Woody Allen dijo: “la frase más bonita del mundo no es te quiero, sino es benigno”. Esta declaración de principios del hiponcondriaco más universal me viene al pelo para ilustrar una situación tan actual como dramática como es el despido. Para millones de personas tal vez, hoy en día la frase más bonita no sea te quiero, si no, no estás despedido.
La mayoría de las personas queremos conservar nuestro trabajo aunque no sea el trabajo de nuestras vidas incluso aunque sea un lugar en el que nos estemos consumiendo. El viejo refrán “Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer” ha hecho mucho daño. Solemos recurrir a él cuando nos vemos incapaces de dar un paso al frente. Aún a sabiendas de que ese paso sería la llave a una situación infinitamente mejor.

Motivos por los que no enfrentamos la incertidumbre

 

Queremos mantener algo aún a sabiendas de que no está funcionando o podría ser mucho mejor. Y queremos hacerlo por muchos motivo:

  • Por falta de conocimiento de los recursos propios para afrontar lo que venga
  • Por miedo a lo desconocido, por la incapacidad de aceptar lo desconocido como algo que forma parte de la vida
  • Por lo que supone de pérdida, de duelo, de duda de la propia valía
  • Porque en este país la palabra “parado” estigmatiza como una losa

Pero en ocasiones, en muchas ocasiones, esas historias en principio dramáticas han acabado con un final feliz. Cuando vi este anuncio de Coca Cola por primera vez allá por el 2007 quedé fascinada por la frescura del mensaje. El marketing de la marca de refrescos tan visionaria como siempre. La crisis en España apenas se hacía notar y ellos fueron capaces de adelantar lo que sería una realidad tan dramática como cierta. Por aquel entonces, yo no me planteaba ni por los más remoto dejar mi trabajo, ni había indicios de que mis jefes pensasen lo mismo. Aún así yo ya coqueteaba con la idea de dar un giro a mi vida profesional. “Veo una vida nueva…y tu no estás en ella…” ¿Os acordáis? Tómate un par de minutos para recordar.

 

 

Puedes reaccionar como el happyflower inicial, ante quien se abre un mundo de luz y posibilidades. Puedes hundirte en la miseria desde el minuto uno y quedarte en una esquina lamiéndote las heridas. Puedes ser el rappero agresivo con ganas de comerse el mundo aunque asumiendo el papel de víctima. Tú decides que rol asumir porque de ti depende. Pero al menos , si el despido en tu caso es un alivio real tendrás la opción de elegir y esa es la verdadera libertad, la capacidad de elegir.
Hace años cuando decidí dedicarme al mundo del coaching, tardé unos meses en reunir el valor suficiente para dejar el trabajo al que me había estado dedicando los últimos 8 años. Aunque tenía muy claro que sería cuestión de tiempo no supe o no me atreví a darme un plazo. Hubo unos meses en los que con más cobardía que criterio, y poniendo en riesgo mi salud física y mental, compaginé las dos actividades, quería estar segura de que más o menos funcionaría.
Fueron meses duros de trabajar sin descansar literalmente, en los que cada día y a cada paso constataba que ya estaba preparada para volar. Si soy honesta he de decir que tuvieron que despedirme, que la decisión final aunque propiciada por mí, no la tomé yo . Pero, ¿Sabéis qué? Que no me importó, que me dio igual, porque me hicieron el gran favor. Me pusieron en bandeja lo que yo llevaba tiempo buscando y provocando.
Yo misma, y como yo millones de personas en todo el mundo hemos sobrevivido a ese momento y hemos conseguido salir adelante por nosotros mismos. Y el “veo una vida nueva” ha sido nuestro himno. Y no es fácil, porque del happyflower al rapero y de la luz a la oscuridad se pasa en cuestión de minutos. Pero al final, cuando descubres que aquello ya no conducía a nada, cuando recuerdas los momentos en los que prácticamente tu persona se confundía con el mobiliario de tu oficina asumes que finalmente mereció la pena.
En mi caso la frase estás despedida sonó más a: te hemos abierto la jaula , ¡vuela alto!

Leer:  Sé legítimamente egoísta, regala generosidad.

Recursos para afrontar una situación de despido

 

Aunque es cierto que hay “fases” por las que debes pasar y estaría bien que te permitieses fluir en todas y cada una de ellas. Aquí están:

 

  • Permítete estar triste, o disgustad@, asustad@, decepcionad@ y preocupad@. A eso se le llama vivir el duelo. Al fin y al cabo es una pérdida. Conecta con lo que sientes, permítelo estar, como algo que forma parte de tu vida. Pero no demasiado tiempo. Marca en un calendario los días que te vas a permitir vagar por tu casa como alma en pena y lamiéndote las heridas. Márcalos en negro o gris, que no sean demasiados, diría que 4 o 5 días de autocompasión y queja serían más que suficientes.

 

  • Cuando hayas consumido los días grises, busca un color vistoso. Y colorea con él los que te vayas a permitir para descansar. Esos serán tus días de transición, que irán en función de tu situación personal y financiera. Días en los que te dedicarás a hacer lo que cuando trabajabas pensabas que de haber tenido tiempo harías. Empieza una novela, quizás esa lectura que te ayude a abrir horizontes. Ve a pasear un rato cada día, tomate un café con amigos, o con tu madre. Ve al cine o a clases de cocina. Permítete comprobar que eres capaz de hacer cosas distintas. Arréglate cuando salgas, y sal muy a menudo. Haz un viaje de fin de semana para cambiar de escenario. Dedica a este tiempo a disfrutar del ahora, de lo que te está sucediendo en ese momento que es “disponer de tiempo para ti”.

 

  • Habla de ello abiertamente, pero utilizando un lenguaje centrado en las posibilidades, no en los problemas. El cómo definimos el problema forma parte del problema mismo. Hazlo desde el prisma de que se te abre una nueva etapa. Recuerda que ya hemos dejado los días de duelo y lamentaciones atrás. Cuenta a todos tu situación, te liberará y además quien sabe si alguien en un momento dado te puede ayudar. Las emociones son contagiosas y las negativas más, si transmites positividad será eso lo que recibas, si transmites lástimas, será lástima lo que recibas y eso no ayudará. Ahora eres una persona ante quien se ha abierto un número de posibilidades profesionales ilimitado y eso tienes que tenerlo integrado en tu ADN.           

 

  • Redefine tu futuro. Aprovecha esta etapa para reflexionar, para preguntarte ya sin miedo a ninguna respuesta qué es lo que de verdad querrías hacer. Hacia donde podrías enfocar tu futuro. Piensa que lo que sabes hacer, lo que dices interesa a alguien, seguro. Dedica tiempo a imaginar el futuro que quieres porque imaginar será el primer paso para visualizar, y cuando visualizas tiene más posibilidades de conseguir.

 

Quizás sea el principio de una historia de amor maravillosa entre tú y tú.

Me fascinó la forma de abordar este tema de Risto Mejide en ‘No busques trabajo’. Porque cuando alguien a quien admiras coincide contigo, te dices; “¡Pues vaya! no estaba tan equivocada”.
De todos modos, lo diga Risto Mejide o el apuntador, no se trata de un acto de fe. En la red hay miles de historias de éxito personal y empresarial que partieron de un “estás despedido”. En muchas ocasiones ese mal trago ha sido la oportunidad para crear historias y ejemplos de vida que la mayoría de nosotros en lo más profundo desearíamos protagonizar. Date la oportunidad de imaginar que quizás este sea el mejor momento de tu vida.
Y tú, en el fondo sabes que esa frase ya no es la más temida, ¿verdad? ¿Cómo afrontarías esta situación? ¿Qué oportunidades te atreves a imaginar?

Gracias por seguir ahí

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