Me siento delante del ordenador una mañana soleada de octubre. El pronóstico del tiempo para ayer no era nada alentador. En cambio, a mi espalda la ventana está abierta de par en par y el sol calienta mi nuca mientras escribo estas palabras. Pocas cosas me resultan más agradables y relajantes que sentir el suave calor del sol. Mala suerte para una asturiana. Aunque pensándolo bien, los días como este se convierten en motivo de celebración. Si, ya sé que después de tantos años, debería de haberme acostumbrado al cielo en todas sus posibilidades de grises pero no es así.

Vamos a lo que nos ocupa, como ya sabéis los que me seguís (gracias por estar ahí) con frecuencia me enredo en disquisiciones o descripciones demasiado detalladas sobre lo que se me pasa por la cabeza antes de entrar en materia ( esta consciencia sobre mi misma hace que esté doblemente agradecida porque sigáis ahí).

En mi anterior post escribí sobre la pasión. Sobre cuanto ansiamos tenerla en nuestras vidas y sobre lo difícil que resulta reunir el valor necesario para decir, si, voy a vivir mi vida con la pasión que necesito. Y lo voy a hacer desde ya. Y cómo al minuto se nos olvida porque estamos demasiado ocupados en la tarea de vivir.

La tarea de vivir, dicho así suena grandilocuente. Pero puede no serlo. Si la tarea de vivir consiste en irte a la cama con la sensación de haber aprovechado cada día y disfrutado con tus actividades lo máximo posible, sí, lo es. Si la tarea de vivir se reduce a un sinfín de actividades mecánicas, realizadas sin atisbo de entusiasmo, creo que podríamos estar de acuerdo en que tu vida es todo menos apasionante.

Pero la semana pasada ya habíamos avanzado en este sentido. Algunos de vosotros habíais dado un paso al frente y estabais dispuestos a explorar este nuevo camino que supone entablar una conversación honesta y sincera entre tú y tú. Todos los que os hayáis tomado la molestia de contestar a las preguntas que planteé la semana pasada, habréis tenido que escuchar las respuestas que generaron. Quizás algunos de vosotros tengáis la firme convicción de que no es el momento. Bien, correcto, pero ¿cuándo entonces? ¿El año que viene? ¿En otra vida? Ahí lo dejo.

Quizás otros hayáis comenzado a coquetear con la idea de por fin llevar a cabo ESO que de tanto en tanto se atreve a aparecer reclamando la atención que merece. Tal vez otros hayáis descubierto que aunque no tenéis ni idea de qué es lo que queréis si tenéis claro lo que ya no queréis más y además queréis hacer que las cosas cambien ya.
“Todos los hombre deberían procurar aprender antes de morir: de qué huyen , hacia qué van y por qué”. James Thurber

¿Qué dirección tomar? En el fondo, de una manera más o menos evidente, todos sabemos en nuestro interior qué nos gustaría conseguir. Cuál es nuestro propósito en la vida. Para qué hemos venido a este mundo. Porque todos tenemos un propósito que llenará nuestras vidas de sentido, aunque no todos se conceden la oportunidad de permitirse descubrirlo o el coraje de ir a buscarlo una vez se ha descubierto. El propósito responde a la pregunta ¿Para qué?

Una vez hayamos descubierto esa realidad superior, esa fuerza que nos mueve tendremos que buscar la manera de llevar una vida en consonancia. Qué voy a hacer para conseguir vivir conforme a mis valores. Cual es nuestro deseo con mayúsculas aunque siempre le otorguemos la categoría de minúsculas. Cual es el sueño perpetuamente aplazado. Cada cual tendrá su deseo, cada cual conoce bien cómo alcanzaría esa plenitud deseada. No debería haber limites para la felicidad. No hay reglas al respecto. Cada cual entiende por felicidadi lo que entiende. Para unos puede significar convertirse en escritores de éxito, para otros ganarse la vida haciendo fotos o regentando una tienda de delicatessen. Eso sería nuestra misión, las piezas en el puzzle.

Leer:  El truco que nunca falla, revisa tus valores

Y debido a que este post está escrito por una coach, no puedo dejar de mencionar lo que en coaching llamamos visión. La visión es lo que tengo que hacer para conseguir que mis piezas encajen perfectamente. Responde a la pregunta ¿Cómo?
Consciente de que estos términos pueden parecer confusos y quizás algo filosóficos o espirituales, vamos a poner algunos ejemplos ;

El psicólogo estadounidense Denis Waitley, destacado coach personal escribió: “Cuando visualizas, materializas. Si has estado en algún lugar con tu mente, lo estarás con tu cuerpo“
Qué mejor propuesta de futuro que saber que nos es posible materializar nuestros deseos.

Visión sería hacer ese curso de fotografía y plantearle a mi mujer que tal vez el cuartito de al lado de la cocina podría convertirse en una pequeña sala de revelado que me haría muy feliz, ¡tan feliz!

Visión sería lanzarme a estudiar clases de interpretación, al fin y al cabo no necesitaría tanto tiempo. Y quizás tener el coraje para formar parte de ese grupo de teatro del que me hablaron aunque para eso tenga que pedir a mi marido que se encargue de recoger los martes a la niña tras su clase de ballét.

Visión sería armarme de valor para poder dejar al fin este trabajo infame que me está costando la salud y ver cómo podría empezar a diseñar mi propio plan de negocio, ese que desde hace 3 años descansa en el cajón de la mesilla en forma de apuntes ilegibles y tachones con los que sueño semana sí semana también.

Como apasionada del cine que soy no quiero dejar pasar la ocasión de recomendaros la que para mi es una una de las películas que más fielmente reflejan lo que supone la búsqueda incansable de un sueño. Si titula Billy Elliot y es un regalo para los sentidos y el espíritu. Aquí os dejo una escena que define propósito, misión y visión y sobre todo coraje, mucho coraje.

 

 

Regalate el placer de imaginar. Imaginar es un arma mucho más potente de lo que puedas creer. Yo tengo el trabajo que tengo y tengo este blog gracias a que durante los últimos 4 años imaginé exactamente que pasaría lo que ahora está pasando. La imaginación y la visualización me han ido poniendo en el camino de la acción. Y la acción unida a la determinación han hecho de mi futuro diseñado algo inevitable. Dilo en voz alta, hacer del futuro que quiero algo inevitable, como suena? ¿Cómo te suena?

Tener una vida plena no tiene por qué significar dar al traste con todo. O si. Cada uno sabrá qué lastres le atan como un ancla pesada y le impiden volar. Pero en cualquier caso tienes que saber que te mereces la libertad de poder elegir el tipo de vida que quieres. O al menos de decorar la que tienes a tu gusto, customizarla a tu manera. Y si, tal y como pensabas, depende de ti. No sé a qué estás esperando.

Gracias por seguir ahí.

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