El onanismo en relación al talento es como el onanismo en relación al sexo, es útil y placentero si lo haces para ti, cumple una función. Es memorable  y sublime si lo haces para el otro. Trasciende

 

Ayer, justito antes de apagar la luz leí un post que Alfonso Alcántara creador de Yoriento compartía en twitter. Un artículo publicado en el país el 22 de agosto escrito por Delia Rodriguez  titulado Estupidos y constantes. Hablaba sobre la mediocridad que triunfa en la red gracias a la constancia de algunos, según la autora, carentes de talento y la ausencia de otros, diamantes en bruto que no se dejan ver.

Como un fogonazo me vino a la cabeza aquello que cantaba Luz Casal que decía  “no es normal, encontrar, un diamante puro en un bar”. Tarareando la canción seguí dándole vueltas a la idea.

Mi diálogo interno fue más o menos este:

  • ¡Por supuesto! a las personas diamante no se las encuentra uno en los bares.

Y al segundo siguiente me decía;

  • ¿Y por qué no? ¿Acaso no tienen derecho a tomarse una copa de vez en cuando y a bailar reguetón en un bar tipo “hombres y mujeres y viceversa” aunque sea por una noche en un arranque de normalidad?

Tras aquellos pensamientos tuve que admitir que en realidad, me estaba dando por aludida. Que ese post me había tocado un poco el corazoncito y un mucho el ego. Y durante unos minutos dudé de mi capacidad y me vi como una estúpida constante. Aún ahora me queda la duda razonable y saludable de que quizás en algún momento lo fui o lo podría llegar a ser.

Hubo una parte buena, para alguien difuso e inconstante como yo descubrir que quizás no lo seas tanto, (adoro y envidio por igual a a los constantes) es genial. Aunque bien mirado, si la palabra constancia va precedida del nombre estupidez, el significado adquiere tintes casi dramáticos. Y como quien trata de calmar a un niño herido empecé mi letanía particular:  “sana, sana culito de rana, verás mañana que ya todo va a estar bien y no te sentirás estúpida nunca más ”.

Con esos pensamientos  seguí unos diez minutos más, haciendo mi recorrido habitual antes de cepillarme los dientes y apagar la luz. Y de pronto me encuentro en facebook con una frase que más o menos decía esto (cómo lamento no haber anotado la frase exacta y su autor) “cuidado con el niño callado, tímido y observador, podría estar planeando un imperio”.

En ese preciso instante, supe que ya tenía el tema para el post de mañana y aquí me tenéis, manos al teclado.

Y ahora, gracias al capricho de las musas y a las leyes del universo a quienes encanta jugar a mostrar o esconder cosas, para ver si estamos lo suficientemente atentos, me encuentro delante del ordenador con la cabeza bullendo de ideas y pensamientos encontrados y tratando de que los pedazos  formen un todo coherente, entretenido y bonito de leer.

Desde que estoy presente en las redes he ido adquiriendo comportamientos que terminan por ser hábitos. Siempre he tenido claro que mi uso de las redes sociales es profesional y sí, en ocasiones he compartido reflexiones o situaciones que tocan lo personal, que no íntimo, porque me ha apetecido o lo he creído conveniente. Yo soy un todo al que cada vez le cuesta más dividirse en fragmentos. Aún así conozco los límites.

Tengo la suerte de tener una profesión que amo y que trasciende mucho más allá de las horas que le dedico. Además  he llegado a un punto en el que mi mente está tan alineada con lo que pienso y digo que es realmente difícil para mí no extrapolar de mi día a día personal alguna conexión con mi yo profesional. A todo esto voy a sumar el hecho de que mi trabajo por su propia idiosincrasia me genera reflexiones casi a diario, me nutre continuamente de experiencias y aprendizajes  que me gusta compartir. A algunos les gusta leerlas y a otros no. También lo hago porque para mí el acto de escribir es casi terapeutico, reciente y maravilloso descubrimiento.

Quizás algunos estéis pensando, se está justificando. No, justo ahora, no. Lo hice al inicio del post. Hago esta pequeña introducción en los dos párrafos anteriores porque a medida que voy escribiendo me doy cuenta de que ser constante y estúpido puede tener consecuencias desastrosas, pero ¿sabes que? Solo para quien lo es. No para el resto. No hay peligro de contagio.

Leer:  ¡Aviso! Si no crees en la magia del cine no leas este post

Cualquiera de nosotros, con más o menos criterio sabemos exactamente qué merece la pena en las redes y qué no. Sabemos exactamente qué nos gusta leer y qué no y quien frecuentemente dice cosas interesantes y quien no. Para eso tenemos la opción de pasar de largo o detenernos a leer a quien tiene la capacidad de hacerte el corazón un ovillo con tan sólo un título o a quien te acaricie el alma con una frase o quien ha conseguido con un texto, una foto o una frase que te cuestiones algo que pensabas inamovible.

Un estúpido constante puede ser una pieza de atrezzo de este circo en el que nos movemos pero ojo, yo estuve fascinada durante toda una ponencia por un solo ramo de flores que adornaba el escenario y llamó poderosamente mi atención. Si ,¡hasta ese punto soy capaz de abstraerme! Al ponente, no le gustaría  nada saberlo. Mi foco en el atrezzo.

Con esto quiero decir que quizás de vez en cuando haya que estar atento de verdad. Y tal vez no presuponer que el frecuentemente estúpido sea incapaz de elaborar nada digno de ser leído o quizás descubrir que el supuestamente brillante tenga momentos para el olvido. No subestimemos el trabajo desmedido de alguien poco talentoso, quizás en una de estas pueda sorprender. Acuérdate de Luz, ella encontró un diamante en un bar…

Y si no lo consigue, si su estupidez repetida no da para más, bueno, seguirá alimentando el timeline y contribuyendo al ecosistema virtual donde como en todo engranaje vivo hay quien nutre, hay quien aporta y hay quien cumple la función de ser puente entre unos y otros sin más pretensiones. Tu a lo tuyo, como se suele decir. Insisto, no hay peligro de contagio.

Pero, ¿qué pasa con el introvertido, discreto y pudoroso diamante en bruto?

¿Qué pasa con el anónimo protagonista sin pretenderlo de este post publicado en El Pais? ¿Qué debemos hacer con él/ella?¿Adivinarle? ¿Presuponerle? ¿Esperar a que decida mostrarse?  Nadie va a dejarse caer ni mucho menos participar en las redes sociales si siente pudor en mostrar aquello que piensa independientemente de que sea útil, relevante o cargado de razones.

Hace unos días, alguien en Facebook  lanzaba al aire la pregunta ¿Qué es el talento para ti? Yo tuve  muy clara la respuesta, lógicamente es la mía y como veréis tiene mucho que ver con lo que voy a escribir a continuación. Para mi el talento es la capacidad que tienen las personas de contribuir a mejorar la vida de los demás desde la particularidad y la originalidad, sea en el ámbito que sea. Para mí no hay talento si no sirve a otros.

El onanismo en relación al talento es como el onanismo en relación al sexo, es útil y placentero si lo haces para ti, cumple una función. Es memorable y sublime si lo compartes con otros. Trasciende

El sexo en soledad no es más que un intento amargo de salirte de tu piel buscando otra para que todo tu ser se derrame sobre ninguna parte. El talento engullido por y para uno es exactamente lo mismo.

Así que, constantes del ciberespacio, seguid trabajando.

Observadores, no os descuidéis no sea que algo fabuloso se os pase inadvertido o algo mediocre se os cuele tras la firma de alguien que no suele defraudar pero que alguna vez pudiera hacerlo. Al fin y al cabo, quien esté libre de alguna estupidez, que tire la primera piedra.

Y mis queridos y tímidos talentosos, no os escondáis, el mundo os necesita, de veras que sí.

Mientras tanto, las hormiguitas creadoras de contenidos con mayor o menor grado de estupidez y con actuaciones más o menos estelares observaremos con los ojos atentos quien si, quien tal vez y quien no.

Gracias por seguir ahí.

Share This