“Y llegó el día en el que el riesgo de permanecer cerrada en el capullo era más doloroso que el riesgo a florecer” Anaïs Nin

 

Preciosa metáfora sobre el miedo a perder frente a la oportunidad de ganar. Quizás seas de los que imagines a una Anaïs Nin perdida en un mar de dudas, preparándose para el dolor que inevitablemente llegará de una forma u otra. Tal vez deseando no tener que verte nunca en una situación así.
O quizás en el fondo, deseando reunir el valor necesario para en algún momento de tu vida, hacer tuyas esas palabras. Porque pese al miedo, es muy complicado seguir siendo capullo de seda cuando sabes que puedes ser mariposa.
Por otro lado, tal vez seas de los que ve la imagen misma de la liberación, la fuerza imparable de alguien que se revela a jugar las cartas que le han tocado al repartir la baraja. Verás posibilidad de crecimiento, plenitud y catarsis, el sufrimiento inevitable visto como un mal menor y necesario. Verás oportunidad. Y en esa visión todo resultará tan real que te preguntarás cómo es posible que aún estés dudando. Cómo es posible que ante ese latido tan nítido y revelador no decidas sacar la cabeza y por fin respirar hasta que el aire inunde tus pulmones.
No importa en qué grupo estés, la sombra de la incertidumbre estará presente. Sólo que en un caso será castradora y en otro una aliada.
La incertidumbre, esa sensación universal de falta de control, tan estrechamente ligada al miedo a lo desconocido. Aunque si somos sinceros con nosotros mismos, si por un momento nos permitiésemos salir a la intemperie, deberíamos reconocer que si bien en la certidumbre hay seguridad y control, desde luego lo que no hay es posibilidad de crecimiento y jamás oportunidad. Humildemente creo que perder una oportunidad es una de las cosas más tristes que nos pueden pasar. Deja pasar una oportunidad por no haber tenido el valor de aprovecharla o no haber estado atento para reconocerla es entristecedor.
Recuerdo una tarde de domingo con mi padre cuando yo era pequeña. Yo llevaba toda la tarde lamentándome de que me aburría, de que estaba harta de ir todos los domingos al monte. Mi padre me convenció para que fuésemos a cazar grillos. Accedí a regañadientes. Y cuando llevábamos un rato con la oreja pegada a la yerba atentos al canto de algún grillo, apareció sobre una piedra un saltamontes de un color verde imposible, enorme, espléndido. Mi padre se agachó y me dijo con aquella sonrisa; ¿ves lo que puede pasar cuando sales a cazar grillos?

Las oportunidades se esconden en la incertidumbre

Porque si fuesen certezas ya no serían oportunidades. Ya no habría descubrimiento, ya estaría hecho, vivido, manoseado.
Está comprobado que el miedo a la pérdida es más fuerte que la esperanza de ganar algo de valor similar. Es curioso que el miedo a no descubrir, el miedo a no vivir, a no experimentar con mayúsculas no se imponga como un niño caprichoso al temor de perder lo que ya conoces. Debería de ser al revés, quizás nuestra raza no hubiese sobrevivido. Quizás un mundo de kamikazes mariposas sería inhabitable. Me gusta pensar que no. Me hubiese gustado conocer ese lugar.
Pero volvamos al día a día, cuando me pongo a soñar a veces vuelo tan alto que necesito bajar poco a poco hasta que mis pies vuelvan a posarse en la tierra.
Por supuesto que no se pueden hacer las cosas de manera inconsciente sin sopesar las consecuencias, pero desde el mismo momento que te haces estas preguntas: ¿Me arriesgo a perder algo que ya tengo? ¿O pierdo la oportunidad de tener algo que deseo? ¿No crees que hay algo que deberías revisar?

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El coaching te permite disfrutar del poder de la transformación

Analiza bien qué tienes ya para conseguirlo, qué más necesitarías, visualízate en ese escenario y luego ten el coraje de hacer lo que tengas que hacer. Porque todos sabemos que si tú no lo haces, nadie lo hará. Puede que no salga a la primera, no pasa nada, somos humanos, estamos aprendiendo, tenemos derecho a EQUIVOCARNOS y a volver a empezar, a rectificar y a decidir lo que somos o en qué nos queremos convertir. Nadie debería conformarse con habitar el cuerpo de una oruga cuando puede florecer como una mariposa.

Puedo que no puedas hacerlo solo. Puede que necesites ayuda. El coaching te permite vivir esa transformación desde la consciencia. Para un coach disfrutar de ese espectáculo es un regalo inmenso.

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Puede que el camino no sea fácil, todos ya sabemos que no lo es, pero dime si hay una sola cosa en este mundo que merezca la pena y que no requiera de cuidado, mimo, esfuerzo, superación y belleza escondida tras el dolor . Porque en el dolor también hay belleza si el sufrimiento es el camino a un escenario deseado.
Y cuando estés exactamente donde quieras recordarás a todas aquellas personas que te dijeron que seguramente no lo conseguirías, incluyéndote a ti mismo. Ten por seguro que para entonces ya no te importará. Porque serás más fuerte y ya no estarás asustado, ya sabrás muy bien de lo que habrás sido capaz.

Y tú, ¿estás decidido a dejar de ser oruga?
Gracias por seguir ahí.

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