It´s not about the money, it´s about the game

Gordon Gekko

(Wall Street, Oliver Stone)

Se pueden hacer las cosas con elegancia, respeto e inteligencia. Para eso es necesario no perder de vista ninguna de las tres. Parece evidente, ¿verdad? aunque en la práctica podría no serlo tanto. Confundir ambición con avidez es peligroso porque lo cierto es que no son lo mismo. La ambición es lícita, la avidez es oportunista. La ambición exige calma, sosiego y análisis. La avidez se alimenta del descuido ajeno, del atropello propio, de la falta de análisis, de la falta de cuidado.

Vivimos un tiempo de autorreivindicación constante. De sublevación de algunos, cada vez más, ante ese estado actual de cosas que trata desesperadamente de sostener la vieja idea de que el sistema debería darnos todo hecho y masticado y que cuando no sea así hay que sacar el cuchillo y ponerlo entre los dientes. La vieja idea de esperar a que una empresa te contrate, de confiar en un estado que pueda subvencionarte si lo necesitas y de pretender un entorno seguro y constante.

Muchos ya sabemos que eso ya no existe. Y que honestamente, de existir, sería una verdadera trampa ya que convierte a las personas en meros instrumentos de un sistema donde unos pocos deciden diseñar la vida del resto. Vivimos en la era de la responsabilidad individual te asuste más o menos te guste o no. Pero eso nada tiene que ver con salir a la calle como si fueras Orzowei.

Así que sí, estamos en la era de la autorreivindicación, del do it yourself, del háztelo tu mismo, del trabaja sin descanso y sin miramientos por la conquista de la vida que mereces. Y eso es fabuloso, ese es el espíritu que ha movido las grandes mentes de mujeres y hombres que han hecho al mundo girar y evolucionar. Se han escrito miles de libros y artículos sobre la importancia de no desfallecer jamás en la búsqueda de un sueño.

Mientras yo escribo este post, miles de conferenciantes en todo el mundo están hablando para cientos de miles de personas sobre la importancia de llevar tu sueño hasta el final. De no desfallecer pase lo que pase, de no detenerte pese a los obstáculos que puedas encontrar en tu camino.¿Hasta las últimas consecuencias? Y eso ¿Qué significa exactamente? ¿Qué implica? Creo que es importante pararse a reflexionar sobre eso.

Por si este último párrafo da lugar a malos entendidos, aclararé que no estoy diciendo que las charlas motivacionales alienten a las personas a perder de vista lo esencial olvidando el más básico de los pilares de la ética, el respeto. Primero porque sería injusto además de falso. Segundo porque supondría tratar a las personas que acuden a este tipo de charlas como seres incapaces de pensar por sí mismos o discernir lo que está bien y está mal. Por supuesto que lo son. Si algo me enamoró del coaching desde el minuto uno fue la defensa incansable de la idea de que todo ser humano tiene las respuestas a cuantas cuestiones se plantee. Posee conocimiento y sabiduría en su interior.

Pero sí que pueden darse situaciones en las que obsesionado con el árbol, ya no tengas ojos para ver el bosque. El problema aparece cuando las personas llegan a desconectarse completamente de su esencia en esa búsqueda incansable e inflexible por conquistar su objetivo, por vivir una ambición desmesurada que les hace cometer errores en muchos casos irreparables. El problema está cuando alguien comienza a utilizar la frase “efectos colaterales” para justificar comportamientos deleznables. Como si una persona fuera un efecto colateral en este bacanal del todo por un sueño. Ese bajo mi punto de vista es el punto de no retorno.

La ambición bien entendida, es el deseo genuino de procurarse un logro, de buscar metas elevadas, de ocupar un lugar en el mundo mejor del que estás ocupando ahora. Es lícito ambicionar la abundancia y la prosperidad, igual de lícito que ambicionar ser mejor persona te sitúe donde te sitúe esta elección. La ambición pasa por darse permiso para desear lo que uno quiere. Pasa por sentirse merecedor de aquello que ansiamos.

Leer:  ¿Qué ocurre en tu cerebro para que nada ocurra en tu vida?

Cuando ambicionamos algo, estamos diciendo a nuestro yo interior que deseamos emprender el camino de multiplicar nuestras capacidades y por tanto nuestras opciones. Estamos evidenciando esa necesidad intrínseca al ser humano de superarse a sí mismo. Cuando ambicionamos, de un modo u otro estamos diciendo que no queremos permanecer en ese estado de cosas, que sentimos que algo mejor o superior es digno de ser conquistado. Nos estamos diciendo de un modo u otro que hay algo mejor a lo que merecemos aspirar.

En definitiva, la ambición pone de manifiesto nuestros recursos, nuestra capacidad de esfuerzo y superación, nuestro compromiso con dar lo mejor para conseguir lo mejor, la abundancia genuina que busca para los demás lo que quiero para mi. La ambición no puede ser enemiga del respeto, o la dignidad. Si existiera una justicia poética, nadie que sea capaz de pisar a otro debiera merecer ningún éxito profesional, desde ese mismo instante, ha dejado claro que el éxito personal, es algo a lo que no aspira.

José Mugica dijo que el poder no cambia a las personas, sino que revela quienes son en realidad. Soy de la opinión que pese a la verdadera naturaleza que pueda ocultar cada uno, comportamientos como la codicia o la avidez de poder pasan factura a quienes la aplican. Y al final el azufre que has derramado para otros, empieza a arder dentro porque en realidad tu ph también reacciona ante sustancias nocivas. Y ese será el momento en el que quizás ya no haya vuelta atrás. En el momento que utilizas el término efectos colaterales para justificar el trato inapropiado a una persona que se interpone en tu camino, comenzará una guerra dentro de ti de la que ya no sabrás salir.

Jamás estarás tan perdido como cuando te hayas perdido de vista a ti mismo.

Y hay personas que están viviendo en un ph ácido día tras día, ocupando puestos de responsabilidad, influyendo sobre otros, trasladando ese modus operandi a terceros. Gracias a un magnífico post publicado ayer por Javier García en Sintetia que habla del binomio sensibilidad-management presente en las nuevas formas de liderazgo, tuve acceso a otro interesante artículo basado en los estudios de dos universidades americana y australiana, titulado El 21% de los directores generales son psicópatas. Según estos estudios:

Para los psicópatas, el éxito empresarial es un juego y no les importa si violan la moral. Se trata de conseguir lo que quieren en la empresa y tener dominio sobre otros. The Thelegrah

Ya lo decía Gordon Gekko, el tiburón de Wall Street encarnado por Michael Douglas: “No tiene que ver con el dinero, tiene que ver con el juego” Tiene que ver con el juego de poder, del poder sobre otros. No hay poder sin ambición. Pero hay ambición que no desea el poder.

Si hablamos de que la ambición pone de manifiesto nuestros recursos, la voracidad pone de manifiesto nuestras carencias.

Y no, desgraciadamente no todo el mundo decide hacer las cosas con elegancia y respeto. Algunos pueden pensar que a veces no hay tiempo para andarse con remilgos, que en ocasiones puede haber justificación para el atropello, que la avidez puede incluso ser necesaria en un mundo en el que todo va tan rápido. Que en ocasiones, uno quiere pero no puede.

Joaquin Sabina escribió: para la ternura siempre hay tiempo. Yo creo que para hacer las cosas con elegancia y decencia, también. Dependerá de como hayas entrenado el alma.

Gracias por seguir ahí.

 

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