Los relatos personales celebran lo que es único en cada uno de nosotros y tienden puentes a lo que es común a todos los demás.

Lucinda Elodin

Cómo explicar mi pasión por las historias sin que este post pierda el sentido práctico y pedagógico que pretendo darle. Cómo abordarlo, cuando ya nada más sentarme a escribir escucho la voz en off de Morgan Freeman narrando un relato de los que sí o sí te pega al asiento y que podría empezar así:

Supo enseguida que lo más importante no era que los demás se fijaran en el fuego que desprendía. Lo más importante era sentir esa llama que devoraba su interior, el chisporroteo que la acompañaba allá donde fuera.

Da igual que sepas qué es el Storytelling o que esta sea la primera vez que ves escrita esta palabra. Piensa por un momento qué episodio de tu vida merecería la pena ser contado y luego imagina que eres el protagonista de una película que comienza con esa escena, con ese momento.

Piensa qué dirías tú de tí mismo, qué dirían los demás al verlo. ¿Qué emociones despertaría en tí ver que fuiste héroe o heroína por un día? ¿Qué crees que sentirían los demás al contemplarte? ¿Querrían ser tú aunque fuera por ese preciso instante? ¿Sientes ahora el orgullo de haberlo protagonizado del mismo modo que cuando sucedió en realidad? ¿Algo ha cambiado?

El Storytelling es el arte de contar historias con el propósito de conectar emocionalmente con tu interlocutor.

El propósito último de todo acto de comunicación es conectar. Conectar quiere decir reconocerse en el otro para poder expandir la experiencia de vivir más allá de los límites que marca la propia piel. Conectar quiere decir abrir un espacio en el que todo pueda ser posible, en el que no hay cabida para la desconfianza o el temor.

Cuentan los estudiosos de esta disciplina que el poder del pensamiento narrativo estriba precisamente en su capacidad para reconocernos en el otro. Cada vez que escuchamos una historia nos preguntamos literal y constantemente ¿Qué hubiera hecho yo en esa situación? ¿Cómo hubiera solucionado yo semejante conflicto? Y acto seguido comienza una indagación de los propios recursos. Comienza un diálogo interior honesto y sanador que nos coloca en el lugar que merecemos. Ni más ni menos. Y ese lugar no es otro que el del héroe cotidiano capaz de sobrevivir a una y mil batallas.

¿De donde viene el pensamiento narrativo?

Cuenta Antonio Núñez en su libro “Storytelling en una semana” que el pensamiento narrativo surge de nuestra evolución como especie. Para sobrevivir al entorno hostil y a otras especies más fuertes, no tuvimos más remedio que desarrollar una inteligencia narrativa que nos permitiera organizar la información de una manera mucho más rápida que el resto de las especies con las que convivíamos.

Si fuimos capaces de sobrevivir a los Tiranosaurios Rex y a los Diplodocus no fue por nuestra complexión física ni por nuestra inteligencia que por aquel entonces aún no estaba lo suficientemente desarrollada. Fue porque en aquel tiempo se hizo indispensable poder comunicarnos unos con otros para ofrecer una respuesta colectiva y organizada mucho más eficaz que el resto de especies.

Desde entonces, nuestro cerebro está geneticamente preparado para identificar una sencilla estructura narrativa en mitad de un sinfín de estímulos. Pero no sólo eso, sino que nuestra materia gris reacciona con rapidez y centra su atención incluso ante la promesa de un relato.

En definitiva, a nuestro cerebro pocas cosas le gustan más que las historias. ¿Quien se ha dado cuenta de esto? Las grandes empresas, las grandes marcas, que han dejado el marketing tradicional consistente en relatar las excelencias de un producto o servicio para contarnos historias que hablan de la libertad, la familia, el amor, la soledad, la valentía o el miedo.

Al final, conceptos universales que nos movilizan a todos. Quizás no tengas un buen día para explicar con palabras lo que significa libertad, pero seguro puedes sentirla. Quizás tu concepto de familia no entre en los cánones tradicionales y no sepas muy bien cómo definir lo que significa hoy para tí, después de estar toda una vida pensando que una familia es un papá, una mamá y unos hijos, así por ese orden.

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Hasta que llegan los chicos de Cocacola y te cuentan esta historia que se mete debajo de la piel.

¿Para qué contar tu historia?

Elaborar un relato personal es uno de los mayores ejercicios de autoconocimiento.

  • Te ayuda a revelar tu verdadero carácter. El que has estado construyendo a lo largo de tu vida. Con cada acierto, con cada error, con cada caída y con cada vez que el coraje vino en tu busca para permitirte pisar firme de nuevo. Te ayuda a ver con claridad y perspectiva lo que durante tanto tiempo parecía aleatorio o irrelevante. Lo que Steve Jobs llamó en su discurso de Stanford “la unión de los puntos”.
  • A conectar emocionalmente con tu interlocutor. Cuando estamos contando una historia, independientemente de los acontecimientos sucedidos en ella o de quienes sean los protagonistas, siempre estamos apelando a verdades universales reconocidas por la tribu; supervivencia, defensa de valores, miedo, valentía, toma de decisiones, resolución de conflictos, etc. Este tipo de información va directamente a nuestra amígdala cerebral que a su vez activa la memoria emocional. A estas alturas no hará falta decir que somos pura emoción y consciente e inconscientemente buscamos emocionarnos. Por eso vamos al cine, o a un concierto, por eso nos compramos unos zapatos nuevos o nos tomamos un helado en una terraza al sol. Por eso nos enamoramos o hacemos un viaje. Al final casi todo se resume a dos cosas: Qué sentimos o qué nos hicieron sentir.
  • Consiguen hacer de lo complejo algo simple y hacer magia de lo ordinario. Y ahora te voy a pedir que hagas un pequeño ejercicio. ¿Recuerdas el anuncio de BMW “me gusta conducir”? Imposible olvidarlo, ¿verdad? Ellos sabían muy bien que no lo olvidarías fácilmente. Ahora quiero que visualices el anuncio. ¿Listo? Siente el aire en tu antebrazo, siente el silencio de una carretera solitaria, el sol entrando levemente por la ventanilla, la mano ondulando y jugando con el viento .Y la libertad. Ya no importa la tecnología alemana, ni la seguridad de las llantas. Esos datos no son relevante, no se aferran a la entraña, no despeinan nuestras neuronas. Pero ¿y qué me dices del concepto de libertad?

¿Cómo construir tu historia?

No sería honesto por mi parte detallar aquí los estudios que han hecho otros. Creo que lo mejor es que te recomiende, los libros que creo que debes leer y los autores a los que debes acudir si quieres profundizar en el desarrollo de tu propia historia.

Pero esto es un blog, así que voy a darte algunas claves que he observado tanto al elaborar mi propia historia como al leer otras muchas.

  • No te tengas miedo. Puede que aquella parte de tí que no creas que deba ser contada es exactamente la que necesitas contar. Navega en tu pasado y busca los momentos de más dificultad que hayas vivido. Los que tejieron sobre tus hombros con un hilo imperecedero la capa de héroe. Los que hayan conseguido transformarte. Aquellos que una vez conseguiste atravesar te devuelven a la vida en una crisálida totalmente distinta a la que te cubría antes de entrar. Los que den tensión y temperatura a tu historia. Los que cuando otros la lean o escuchen piensen ¡wau!
  • Actúa como si fueras un escritor. No seas tacaño con tu prosa, dale belleza, agita mentes, usa metáforas, palabras que no sean excesivamente manidas. Ponla por escrito, escribir permite más licencias, cuando escribimos, usamos un lenguaje mucho más rico que el utilizamos en nuestro lenguaje oral. Escribe a mano tu historia. Como si fueres tu propia Isadora Duncan o tu propio Lawrence de Arabia. Y luego dila en alto, escúchate. Oye cómo tu voz se emociona en algunos fragmentos y aprende a sostener esa emoción para cuando la tengas que contar.

Y ahora, tan solo dime, ¿ya sabes por donde empezar?

Gracias por seguir ahí.

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