Jueves por la mañana, ante mis ojos mi portátil, mi cuaderno de Mr Wonderful , algunos post con anotaciones y una taza de café vacía. Ayer me pasé la tarde delante del teclado sin ser capaz de escribir una sola línea. Así que como mis hados han escuchado mis plegarias, esta noche tuve un sueño que ha sacudido mis neuronas y me ha puesto en bandeja el tema para la entrada de hoy. Muchas gracias, os quiero, estéis donde estéis!

El sueño o lo que recuerdo de él duró a penas 1o 2 minutos. Estaba yo dando una conferencia sobre coaching y al terminar cuando educadamente invitaba a los asistentes al turno de preguntas alguien me hacía la siguiente : ¿Tienes la sensación o has notado en la práctica de tu profesión que las personas a veces evitan darse cuenta del alcance de los problemas a los que se enfrentan? ¡Bingo! Un coach enfrentándose a una pregunta poderosa que él no ha planteado.

No recuerdo quien hacía la pregunta, creo que ni tan siquiera aparecía una cara en mi sueño, tampoco recuerdo si era hombre o mujer si su voz era agradable o no. Sólo alguien que planteaba aquella pregunta que de haber tenido yo misma la capacidad de elegir , jamás se me habría ocurrido plantear.

En ese mismo instante me desperté, sin haber escuchado la respuesta brillante que mi yo onírico le hubiese contestado. Este era el reto, me dije rápidamente y comprendí la trampa que me habían puesto mis hados. Claro, a ver que te piensas, nosotros te planteamos la pregunta pero tu te vas a currar la respuesta. Y con este diálogo interno me levanté de la cama hoy.

Bien, la respuesta es sencilla, en general sí. La pregunta era cerrada, yo bien podría contestarla con un sí o con un no, pero entonces se habría acabado el post de hoy y mis hados estarían furiosos por mi vagancia y nunca jamás me echarian un cable, Así que decidí estirar un poco más la neurona tra el café y ser un pelín más generosa con la respuesta

La lectura que yo como coah hago de esta tendencia a suavizar consciente o inconscientemente situaciones que deben abordarse con la crudeza o gravedad con que se presentan es que en la mayoría de las ocasiones hay una falta absoluta de autonocimiento de los recursos propios. Como no sabemos cuáles son esos recursos, no somos capaces de identificar tan siquiera como abordar el problema o que estrategias tomar para enfrentarlo. Lo que hacemos es suavizarlo, restarle la importancia que tiene y no atender a las consecuencias que acarreará la no solución. Incluso obviarlo como quien mete el polvo debajo de la alfombra, esperando a que desaparezca como por arte de magia.

Carl Rogers, una de las mentes que más ha aportado a la psicología humanista habla de la importancia del autoconocimiento o de la conciencia de uno mismo para desplegar plenamente nuestro potencial. En este sentido el coaching, que bebe de distintas fuentes, como la filosofía o la psicología , se convierte en una herramienta fundamental a la hora de capacitar de autonomía a las personas para que sean capaces ya no sólo de solucionar sus problemas actuales si no de plantearse las preguntas apropiadas que les ayudarán a solucionar los futuros. A través del conocimiento de uno mismo seremos capaces de llegar a la conciencia y a la responsabilidad personal. John Witmore dice en su libro Coaching
“escuchar y obedecer la vocecilla interior con la antelación suficiente puede ser el modo de evitar una crisis y ciertamente el coaching puede ayudarnos a conseguirlo y a mantenerlo”

Verdaderamente el coaching no es una varita mágica solucionadora de problemas. No, es algo mucho mejor. Ahora si me lo permites, vamos a jugar un rato. Imagina que en una tienda de antiguedades encuentras un artilugio y por casualidad descubres que tiene los poderes de una varita mágica, imagina que te la llevas a casa además por un módico precio (nadie ha descubierto aún que se trata de un artilugio con poderes ).

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Naturalmente ese objeto se convertiría en tu tesoro más preciado. Imagina que además tienes suerte y durante semanas funciona a la perfección. Y luego imagina que alguien lo descubre y te la roba, o la pierdes en un incendio o sin más, como vino se fue….al fin y al cabo el comportamiento de una varita mágia es impredecible, todo el mundo sabe que son de naturaleza caprichosa.

Una vez asumida la pérdida y pasado el disgusto inicial, pensarás que al menos habrás conseguido solucionar seguramente unos cuantos problemas, si has sabido usarla y no sólo le has pedido dinero, que tu equipo favorito gane la liga o no enfrentarte a un despido. Espero que no hayas sido de esos… Pero ahora ya se acabó, se esfumó ya no podrás recurrir a ella para solucionar problemas, es más, habrás perdido la capacidad de pensar con estrategia puesto que cada vez que sacabas aquel instrumento de su funda, la magia comenzaba a funcionar y tu simplemente tenías que esperar a disfrutar de sus poderes, te convertiste en un mero observador. Observador de la magia de otros.

 

 

Ahora piensa qué hubiese sido mejor, ¿encontrar una varita mágica o directamente haber aprendido a hacer magia tu mismo? ¿ Depositar la sabiduría en manos ajenas o llevarla dentro de ti? ¿Confiar en otros la solución a tus problemas o tener la capacidad de solucionarlos por ti mismo? Siguiendo con el símil, el coaching te enseña a utilizar los trucos necesarios para que tu vida sea el espectáculo de magia más efectivo, deslumbrante y genuino que hayas soñado jamás. Ahora piensa, para qué querrías una varita mágica si puedes ser tu el mago.

Gracias por seguir ahí.

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