que amo, con las que vivo o de las que me rodeo. ¿Qué las hace comportarse como se comportan? ¿Qué me hace a mi hacer lo que hago? ¿Qué parte de mi conocen, qué parte oculto y por qué temo ocultarlo?

Lee literatura, pero también filosofía, lee a autores que han experimentado el despertar total a la plenitud de lo que significa ser humano. Dos recomendaciones pueden ser El proceso de convertirse en persona o El miedo a la libertad de Erich Fromm. Esos libros han cambiado la vida de muchas personas. Ese tipo de curiosidad.

Eso hará no sólo que te sientas mucho mejor en tu piel, sino que ames tu piel y todo lo que envuelve. Que experimentes el placer de ser y aceptar lo que eres y tienes porque te permitirá conocer lo que son los demás. Y tener relaciones sociales plenas, honestas y saludables te ayudarán a vivir con sabiduría y plenitud.

Aceptación; Ya he escrito en varias ocasiones sobre a aceptación. Así que te invito a que leas este post que habla del poder curativo de la aceptación. Te permitirá caminar mucho más liviano y dejar de batallar la vida .Aceptar es abrazar todo lo que soy, con lo que me gusta y lo que me disgusta, para comenzar a crear todo lo que quiero llegar a ser. Construyo lo que quiero cuando he comprendido y aceptado lo que soy.

Aprender a soltar; Esto es especialmente doloroso sobre todo para las personas que se involucran con otras personas, proyectos o entornos. Saber soltar significa entender que lo que es hoy en ningún caso va a ser igual dentro de unas semanas. La mayoría de los obstáculos que nos ponemos vienen determinados por no saber asumir que la vida está compuesta por ciclos que se inician y se acaban.

Vivir establecido en la melancolía por lo que fue es genial si eres Joaquin Sabina, Kurt Cobain o Neruda. Pero seamos honestos, para tener una vida plena y feliz, no hay nada peor que la melancolía entendida como el ansia de aferrarnos a lo que ya fue y no es. Se comienza tomando distancia física que ayudará a la distancia mental. Se continua por sentir, sin tratar de comprender  lo que viviste, disfrutaste y aprendiste en ese momento. Se culmina cuando ya no hay dolor, solo agradecimiento por lo vivido.

El sistema necesita personas que consigan el éxito. La sociedad necesita personas que consiguen el triunfo.

Gracias por seguir ahí.

 

 

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