Algunas personas tienen un plan; cambiar el mundo

Y si el mundo cambia, será gracias a ellas

Así que únete si sientes que quieres hacerlo

O si no, despéjales la pista.

La palabra emprender viene del latín prendere, que significa coger o tomar. Me gusta la palabra tomar, me chifla la palabra coger. Denota actitud de tomar las riendas, decisión, determinación. Si, voy a hablar de emprendimiento. No, no del emprendimiento que se queda en lo meramente empresarial. Sé que esto puede sonar totalmente loco pero cada vez estoy más convencida de que la estrategia de separar deliberadamente lo profesional y lo personal como si fueran dos mundos distintos es un grandísimo error. Que nos hace profundamente infelices y desconectados de lo que somos y del universo que ocupamos.

Me gusta el término emprendedor para definir aquel que decide tomar las riendas de su propia existencia, de su propia vida. Emprender el camino de hacerte cargo del ser humano que ocupas. Para permitir que en esa existencia creada y cincelada, convivan lo profesional y lo personal incluyendo por supuesto lo emocional y espiritual.

Estamos viviendo un cambio de paradigma que ha revelado que las maneras de hacer, ser y pensar sobre las que se ha desarrollado la sociedad de los dos últimos siglos, ya no encajan en la deriva que está tomando el nuevo mundo. Este despertar a lo nuevo, genera inseguridad, incertidumbre, miedo y sobre todo alarma. Nos aterra ser libres. ¿A quien culpar entonces?

El ser humano huye de lo que amenaza su vida.

Y cuando descubres eso, cuando descubres que tu tienes los mandos para pilotar tu nave, las limitaciones se convierten en posibilidades. Las dudas en retos, las decisiones en aprendizajes. La vida deja de ser una experiencia hostil, plagada de dificultades y efímeros momentos de disfrute. Y se convierte en un inmenso decorado del Mago de Oz.

Las relaciones se intensifican, cobran sentido, todo tiene un para qué y todo tiene su momento y cabida. Las sensaciones, las emociones, las percepciones. Todo se vive amplificado cuando el ser humano eleva su nivel de consciencia. Sientes que has viajado a través del tiempo por miles de años para llegar hasta donde has llegado ahora. Pero lejos de estar agotada, te sientes renacida.

Pero claro, hay que ser valiente. El mundo que merecemos es de los valientes. No es de lo más informados, ni de los más poderosos ni de los más inteligentes. Ni siquiera es de los más hábiles o listos. El mundo es de los valientes. Los que se plantan ante sí mismos para ser lo que han venido a ser. Los que miran a sus limitaciones por encima del hombro y hacen la peineta a su demoledor diálogo interior. ¿Y sabes qué? Que la mayoría de estas personas, ni tan siquiera saben de donde les viene esa necesidad de elevarse por encima de si mismos. Simplemente les nace. ¿No es esa la evidencia de que la verdadera sabiduría ya la traemos de serie? Parece que así es.

El mundo es de los que se deslizan como si la ley de la gravedad no les afectara, cuando los demás arrastran pesadamente los pies. Es de los que meten el dedo en su propia llaga hasta que deje de sangrar sin preocuparles si van a perder hasta la última gota. Saben que el renacimiento va a ser épico. Han hecho las paces con el pasado, devoran el presente y crean su futuro.

Aman como si nunca lo hubieran hecho porque lo cierto es que antes no eran ellos, eran otra cosa distinta. Siempre son agua nueva, siempre una puesta de sol distinta. Disculpan cualquier afrenta porque están por encima de razones y motivos. Eso les hace especialmente peligrosos porque es muy difícil herirlos. Crean vínculos indisolubles. Dejan un rastro como de agua nieve por donde pasan. Atraen, generan, multiplican.

Sí, lo sé, todo suena excesivamente poético ¿Acaso no lo es? ¿Cómo te suena a tí? Pero a tí, a tí que siento como levantas la ceja también quiero llegarte. Así que trataré de explicar con un lenguaje más mundano lo que para muchas personas se ha convertido en una absoluta bendición. Porque estoy hablando de la resolución a la ecuación más largamente investigada desde que el hombre es hombre. Estoy hablando de crear tus propios estados de felicidad y de construir el futuro que quieres.

Leer:  Personas tóxicas o el suplicio de mirarse al espejo

¿Cómo contextualizar el concepto de renacimiento en un plano material y explicable bajo las leyes a las que nos han acostumbrado? Lo intentaré gracias a mis fuentes inagotables de conocimiento como son Joe Dispenza, Deepack Chopra o Ekchart Tolle, entre otros. Leerles es descubrir un universo de posibilidades.

Hemos pasado de una concepción mecanicista del mundo (Newton y Descartes) que abrazaba la idea de que el universo estaba regido por una serie de leyes previsibles, determinismo genético incluido y por tanto el hombre nada podía hacer por intervenir en la modificación de la realidad. A la idea de que el ser humano puede ser el creador de su propia existencia, no sólo en lo interior sino en lo exterior y observable.

Ese viejo paradigma, separaba indefectiblemente al pensamiento humano del mundo físico, observable y objetivo. La mente, por tanto era algo que estaba fuera del alcance de la investigación científica y pertenecía a la religión.

Ese sistema de creencias, dejaba al ser humano a expensas de su destino, de su genética, de un dios superior, de su pensamiento y de la realidad en la que vivía. Esperando a recibir del mundo exterior, donde se encontraba lo físico, todo aquello que le traería equilibrio, paz y felicidad. Qué broma macabra. Cuánto sufrimiento ha generado.

Esta visión de buscar la felicidad en lo externo no ha traído más que frustración a las personas. Sencillamente porque no ha funcionado. Hemos aprendido generación tras generación y a fuerza de repetir este modelo “prostituido” de ser, que la verdadera plenitud está en el interior de cada uno de nosotros y solo de cada individuo depende el conseguir esa conquista.

Lo que ocurre es que nos lo ponen nada fácil ¿verdad? Todas esas creencias, todos esos porqués, todos esos límites, todo ese entramado creado para dominar el pensamiento y supeditar la acción a lo que se espera. Toda esa energía desperdiciada, todo ese polvo de estrellas convertido en alquitrán.

También sabemos, no sólo por la experiencia de hombres y mujeres que han decidido explorar en su interior esta nueva forma de ser y estar en el mundo, sino gracias a recientes descubrimientos científicos en disciplinas como la neurociencia, la epigenética, la ciencia del lenguaje positivo, o el mindfullnes, entre otras, que nuestro cuerpo está biológicamente diseñado para conseguir este estado de cosas.

En definitiva el desarrollo personal con todas las disciplinas que hoy en día maneja, es la llave que abre la puerta de todas las posibilidades.

Que nuestra biología nos es propicia y que existen una serie de conocimientos, prácticas y conductas aplicables como la inteligencia emocional, el coaching, la PNL, la consciencia corporal, la neurobioemoción y otras, que podemos aprender a utilizar de manera consciente para conseguir ese estado de consciencia y autoliderazgo sobre el que construir la vida que queremos. Para ser lo que hemos venido a ser y no lo que la sociedad o el entorno quiere que seamos.

Así que sí, hay una fauna, una nueva especie, no sé bien como definirla, un ejército creciente de personas creadores de una nueva conciencia universal, de un nuevo orden de cosas. Determinados y dispuestos a cortar los hilos que nos convierten en marionetas. Valientes muy por encima de sus posibilidades.

Únete si sientes que de un modo u otro tienes que formar parte o si no, despeja la pista. Tienen mucho por conquistar.

Gracias por seguir ahí.

 

 

Share This