Si tu única herramienta es un martillo, tiendes a tratar cada problema como si fuera un clavo.

Abraham Maslow

Hace unas semanas, grabando una entrevista sobre mi trabajo como coach con la PTA para un reportaje sobre coaching en Asturias que se emitirá a lo largo del mes de marzo, la periodista, Arancha me preguntaba qué es lo que hace exactamente un coach, más bien la pregunta fue algo así como ¿cómo hacéis todo eso que decís a lo largo de una sesión de coaching?

Y es que a simple vista y dependiendo de quien lo cuente, puede parecer muy sencillo o muy complicado. Pero lo cierto es que a lo largo de un proceso de coaching, han de ser desplegadas por parte del coach muchas competencias y habilidades que requieren, formación específicaentrenamiento y preparación.

Por eso una sesión de coaching no es barata, por eso hay que formarse debidamente para ser coach, por eso un coach debe tener supervisión frecuente por otro coach con más experiencia. Por eso, ser coach es una de las profesiones más apasionantes que puedan existir si eres un apasionado de la conducta humana y te gusta preguntarte cosas.

¿Supervisión? ¿Es lo que parece? Lo de la supervisión en coaching es algo que a mucha gente le sorprende. Y no es para menos, porque lo cierto es que no es una práctica frecuente. No creo que haya demasiadas profesiones (no me voy a aventurar a aseverar por si acaso) en las que un individuo decida deliberada y libremente que su trabajo sea supervisado y por tanto analizado y valorado por otra persona con un grado de experiencia superior con el que no tiene una relación laboral directa. Pues en el coaching sí se hace, o al menos, así debería de ser.

Porque en un proceso de coaching lo más interesante no es atender a lo que está si no a lo que no está. No sólo hay que crear un clima apropiado, mostrarse confidente y discreto. No sólo hay que conocer las herramientas y habilidades que requiere la praxis adecuada. Hay que tener la suficiente capacidad como para extraer lo importante de toda la información que nos da el coachee. Y en la mayoría de los casos, como digo, lo importante no es lo que se dice sino lo que se calla. Y lo que se calla se puede percibir a través de la emocionalidad del coachee. Además de eso, también hay que tener en cuenta qué emoción está despertando en el coach lo que siente su cliente. Y cómo todo eso convive y se ensambla en beneficio del proceso.

Por tanto, un proceso de coaching es un sistema vivo en el que hay dos personas (o más si la sesión es grupal) que sienten y sienten de manera distinta con emociones distintas, en distinto nivel de intensidad. Podemos concluir con que, un proceso de coaching es un baile constante de emociones, estados de ánimo, análisis de conductas e intercambio de información y aprendizaje en dos direcciones.

Así que obviar esto y no estar atento a qué experimenta y qué siente el coach durante el proceso y como este “vivir el proceso” afecta queramos o no al cliente, es conformarse con una práctica cuanto menos, insuficiente.

Actualmente, me encuentro siguiendo un proceso de supervisión dirigido por dos de los consultores y coaches que sin ningún género de dudas, más saben de todo esto. Manuel Seijo y Juan Carlos de la Osa, ambos actualmente y entre otros proyectos, son las personas encargadas de formar en habilidades de coaching a todos los entrenadores de la Cantera del Real Madrid, para que éstos puedan desarrollar además de su parte técnica, su parte emocional y de relaciones con su entorno y puedan por tanto desarrollar y hacer crecer a los chavales que entrenan en esas mismas habilidades emocionales, tan importantes en estas edades y más si cabe en esos entornos.

¡Podéis imaginar el lujo que supone para mi trabajar con Manuel y Juan Carlos!

Según las distintas asociaciones AICM, ICF, AECOP, etc, hay distintas competencias que todo coach debe desarrollar, cada asociación se refiere a ellas con nombres distintos pero al final la pregunta es ¿Qué debe saber hacer un coach? ¿Qué es lo que estoy aprendiendo y constatando con este programa de supervisión que desde luego y desde aquí recomiendo a todo coach o consultor?
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¿Qué debe saber hacer un coach?

Escuchar desde la aceptación. Escuchar mostrando absoluta atención a lo que el cliente comunica con su lenguaje verbal y no verbal y teniendo muy presente la comunicación tácita, aquella que nos dice mucho más de lo que el cliente expresa. Aceptar es mostrar incondicionalidad al cliente, es no emitir juicio, es poder generar un espacio de confianza multiplicador de opciones. Es estar atento a la propia rigidez mental. Es traer la atención a lo que acontece, a centrarse más en el cliente que en el problema.

Medir.  Todo lo que no se mide se devalúa en cambio, lo que se mide, se puede mejorar. El coach que mide hace que su coachee reflexione o “repiense” sobre el diseño de sus objetivos de modo que se conviertan en concretos y medibles. Ayuda al cliente a establecer comparaciones cuantitativas y cualitativas. Establece orden de prioridad sobre lo que el coachee está viviendo y experimentando. Obtiene feedback de los progresos de su cliente de modo que él también pueda medir en todo momento su efectividad.

Clarificar. Consiste en eliminar confusiones y minimizar incertidumbres de modo que pueda mejorar la confianza del cliente. Es trabajar creencias que limitan al coachee y hacer distinciones entre lo que le sucede al coachee en su interior y lo que sucede al sistema con el que se relaciona. Conseguir que el cliente reflexione sobre su propia realidad. Es facilitar un pensamiento divergente, aquel que genera ideas creativas mediante la exploración de muchas opciones. Clarificar también es dar espacio al silencio que permita sentir y pensar.

Confiar.  Es estar centrado en la, plenitud del cliente. Confiar ciegamente en su potencial. Es establecer las  bases sobre lo que va a esperar el uno del otro (cliente de coachee y coachee del cliente). Es mostrarse volcado y comprometido con el cliente y hacérselo saber con el lenguaje verbal y no verbal. Confiar es darle espacio al cliente para que se sienta el centro de la sesión. Es generar preguntas abiertas que exploren opciones, que clarifiquen emociones. Es crear un entorno donde coach y coachee fluyan desde la individualidad creando un contexto favorable para la consecución del objetivo del coachee.

Temporalizar.  Consiste fundamentalmente en estar presente, fomentar el aquí y el ahora. Es ayudar al coachee a reconocer sus recursos, sus potencialidades. También es acompañarle en el proceso de aceptación de sus experiencias dolorosas. Es centrarse primero en la exploración de lo que acontece aquí y ahora antes de centrarse en las posibles soluciones. Es centrarse en lo que es importante para el cliente en ese momento. Es promover nuevos mecanismos que faciliten el aprendizaje por sí mismo del cliente.

Contextualizar; es generar una visión de futuro. Con la contextualización conseguimos también ubicar al coachee en su realidad para dotar de sentido a lo que le sucede así como al reto que quiere conseguir, explorando las relaciones y los roles del coachee. Bajo esta competencia, el coach es capaz de conseguir que el cliente sienta ahora mismo lo que sentirá en el futuro deseado. Es movilizarlo en el presente desde la visión que tendría de sí mismo cuando ocupe el lugar deseado.

Carl Rogers dijo “Me encanta, tanto hacer brotar las cosas y las plantas, como las ideas y los seres humanos” . Brotar es una palabra preciosa aún así yo prefiero esta otra: despertar. Me gusta pensar en lo que hago como un proceso de acompañamiento hacia el despertar de quien quiera hacerlo.

Gracias por seguir ahí.

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