Sólo los tontos creen que el silencio es un vacío. No está vacío nunca y a veces la mejor manera de comunicarlo es callando

Eduardo Galeano

 

Si alguna vez has querido ser otro, en concreto, alguien mucho menos introvertido, este artículo es para ti.

Ahora déjame que te haga algunas preguntas:

¿Cuántas veces has acudido a una reunión de trabajo en grupo con alguna propuesta que era pura innovación y te has vuelto a tu mesa sin haber encontrado ocasión para hacerlo?  ¿En cuantas de estas ocasiones el motivo de no hacerlo ha sido porque otros se han adelantado a exponer y has decidido que no había espacio para tanto o para más?

Déjame que te haga otra más, de todas esas veces; ¿cuantas tenías muy muy clara tu propuesta antes de empezar pero en cuanto ha comenzado el brainstorming colectivo te has bloqueado, simplemente te has visto incapaz de pensar y has dado un paso atrás con la sensación de que todo el trabajo previo individual y silencioso se ha perdido en el mar de la “colaboración”? En ese ir y venir de ideas dispares soltadas a bocajarro, manos al alza, pizarras de cristal, postits de colores y música chillout de fondo.

Déjame adivinar, quizás el primer pensamiento que te llega a la cabeza en esas situaciones sea este; ¿por qué dudas, por qué muestras tanta inseguridad ante algo que tenías tan claro?  Como siempre, nuestra querida mente de nuestro lado cuando más la necesitamos, como un amante caprichoso que te da y te quita a su antojo….

Y quizás haya algo de esto, quizás seas una persona con un alto nivel de inseguridad a la que le cuesta mostrarse, compartir, aportar, tomar decisiones, tomar partido abiertamente o cuestionar la opinión de otros ante otros. Eso sería otro tema y deberías trabajar en ello.

Pero, un segundo, ¡yo no soy de esos! puedes estar pensando ahora. En cambio, sí me define lo que acabo de leer al inicio de este post.

Pues entonces, déjame que te diga algo, lo sepas o no, eres una persona o predominantemente introvertida.  No sufras, no estás solo, sois muchos y además hacéis un trabajo muy valioso. De hecho, sois tan necesarios como lo haya podido ser el nitrógeno líquido en la revolución culinaria de Ferrán Adriá.

Cualquiera que se asome a la red, hablo fundamentalmente, de redes sociales profesionales y sea un gran introvertido, sufrirá con seguridad vértigo y ansiedad ante conceptos como trabajo colaborativo, trabajo en equipo, co-crear, liderazgo compartido, braim estorming, etc

Los introvertidos del siglo XXI, no son capaces de encontrar su sitio en un mundo que ha decidido quitar tabiques, abrir despachos, mezclar pupitres o jugar a la silla con una nariz de payaso en una convención de empresa.

En ocasiones son tomados por antipáticos y engreídos. En esta época en la que nos ha tocado vivir, la era conceptual, la era de la comunicación exacerbada, la interconexión y la sobreexposición, el tiempo de las oficinas que parecen lofts, las jornadas outdoor y las reuniones de trabajo realizadas en un chaise-long, un introvertido siente lo mismo que sentiría cualquier persona que llega disfrazado a una fiesta en la que nadie más lo está.

Toda esa orgía de estímulos externos simplemente no encajan con el esquema de conducta de los introvertidos que  pueden percibir que están fuera del mundo, que no están entendiendo nada, incluso pueden llegar a sentirse culpables por no ser capaces de encajar en ese patio de colegio en el que parece que han querido convertir algunos el lugar de trabajo, especialmente el que ocupan los llamados trabajadores del conocimiento, concepto fabulosamente explicado por Daniel Pink en su libro Una nueva mente.

Lo cierto es que los introvertidos no son antisociales, un introvertido no es necesariamente una rata de biblioteca, o si y ¿Dónde está el problema? Simplemente tienen una forma distinta de socializar, de relacionarse, su mapa del mundo es otro.

Simplemente necesitan el silencio y la soledad para pensar, necesitan conectar consigo mismos para ser creativos. Son más efectivos alejados del mundo en su desempeño laboral y se sienten mucho mejor comentando una novela o una película con una persona cercana y conocida que liderando una reunión en el club de amantes de las hortensias

 

¿Por qué nuestra sociedad premia constantemente al extrovertido?

Esto es así, todos lo hemos visto y comprobado, nuestra sociedad premia al extrovertido, al aglutinador, al gurú al que todos siguen, al animal social al que todos quieren parecerse. Admiramos la naturalidad en sus interacciones con los demás, lo amistoso y arrollador de su manera de relacionarse.

Y no cabe duda de que ser extrovertido es una cualidad fabulosa, pero no es el único modelo válido, no debería de ser necesariamente el modelo a seguir, no cuando es de manera forzada, no deberíamos educar a todos los niños para que forzosamente sean extrovertidos cuando no lo son. Repito, no es el único modelo con garantía de éxito. Puede contribuir al éxito social, pero ¿y el resto?

Leer:  Un congreso, un escarabajo llamado Jung y grandes descubrimientos

Hay estudios que hablan de que el modelo ideal sería el ambivertido es decir, aquella persona capaz de mostrar introversión y extroversión cuando la situación lo requiere. Porque por descontado que los extremos nunca son buenos. Un extrovertido en exceso puede tener problemas para poder concentrarse y pensar con claridad cuando no está recibiendo los estímulos necesarios. También puede ser impetuoso en exceso. Un introvertido en exceso puede parecer retraído, tímido e inseguro. Puede mostrar un grado de reactividad superior al deseado.

Pero es muy cierto que hay tareas, situaciones y momentos en los que la personalidad introvertida es necesaria, la que aporta valor y marcara la diferencia, la que todos querríamos tener.

Esto lo explica fabulosamente bien Susan Cain en su conferencia Ted Talk El poder de las personas introvertidas. Dónde, para qué y en qué situaciones la personalidad introvertida puede aportar valor y marcar la diferencia,

 

¿Qué pasa en el cerebro de introvertidos y extrovertidos?

El extrovertido canaliza su energía en contextos sociales, el introvertido huye de ellos.

Un introvertido se tomará las cosas con calma y desconfiará de los impulsos. Es generalmente reflexivo y realmente no necesita de los demás para sentirse contento, reconocido o acompañado.

Los introvertidos suelen tener un mundo interior lo suficientemente basto como para no necesitar de continuos estímulos externos. Porque de eso va el asunto. Los extrovertidos necesitan un mayor nivel de estímulos externos para sentirse mejor, como rodearse de personas, de ruido, de ambientes donde las cosas suceden rápido y suceden a la vez. Imputs externos en definitiva. Es lo que les alimenta, es el combustible que activa su corteza cerebral.

En cambio los introvertidos no necesitan esa clase de estímulos, más bien les saturan . Ahora sabemos que el funcionamiento cerebral de unos y otros es distinto.

Este descubrimiento se lo debemos a Eysenk psicólogo inglés de orgen alemán. Eysenk ha sido de los pocos que se ha dedicado a estudiar los mecanismos neurofisiológicos que explican las diferencias entre las personalidades introvertida y extrovertida.

Algunos estudiosos del tema comentan que esta teoría no profundiza o no ha tenido suficientemente en cuenta aspectos como la motivación o el impacto que las distintas situaciones tienen en las personas pero lo cierto es que si que ha arrojado luz a la pregunta de ¿Qué pasa en el cerebro de introvertidos y extrovertidos cuando reciben estímulos?

Eysenk,  recoge estas diferencias en lo que él llamó SARA Sistema de Activación Reticular Ascendente. Para que nos entendamos, el descubrimiento se centra en que los introvertidos poseen un elevado nivel de activación cortical de serie, por tanto, la estimulación exterior excesiva les impide regular la propia.Su corteza cerebral está ya suficientemente activada sin falta de estímulos externos.

Los introvertidos además, muestran mayor reactividad no sólo ante estímulos intelectuales sino también ambientales, sonidos, temperaturas, etc.

Por otro lado, esta mayor activación cortical hace que su capacidad de procesamiento sensorial sea más efectiva y más rápida. Son mentalmente más ágiles y se muestran más atentos a la hora de asociar distintas ideas  y situaciones porque su nivel de alerta es más elevado. Su mecanismo ante estímulos externos que alteren su orden interior está siempre como un semáforo en rojo. Por tanto tienen una mayor capacidad de realizar tareas que requieran un alto grado de concentración.

A lo largo de mi experiencia en la práctica profesional del coaching, bien trabajando con mis clientes o con los alumnos de la Escuela que dirijo me he encontrado con introvertidos que desearían fervientemente no serlo, que se niegan a si mismos, que quieren ser lo que no son.

Que ven esa cualidad como un castigo  contra el que revelarse, algo que debería ser modificado, aniquilado, cambiado. Ser extrovertido sería lo mejor que me podría pasar, piensan algunos.

Hasta que descubren lo útil, bonito, singular y fascinante de ese tipo de personalidad. Hasta que descubren dónde es útil serlo, en qué momentos o situaciones les ha beneficiado serlo y cómo además de todo eso, esa capacidad de mirar hacia dentro, de profunda conexión consigo mismos les resulta tremendamente favorecedor a la hora de conectar con su interior para desarrollarse y crecer. Al fin y al cabo, ese es un trabajo que sí o sí hacemos solos.

Así que enamórate del intovertido que llevas dentro quizás sea una de tus historias más apasionadas.

Gracias por seguir ahí.

 

 

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