La honestidad no es otra cosa que quitárselo todo menos lo que eres.

Eloy Cánovas

¿Soy honesta cada vez que vierto mi opinión en redes sociales?

No sé si tú te haces esta misma pregunta. No sé si cuando te la haces, sueles esquivarla o por el contrario le haces frente. Puede que incluso aún encontrándote en ese grado de conquista de la propia vida que nunca creíste lograr, ese estado de cosas desde el que miras con cierta autoridad porque no hace mucho pensabas imposible de experimentar, puede que aún y con todo esta cuestión se deje caer de vez en cuando con la levedad de una hoja en otoño o con la fuerza de un rayo en mitad de una tormenta. Pero venga, vamos a profundizar un poco más. ¿Te sientes verdaderamente libre? ¿Libre de opinar, libre de ser, libre de elegir?

Hace tiempo que me ronda la cabeza la idea de escribir sobre esto, pero debo reconocer que siento más miedo que otra cosa porque sinceramente y desde ya te digo que creo que el concepto me viene grande. No soy filósofa, ni ensayista, esto es un blog de coaching y desarrollo personal y llego hasta donde llego. Pero lo voy a intentar.

Así que te diré lo que voy a hacer. Desmenuzaré el concepto y me quedaré con la parte concerniente a libertad para opinar y de resultas de esto, elegir que hago con mi opinión.

La semana pasada leí dos post que fueron como una gran señal de humo (no voy a decir del universo porque hasta yo misma estoy cansada de recurrir a este término, que es precioso, es poético y sinceramente me encanta pero creo que se ha prostituido) Pues eso, dos fantásticos post de Andrés Perez Ortega titulado El postureo de las opiniones

 

Y otro de Olga Ferrera titulado El acicalamiento social en las redes

 

En ambos, al menos esa es mi percepción, se hacen estas dos preguntas de manera implícita ¿Qué es lo que en realidad mostramos con nuestras opiniones y si eso que mostramos es absolutamente honesto con lo que somos, pensamos, sentimos y hacemos? Para ser coach, me ha salido una pregunta un pelín larga, así que le daré una vuelta.

  • Dime del uno al diez como es tu grado de honestidad cada vez que decides verter, compartir, dar una opinión propia en redes sociales.
  • Dime del uno al diez como es tu grado de honestidad cada vez que compartes, das una opinión en redes sociales sobre algo que alguien más ha escrito.

Sí, lo sé, me han salido dos. Pero el coaching es un proceso vivo que genera reflexión constante.Yo misma me he hecho la primera pregunta y luego me ha venido la siguiente sin a penas darme cuenta. Y de ahí una tercera y una cuarta pero esto no va de mi. ¿O sí? Yo también formo parte de este ecosistema porque yo genero contenidos y también comparto y opino, por tanto genero otra vez, contenidos asociados a los que otros han generado. Lo cierto es que yo al igual que Olga y Andrés e imagino que como mucho de vosotros, he comenzado a observar algo a lo que Andrés hace referencia con esta literalidad

Todo lo que lees en Facebook o en Twitter sobre personas, organizaciones o eventos parece que sólo tiene dos posibilidades. O es lomejorquehevistoenmuchosañosymehacambiadolavida o vayaputamierdaotravezmásdelomismo.

Para empezar, las generalizaciones no son justas, porque lo cierto es que esto de las redes sociales, como dice mi amigo Chema es como ir al bareto de toda la vida sabiendo a quien te ibas a encontrar, sabiendo ya de mano con quien sí y con quien no. Pero en esos baretos pasaban cosas, porque además de mucha hormona, mucha música y mucho humo, había almas, y había corazones deseando rozarse, sí, más tal vez que cuerpos.. Y había miedos y deseos y personas prodigiosas escondidas tras una absurda pose que como por arte de magia se instala en nosotros a modo de apéndice inservible al cumplir los 16. A algunos les cuesta toda una vida deshacerse de ese apéndice, a otros les va creciendo hasta que el apéndice les engulle literalmente

Volviendo a los bares, la verdad es que allí uno podía llevarse sorpresas. Que levante la mano quien no haya acabado haciendo amistad con alguien con quien no congeniaba para nada o incluso ligando con alguien con quien jamás pensó que acabaría intercambiando fluidos (grado de alcoholemia a parte, claro). Vale, que me estoy yendo. Quiero decir que no todo es como cuenta Andrés pero yo sí creo que bastante de lo que sucede sucede tal cual él ha descrito.

Leer:  De desarrollo personal y otras locuras

¿Estamos perdiendo nuestra capacidad crítica? ¿Estamos enganchados a una rueda en la que podemos estar empezando a marearnos? Porque si estamos dando sistemáticamente por bueno todo lo que nuestros amigos/folowers publican, sin sombra de crítica, las redes sociales habrán perdido su verdadero poder generador.

Y cuando hablo de crítica, por favor no me refiero a taladrar o hacer volar por los aires con actitud canalla y perdonavidas lo que otros publican porque de eso no va. No va de ser el más guay, el que más argumentos/datos/información esgrima, no va de voy a cargarme tu post para brillar yo. No va de ser el ‘troll’ más revientaperfiles de la red. No va de quítate tú pa ponerme yo. Ya sabes de qué tipo de personajes hablo, ¿verdad?

Va de atreverse a matizar o incluso contradecir si es necesario una visión o una opinión encontrada a quien habitualmente escribe cosas con las que disfrutas, aprendes, creces y te cuestionas. Con argumentos sosegados, con razones sostenidas, sí sostenidas desde la experiencia, con motivos, con educación, con genuina intención de aportar y debatir. Incluso con sentido del humor que es como el limón en el pescado congelado, refresca y quita pesadez….Y va de poder hacerlo independientemente de como la persona reaccione a esa crítica.

Por el mismo motivo, ser generosos y flexibles con nuestras propias razones y opiniones. Atrevernos a leer con ojos de verdad generosos a quien habitualmente escribe cosas que nos disgustan, o con las que habitualmente no solemos coincidir, por línea de pensamiento, por principios, por manera de comunicar, por lo que sea. ¡Quien sabe! puede ser que te pase como a Luz Casal y un día, sin querer, te encuentres con un diamante en un bar. Y si es así, comparte, haz el esfuerzo de darle visibilidad a esa persona que habitualmente no coincide, que se desmarca mucho de lo que tú opinas.

Te contaré un secreto, hay dos personas cuyas publicaciones no comparto. Deliberadamente. Primero porque no comulgo con su manera de estar en la red, con una de ellas además no comulgo con su manera de estar en la vida, pero es que además me parecen tremeeeeeeeendamente aburridas. Bueno el secreto no era ese. El secreto es que antes eran más, personas, digo, sí, prejuicios, etiquetas, recelos. Sí, lo reconozco. Me he ido abriendo, he ido probando pero creo que no lo suficiente porque quizás si lo hubiera hecho del todo, habría más críticas en mis comentarios y más post en mis muros.

Hace semanas publiqué esto Debatir en redes sociales o como aniquilar la escala de grises

La verdad, no ha sido uno de mis post más leídos. Es probable que no tenga la suficiente fuerza, que no haya sabido hacer planteamientos claros o que no haya sabido enganchar o llegar a las personas que pretendía. Es posible que haya sido un coñazo de principio a fin. O también puede ser que no haya funcionado como esperaba porque es una temática incómoda. Nunca lo sabré aunque me encantaría saberlo.

Si la causa de la poca repercusión es lo primero, tiene arreglo porque depende de mi, así que seguiré tratando de esforzarme cada día en escribir mejor, en transmitir mejor. Entendiendo también que no depende de mí el cómo se interpreta lo que hago, si gusta o no, si cala o no. Si es lo segundo, creo que debería seguir intentándolo, de hecho y por si acaso, aquí estoy. Creo que deberíamos plantearnos si estamos siendo todo lo críticos que deberíamos ser y sobre todo para qué dejamos de serlo.

Como dice Olga Ferrera ¿Te has parado a pensar si hay coherencia entre lo que haces en el 1.0 y lo que haces en las redes sociales? Pues a mi, es lo que me toca, pensar en ello.

Gracias @OlgaFerrera, Gracias Andrés (@marcapersonal). Y a vosotros, como siempre.

Gracias por seguir ahí.

 

 

 

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