La no comunicación no existe, incluso cuando no comunicas lo que estás comunicando es que no quieres comunicar. (Enrique Alcat)

Hace un par de años, asistí a una conferencia sobre comunicación de Enrique Alcat. Enrique es un especialista en comunicación, quizás uno de los que más sabe de este tema en este país.
Fue una tarde de otoño en Oviedo, por aquel entonces yo asistía a todas las conferencias relacionadas con el crecimiento personal y la mejora de habilidades sociales que cabían en una agenda.

Por aquella época no medía, mi afán de querer enterarme de todo, de querer empaparme de todo me llevaba como una penitente de conferencia en conferencia. Debo reconocer que algunas fueron útiles y aún hoy han dejado poso. Otras ya ni las recuerdo. Habrán quedado relegadas a vagar por ese lugar de la memoria donde descansa lo inútil o lo que no consiguió hacerme sentir.
Esta, en cambio, ocupa un lugar destacado dentro del grupo de las primeras, pues no sólo recuerdo mucho de lo que allí se dijo, mucho de lo que sentí y experimenté al escuchar todas aquellas palabras tan cargadas de sentido al menos para mí, sino que además consiguió cambiar mi forma de comunicar y por tanto mi forma de relacionarme. Especialmente la frase que encabeza este post. Una vez la escuché tuve que repetirla, en voz baja, despacio, para entender la trascendencia de lo que significaba. Este gesto, como de niña pequeña me ayuda a comprender el alcance de lo que de pronto me golpea en algún lugar entre el cerebro y el corazón.
Para algunos puede parecer obvia, quizás los que fueron capaces de llegar a esa conclusión por sí mismos. Para mi fue todo un descubrimiento, en el sentido de que tomé consciencia de que por más que yo no quiera decir, expresar, el mensaje estará ahí, la interpretación será hecha de manera consciente o inconsciente por el otro. Así que desde ese mismo instante decidí que si quiero transmitir algo, lo que sea, más vale que me encargue de hacerlo yo y además de hacerlo bien.
Esta consciencia me ayudó a entender muchas cosas de mi. De situaciones por las que había pasado, por las que había hecho pasar a otros, malos entendidos, mensajes distorsionados. Un sinfín de errores encadenados que podrían haberse evitado. Al final comprendí que el uso que hacemos del lenguaje es mucho menos inocente del que a priori podría parecer.
Aquella conferencia, esperada con tanta atención, con tanta ilusión no hizo más que alimentar aún más mi deseo de mejorar mi manera de comunicar. Yo soy una loca de la comunicación y empleo aquí la palabra loca a propósito. Y aunque no es políticamente correcto decir que un coach viva “obsesionado” por algo, en mi caso debo admitir que así es. Tendré que seguir trabajando en ello. Es una de mis rarezas.
Cuido muchísimo cada palabra que digo, nunca me ha gustado hablar en exceso y puede que ahora esta tendencia se haya acusado aún más. Prefiero escuchar a decir porque he aprendido que aquellos que mejor comunican son quienes tienen la capacidad de escuchar, de escuchar de verdad. Procura hacer mía esa máxima que dice “si lo que vas a decir no es más bello que el silencio, no lo digas”
Trato de que cada palabra que escribo tenga un sentido y una coherencia, otra cosa es que lo consiga, pero trato de hacerlo, siempre, intento no dejar nada al azar o a la interpretación de mi oyente sobre todo cuando lo que estoy transmitiendo es importante para mí o para mi interlocutor. También soy muy cuidadosa analizando lo que dicen o escriben otros. Me pierdo literalmente, cuando tengo delante a un buen conversador, pocas cosas me gustan más que una conversación estimulante, inteligente, que mueva los cimientos de lo que conozco y compre billetes sólo de ida para lugares nuevos.
Si hoy tuviese que darme una puntuación sobre mi capacidad de comunicar me daría un 8, honestamente, mi tendencia a ver el vaso medio lleno me hace generosa. Además así compenso lo de loca y obsesiva.  También sé que aún me queda mucho camino por recorrer. Pero sé que esa es una de mis habilidades. Lo percibo así y lo perciben así muchos de los que me rodean. Lo he podido constatar en multitud de ocasiones. De acuerdo, soy una buena comunicadora, me queda un trecho para ser una excelente comunicadora.

 

Así que desde esta posición de observadora , amante y analista del arte de comunicar me permito darte algunas claves para mejorar la tuya

 

Porque al fin y al cabo la comunicación es una ventana de oportunidades y yo adoro las oportunidades

 

Debes de poder comunicar de manera original, clara y concisa quien eres y lo que haces. No hay sensación más violenta que te pregunten sobre ti y no sepas que contestar. Que quieran saber qué haces y que recurras al “soy profesora, abogado, periodista, cocinera ”. Eso se olvidará en dos segundos, si tienes suerte en tres. Elabora una frase bonita, corta, con pegada, que haga que quien se ha acercado con la esperanza de encontrar un buen conversador celebre el haber acertado y quien no, se vaya con una gratísima sorpresa. No pierdas la oportunidad de sorprender en tu primera impresión y te resultará menos costoso hacerlo después. Recuerda, eres lo que comunicas y cómo lo comunicas.

Sé cuidadoso con los detalles que rodean a todo acto de comunicar, no pierdas de vista ni uno. La comunicación es una herramienta más de gestión. Si no sabes comunicar no podrás convencer ni inspirar a otros, realmente dejarás de contar. En cambio, si consigues comunicarte de manera que el otro comprenda tu mensaje tal y como quieres, si además consigues crear un espacio que favorezca el diálogo y el intercambio de pareceres, donde el otro se sienta libre de expresar, estarás no sólo comunicando efectivamente sino además llevando tus relaciones al máximo nivel de excelencia posible. Es cuestión de prestar atención y de ser consciente de la importancia que hay en el acto de comunicar. Si no hay consciencia, no habrá buena comunicación. Recuerda que la comunicación crea realidades.

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La comunicación es como el eco, devuelve lo que recibe. No te quepa duda de que si has comunicado de manera agresiva recibirás agresividad. Busca siempre la fórmula más asertiva posible. La persona asertiva comunicará lo que quiere, defendiendo sus derechos, expresando sus opiniones sin agredir ,convirtiendo así, en ocasiones, la conversación  en una negociación. La asertividad se puede trabajar puesto que es una habilidad. Puedes buscar ayuda externa o puedes recurrir a la lectura de algún libro como puede ser “Asertividad, expresión de una autoestima sana de Olga Castanyer Y no olvides que la calidad de la respuesta es directamente proporcional a la calidad del mensaje. Revisa cómo has dicho lo que has dicho.

No comunica quien mejor habla, sino quien mejor escucha. Escuchar de verdad, con atención, requiere un esfuerzo físico y mental que no todo el mundo está dispuesto a hacer, en la mayoría de los casos porque no sabemos cómo hacerlo, nadie nos ha enseñado a escuchar. Para escuchar bien hay que concentrarse en el otro, tratando de no distraerse con ninguna otra actividad. Hay que pedir feedback y recurrir a la retroalimentación para que nuestro interlocutor sepa que efectivamente estamos entendiendo el mensaje. Hay que estar atento al lenguaje no verbal cuya importancia en la conversación es tal que puede llegar a contradecir el mensaje oral. No termines nunca una conversación sin asegurar que lo que tú has entendido es exactamente lo que la otra persona quería expresar. Es un acto de generosidad e inteligencia.

¿Por qué no una estrategia? La comunicación, como cualquier otra actividad que persiga conseguir un objetivo, necesita de una estrategia previa. Así que cuando tengas que enfrentarte a una conversación importante, piensa qué objetivo persigues con la misma. Qué acciones vas a implementar, como por ejemplo, buscar el escenario apropiado, crear el ambiente adecuado, generar o no expectación según convenga. Planifícalo, no dejes nada al azar. Wiston Churchill decía: “Iré a preparar la improvisación de mañana”.

Comunica de forma convincente pero sin perder la naturalidad. Hay pocas cosas que me provoque más cautela, por no decir rechazo, como la falta de naturalidad. ¿Alguien más está de acuerdo? Debes buscar tu estilo propio. No quieras imitar a nadie porque tú no eres ese o esa, eres tú y esa será tu baza. Para ello deberás estar atento a cómo lo haces. No pierdas la oportunidad de ponerte a prueba. Utiliza ambientes cercanos en los que te sientas seguro y luego ve abriendo poco a poco el abanico. Es importante que defiendas y reivindiques tu propio estilo porque nadie quiere escuchar una réplica de nadie, salvo que hayas sacado una entrada para ver uno de los geniales espectáculos de Carlos Latre.

Adapta tu comunicación. No puedes perder de vista a quien tienes delante. Una de las características que define a un buen comunicador es su capacidad para adaptar su comunicación a la de su interlocutor. No olvides que todos percibimos el mundo de distinta manera. No des nunca nada por sentado o te llevarás desagradables sorpresas. Sé respetuoso, siempre, es obligatorio. Te lo debes y se lo debes a los demás. Escucha para entender no para contestar y sigue esta máxima; debo adaptarme a mi interlocutor y olvidarme de mi, o mejor aún,  fluir con él o ella.

No caigas en la trampa de pensar que hablar es comunicar. Como decía antes, el lenguaje es una herramienta mucho menos inocente de lo que cabría pensar. El hecho de que todos podamos hablar no nos convierte a todos en buenos comunicadores. Sé que con esto meteré el dedo en la llaga de algunos pero, ¿Alguien ha conocido a un buen conversador que sea un charlatán? ¿Verdad que no? Mide tus palabras, en cantidad y en calidad. No todo el mundo tiene la capacidad de hacer un viaje astral para huir de una conversación que se ha convertido en insoportable, así que sé buena gente, sé generoso con el tiempo de los demás. Elije lo más breve, lo más claro y lo más sencillo. Los buenos oradores utilizan frases cortas, contundentes, cargadas de emoción y sentido. Las que quedan y se aferran, las que marcan la diferencia porque calan hasta los huesos. Las que despiertan una punzada de envida ” cómo me gustaría haberla dicho a mi”. Busca eso.

 

Y recuerda que las habilidades innatas son de gran ayuda pero todo buen orador ha tenido que trabajar para mejorar su comunicación. La buena noticia es que se puede conseguir. Tú puedes llegar a serlo si quieres, ya sabes cómo empezar.
¿Se te ocurre alguna aportación que se me haya podido escapar? Y dime,¿ qué piensas ahora de tu capacidad de comunicación?
Gracias por seguir ahí.

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