Me siento ante el ordenador no demasiado convencida del tema que voy a tratar. De modo que confiaré en que a medida que vaya escribiendo  todo cobre sentido y sea digno de ser guardado y publicado.  Si lo estás leyendo indudablemente, así habrá sido.

Esta  falta de convencimiento se debe a que  por algún motivo hoy me pide el cuerpo hablar de marca personal. Me ha venido así, de pronto, durante mi escapada matinal a la playa. Caminar a la orilla del mar me inspira y muchos de los temas que he tratado en mi blog han venido a mi cabeza mientras camino y mis ojos descansan sobre el Cantábrico.

Mi reserva inicial se debe a que no soy una experta en personal branding. Además de esto tengo que decir que mi marca aún está en construcción, llevo aproximadamente 5 años dedicándome al mundo del coaching, es decir, soy casi una recién llegada. Especialmente centrada en trabajar  mi marca personal desde hace apenas un año, tengo un blog desde hace apenas 5 meses,¡ dios mío como pasa el tiempo! En definitiva,  hay que reconocer que lo cierto es que aún no hay mucho de dónde echar mano, como se suele decir. Aunque eso podría ser sólo en apariencia. Una pura cuestión de percepción.

Así que estoy quebrantando la promesa que me hice a mi misma de no hablar ni mucho menos dejar por escrito opiniones sobre las que puedo no tener la suficiente experiencia o información.  Lo que ocurre es que siempre se me ha dado bien utilizar los recursos de los que dispongo, no en balde, como coach  defiendo la máxima de que es más importante saber qué hacer con lo que sabes a sólo saber.

Puede que no me sepa toda la teoría sobre marca personal, me refiero a todos esos contenidos que hoy en día puedes encontrar en miles de blogs especializados, en estupendos blogs especializados.Pero lo cierto es que algo sé porque llevo unos meses trabajando la mía, ya dispongo de algo de recorrido como para observar qué  funciona mejor y qué funciona peor.  De modo que atendiendo a mi espíritu cauteloso (algunos de los que me conocen se estarán llevando ahora mismo las manos a la cabeza, sí, este ímpetu no siempre va exento de cautela) voy a decir de antemano que todo lo que aquí voy a escribir es una percepción personal basada en mi experiencia,  en la observación de lo que veo, leo y he descubierto en primera persona.

Cuando uno se enfrenta al reto de elaborar su marca personal lo primero que tiene que hacer es preguntarse quien es y qué va a ofrecer  para luego saber cómo tiene que mostrarse ante el mundo.  Y lo siento, lectores, pero mi experiencia me dice que ese grado de consciencia no suele estar presente con demasiada frecuencia.

Así que esta vez, mi post va a ser más cortito de lo habitual. Porque solo te voy a dar una clave, que creo que es fundamental para dar el primer paso en la construcción de tu marca. Después, para continuar haciendo las cosas bien puedes consultar a otros expertos como Andrés Ortega, Isabel Iglesias, Elena Arnaiz, Eva Collado o Alfonso Alcántara. No dejes de hacerlo porque ell@s sí que saben.

Lo que yo te diría en ese sentido es esto: huye del “qué  se supone que tengo que ser en base a lo que vendo” y te refugies en “qué puedo vender en base a lo que soy”. Para mí esa es la clave.

Sin duda, la primera opción resultará más fácil porque estará basada en clichés. Uno, sólo tiene que asomarse a google , a ese supermercado, esa fiesta del consumo rápido donde todo se muestra  perfectamente empaquetado  en bandejitas individuales y envuelto en  film transparente, para que puedas buscar lo que hacen otros que se dedican a lo mismo que tú,  recopilar de aquí y de allá hasta conseguir tu propio Frankenstein. Entonces ¡ bingo! Ya tienes una marca, pero seguramente será una marca que es todo menos personal. Los ojos serán demasiado grandes para esa nariz y todo carecerá de armonía.

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Seguramente podría  funcionar un tiempo, si lo haces bonito, sigues los usos y corrientes del márketing on line más puntero y la suerte te acompaña, podrá funcionar un tiempo. Pero llegará un momento que ni tú mismo sepas muy bien cómo acabar ese cuento chino que empezaste un día. Y eso generará una sensación de frustración y de sentimiento de culpa bastante terrible. Por no mencionar la confusión que puedas estar sembrando sin querer en tus potenciales clientes.

Abraham Lincolm dijo: “Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a unos pocos todo el tiempo.  Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo”. Y yo además añadiría, es terrible vivir mucho tiempo engañándote a ti mismo.

Así que lo más importante es que te pares a pensar muy bien quien eres, qué sabes  hacer bien, qué puedes ofrecer y qué no vas a poder dar. Claro que otros te pueden servir de inspiración y modelo, yo lo hago, pero nunca perdiendo de vista quien soy yo. No puedes construir tu marca personal con la plantilla que usaron otros para construir la suya.

Y no estoy hablando de falsa modestia, de falsa humildad, no. Me encanta la palabra humildad y además creo firmemente que los grandes de verdad son humildes, no necesitan no serlo, no sé si me explico. Estoy hablando de tener muy claro quien eres, sin perder de vista quien podrías llegar a ser pero viviendo todo ese proceso con honestidad.

Hace unos días tras una ponencia en un congreso, una señora encantadora que me sigue en las redes desde hace algún tiempo me dijo, “ tenía muchas ganas de conocerte en persona y me alegra saber que mi intuición no se equivocaba”.  Sinceramente, creo que es lo mejor que me hubiese podido decir nadie.

Sí, me encantaría poder tener miles de suscriptores a mi blog. Sí, me encantaría que cada vez que escriba un tweet automáticamente tenga a un número de followers irredentos que me retuiteen, independientemente de la gracia o trascendencia de lo que escriba. Eso lo he visto yo con estos ojos miopes y lo habréis visto todos miles de veces. Y ojo, no pretendo quitarles el mérito, llegar a eso es muy difícil. Está claro que detrás de estos perfiles hay muchas horas de trabajo previo, mucho talento y mucho arte. Pero sobre todo, una visión clara y bien definida de quienes son. Eso es indiscutible.

Y no, de momento esto a mi no me está pasando pero yo sigo aquí. Con mi blog, escribiendo y compartiendo cosas que sé que pueden ayudar a otros y sintiéndome muy cómoda en cómo lo hago y desde dónde lo hago.

Espero poder llegar algún día a mucha más gente. Pero no a costa de dejar de ser quien soy. No a costa de dejar de escribir lo que siento y pienso. No a costa de defender algo en  lo que no creo, ni de hacer algo con lo que no me sienta en sintonía.  Ni a costa de prometer algo sé que no voy a poder dar. Es genial porque a medida que voy escribiendo me doy cuenta de que quizás tenga que revisar alguna de las secciones de mi blog por si a caso. Creo que me he hecho un favor escribiendo este post.

Así que si estás pensando en construir tu propia marca, primero mírate al espejo y luego, eso sí, ponte manos a la obra porque hay mucho trabajo por hacer.

Gracias por seguir ahí.

 

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