Sentir mariposas en el estómago. Sentir como el corazón se sale del pecho. Sentir enfado y no saber por qué. Sentir que no encajas en ese momento de tu vida. Sentir que vas a estallar de nuevo. Sentir que te manejan y no puedes decir no. Sentir una atracción irremediable hacia alguien o algo. Sentir que esta va a ser la última vez que…
Somos pura emoción, esos pequeños impulsos que nos ponen en acción están detrás de casi todo cuanto hacemos. No podemos dejar de sentir, es imposible. Así que malas noticias para los escépticos emocionales. Porque cada vez se sabe más de nuestras emociones y cada vez hay más indicios de que las personas que son capaces de gestionar sus emociones tienen una vida más plena. La razón no es la única protagonista. En realidad el coche siempre ha estado pilotado por la señora emoción aunque la señorita razón creía que era ella quien estaba al mando.

¿Para qué sentimos lo que sentimos?

 

Las emociones son expresiones psicofisiológicas, es decir, en nuestro cuerpo a nivel biológico ocurren cosas cuando experimentamos emociones. Son intensas, se manifiestan como impulso rápido, normalmente asociado a estímulos externos. Son las que nos mueven a la acción. El sentimiento es más duradero. La emoción surge en nuestro cerebro reptiliano y el sentimiento es la emoción pasada por el tamiz de nuestro cerebro más evolucionado. La razón apoderándose de la emoción es el sentimiento. El amor, por ejemplo, esa experiencia renovadora y total que todos buscamos desesperadamente no es una emoción, es un sentimiento.

La emoción nos mueve y nos dirige. Buscamos además emocionarnos en todo momento. Por eso existe el arte, por eso existen la música, la pintura o la literatura, el cine o la poesía. Porque nos hacen vibrar. Por eso las historias que nos cautivan son las que nos tocan emocionalmente. Por eso cuando percibimos que alguien se está emocionando con algo que hacemos o decimos experimentamos esa felicidad con mayúsculas. Por eso cuando encontramos una mirada, esa mirada, la tierra tiembla bajo nuestros pies. Por eso cuando tenemos la sensación de no estar sintiendo experimentamos lo más parecido a estar muertos en vida. Por eso a veces alguien puede llorar  al experimentar la belleza en el más amplio sentido de la palabra contemplando una bolsa de plástico a merced del viento. ¿Os acordáis de esta escena de American Beauty?

La sociedad, cada vez más madura y evolucionada, cada vez más interesada en descubrir la tan ansiada fórmula para conseguir plenitud o felicidad ha dejado de perseguir cosas para acumular experiencias porque las experiencias son emocionales o no lo son.
Los atormentados personajes de Woody Allen que transitaban como alma en pena por las consultas psiquiátricas de Manhattan mostrando sus sofisticados desequilibrios emocionales ya no están de moda. La neurosis, el arte de amargarse la vida mediante la tortura mental ya no es cool, la salud emocional, en cambio, como salvoconducto hacia una vida plena que no es otra cosa que una vida vivida con pasión y autodirigida, es el santo grial de las sociedades modernas y evolucionadas.

Si no tuviésemos la capacidad de sentir seríamos sofisticadas y complejas máquinas. Ojos incapaces de llorar y bocas incapaces de sonreír. Por tanto, sepamos cómo somos y como sentimos para no vivir en permanente conflicto con aquello que nos mueve. Porque la mayoría de las decisiones que tomamos de manera consciente, son el fruto de una emoción previa.
A su vez esa emoción se ha generado como respuesta a una necesidad psicológica subyacente. El problema surge cuando no somos capaces ni de identificar la emoción ni por supuesto, saber cual es esa necesidad psicológica no satisfecha, es decir, qué estoy necesitando en ese momento que no me estoy dando para que mi cerebro diga, stop, ¡detente! Así,no.
Nuestra mente nos manda señales constantemente en un intento desesperado por hacerse escuchar. Pero nosotros no sólo no escuchamos esas señales, si no que continuamos nuestro camino como si nada estuviese pasando, como si no fuese con nosotros. Y de pronto, un día aparece esa sensación de vacío, ese llanto ahogado, esa euforia inexplicable, en definitiva, la sensación de quien de pronto se despierta en un cuerpo ajeno.

Los grandes estrategas dirían que sin un plan preconcebido no solo es imposible ganar una batalla, si no que resultaría descabellado simplemente plantearla. En cambio, nosotros nos levantamos cada día, enfrentamos cada momento de nuestra vida sin tener en cuenta qué nos está diciendo aquello que sentimos. Qué información nos está dando y por tanto, qué deberíamos de hacer en consecuencia.

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Tomamos decisiones casi siempre basadas en emociones sin ser muy conscientes de que esas emociones pueden no estar siendo interpretadas correctamente. Incluso desconociendo la necesidad psicológica que subyace a esa emoción. Sería algo así como seguir un tratamiento médico continuado que a veces podría funcionar y a veces no. Que puede ser bueno para la memoria pero malo para la segregación de endorfinas, por buscar un símil mínimamente relacionado. Y así vamos por la vida, así gestionamos negocios, construimos y sostenemos relaciones sentimentales, elegimos socios y colaboradores o decidimos abandonar una carrera por otra.
Del mismo modo que preparamos un viaje cuidadosamente, eligiendo el medio de transporte adecuado, el horario de llegada y la puesta a punto de nuestro equipaje, deberíamos enfrentar cada día preparando el terreno e intentando que el coche en el que viajamos, no nos deje tirados a medio camino con la sensación de y ahora qué.

No hay emociones indignas, hay confusión y desconocimiento a la hora de interpretar las emociones

 

Para empezar, estaría bien que empezásemos por nombrar nuestras emociones porque ciertamente es muy difícil trabajar sobre algo que ni siquiera puede ser nombrado. Las emociones básicas son; tristeza, alegría, miedo, sorpresa, enfado y asco. Esas son las emociones básicas universales. Todos los seres humanos somos capaces de experimentarlas, sin distinción. El problema surge cuando ni tan siquiera sabemos identificarlas. ¿Tienes vocabulario emocional como para poder comprender qué sientes y qué es lo que provoca eso que sientes? No hablo de controlar lo que sientes, y aquí utilizo a propósito la palabra “controlar” porque las emociones, como todo lo que es puro, genuino y salvaje no están hechas para ser controladas. El control no es para ellas. Lo que necesitan son gestión y comprensión.

Hablo de reconocer lo que sientes y de entender para qué lo sientes. Hablo de cómo interpretar lo que sientes para que las decisiones que tomes impulsen tu crecimiento en vez de inhibirlo. Hablo de sentir para ti no contra ti.
Las emociones son el navegador de abordo. Son las que nos dicen si algo va bien o si algo está fallando. Incluso aquellas emociones desagradables, las que nunca quisiéramos sentir son útiles. Hay que darles cabida, acogerlas y entender qué nos quieren decir. Cuando descubre que el miedo o la tristeza son necesarias para entender, el sufrimiento empieza a adquirir otro significado. Cuando entiendes que en la emoción no está el problema, sino la solución, cuando por fin comprendes que la emoción sólo te está dando pistas de por dónde tienes que ir, descubres en la emoción una aliada y no una enemiga.

Por tanto, las emociones desagradables como el miedo, la tristeza o la ira sólo son un problema cuando no sabemos interpretar la información que nos brindan. Cuando las dejamos estar sin más y no las escuchamos. Cuando se convierten en inquilinos parásitos y no en abnegados vecinos con causa a la comunidad.
Nadie quiere sentir miedo o tristeza pero cuando entendemos los mecanismos que se crean en nuestro cerebro que hacen aflorar esas emociones, podemos estar bien seguros de que algo no está bien. Y entonces es cuando debemos parar y pensar y preguntarnos qué nos está pasando. Sobre todo qué nos está faltando, qué no nos estamos permitiendo o qué es lo que ya no queremos más. Porque es importante aclarar que el miedo no es el problema. El miedo está indicando que existe un problema, lo cual es bien distinto.
Sentir todo esto es humano y saludable y todos a lo largo de nuestra vida sentimos miedo, asco, alegría, sorpresa, enfado y tristeza en mayor o menor media. Lo que no es saludable es que una persona viva permanentemente con miedo o sumido en una profunda tristeza. Eso no es saludable.

Rojas Marcos dice que  el entorno afecta de forma mínima a la felicidad personal. Es una cuestión más de actitud y decisión personal.
Si no sabes aún reconocer qué es lo que estás sintiendo ahora o para qué lo estás sintiendo, es que estás centrado en el problema y no en la solución. Conócete, escúchate, pregúntate, lee, explora, experimenta y siente, esa es la única manera de entender de qué va esto llamado vivir.

Gracias por seguir ahi.

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