“El propósito del miedo es mejorar tu conciencia pero no detener tu progreso”

Hoy es uno de esos días en los que tengo exceso de ideas. Si, me pasa a veces. Tan pronto me siento delante de la hoja en blanco con la sensación de que no tengo nada interesante que decir como me ocurre todo lo contrario. Días en los que mi cabeza es una verbena de pensamientos sin orden ni concierto que pugnan por salir a bailar, a ocupar el centro de la pista, todas a la vez, reivindicando la necesidad de llamar la atención por encima del resto. Sin miramientos, a codazos.
Yo, siempre tratando de huir de la mala educación, el desorden y el ruido y a veces permito que el desorden, el ruido y el capricho campen a sus anchas dentro de mi cabeza.

Uno de esos días en que el miedo ante la hoja en blanco hace acto de presencia de puro bullir de ideas irreconciliables.

Os aseguro que en ocasiones, no tener ideas me resulta menos complicado que tenerlas en exceso. En ese primer caso y siguiendo la máxima de que todo viaje comienza con un primer paso y que no hay mejor cosa que empezar para ponerse en marcha, busco una primera frase que invite a seguir con la segunda y así sucesivamente hasta que cuando me doy cuenta, el post ya está escrito.
Hoy estoy padeciendo lo que en coaching llamamos “parálisis por análisis” que no es otra cosa que la incapacidad de ponerse en marcha por un exceso de pensamiento analítico ante una situación a solventar o una tarea a acometer.
La cosa empezó más o menos así. Primero estaba decidida a escribir sobre creatividad pero las ideas se agolpaban y temí no saber enfocarlo de modo que resultase útil, comprensible (cuando espeso, espeso mucho) y ameno. En este caso, mi atención estaba centrada en las expectativas que evitan mi avance en vez de la tarea en si. Es decir, mi foco estaba en el resultado mucho antes de haber empezado a escribir.
Entonces, pensé en compartir alguna herramienta de coaching que pudiese ser útil pero entre varias no supe elegir la más apropiada y decidí que hoy no era un día para ponerme demasiado academicista. Me aburriría enormemente y por tanto te aburriría a ti. De nuevo, la atención centrada en las expectativas que evitan mi avance.
Y aburrirte, sería lo peor de lo peor porque la pretendida utilidad de este post se quedaría reducida a la nada si no consigo conectar contigo ni mantener tu atención. Si, has acertado, atención centrada en las expectativas que evitan mi avance..¡presente!
Cuando damos protagonismo a nuestra parte analítica, es decir, cuando pensamos demasiado y analizamos en exceso, dando permiso a nuestro cerebro izquierdo para que asuma el mando estamos relegando a un segundo plano a nuestra parte derecha, aquella donde habitan la intuición y el instinto. Aquella a la que le gusta probar cosas nuevas, arriesgar. Aquella para quien el futuro no existe y por tanto disfruta plenamente del instante.
Aquella que se divierte ante lo desconocido y se ríe hasta partirse por la mitad de los juicios y de las expectativas futuras que tanto mortifican a su vecina del lado izquierdo. Aquella a la que le gusta bailar desnuda por el placer de fluir con el universo sin preocuparse de quien mira o qué piensa quien la mira.

Leer:  Marca la diferencia, baila tu propio ritmo

Nuestro cerebro derecho es el amigo juerguista, despreocupado y feliz que pone color a nuestros días y consigue hacernos reír hasta en los momentos más dramáticos.

Cuando damos protagonismo a nuestra parte izquierda, estamos evitando fluir en el momento y al final, presos del resultado futuro, un futuro que aún no existe y un resultado que no será si no avanzas, evitamos que las cosas pasen, que las ideas se plasmen, que nuestros anhelos sean dichos o compartidos o nuestros planes llevados a cabo.
Hoy, en un momento dado decidí fluir. A veces, el valor de un instante es poderoso.

Y entonces me permito escribir sobre lo que estoy viviendo ahora, en este mismo momento, que es experimentar la frustración que provoca el no poder avanzar y compartir contigo los mecanismos que intervienen en este hecho. De modo que a partir de ahora puedas identificarlos cuando se presenten para que no se adueñen de la situación o al menos puedas ser consciente de las consecuencias que tendría para ti el dejar que eso suceda.
Si yo hubiese dado pábulo a la Sra Rotenmeyer, hubiese cerrado el ordenador hace un buen rato esperando a que la cordura y el orden hiciesen acto de presencia para hacer el post más ordenadito, útil y riguroso posible. Y quizás lo habría conseguido, pero lo que es seguro, es que no habría disfrutado escribiéndolo y seguramente , tu tampoco leyéndolo.

Y aunque suelo ser bastante infiel cuando se trata de abrazar las promesas que me hago a mi misma , por aquello de alimentar la contradicción que tantas satisfacciones me da , hace algunos meses, justo los mismos que cumple este blog, me prometí que el día en que no fuese capaz de disfrutar escribiendo mis posts, dejaría de hacerlo. En este caso no sólo voy a ser fiel, sino leal. Espero además, haberte sido de ayuda.

Gracias por seguir ahí.

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