Es aburrido ver a alguien entrar a casa por una puerta. Es mucho más interesante cuando alguien entra por una ventana

Billy Wilder

No te pares, no prestes atención, no desvíes la mirada ni te distraigas leyendo esto si estás haciendo algo realmente importante. No pierdas un segundo, de verdad, si ya sabemos que el tiempo es oro. Y yo aquí, haciéndote perder el tuyo.

Y quizás perdiendo el mío, desoyendo las voces de expertos que dicen que debería dejarme de escribir sobre cómo percibo la vida y dar soluciones concretas, que para eso están los blogs. Como si yo tuviese respuestas, yo que me gano la vida haciendo preguntas

Que debería dejarme de divagar y ponerme a repartir herramientas de coaching para la gestión del tiempo. Ese tiempo precioso y preciso al que a veces prostituímos para mayor gloria de la productividad y la efectividad. Productividad y efectividad, el nuevo mantra universal, la religión del siglo XXI.

Así que mejor no te pares, no sea que tu mente adocenada pueda captar algo de información extra que te haga resbalar, algún tipo de señal que te saque de tu rutina con la fuerza de un agujero negro. No resbales, sigue aferrado a la barandilla, ahora un pie después el otro, caminando como un autómata. No levantes la mirada, sigue evitando las caídas engorrosas. Resbalar es de débiles, de incautos, de inocentes, de ingenuos. Con lo que te ha costado llegar hasta aquí, sin despeinarte, sin desviarte, sin confiar

No te escuches, acalla esa voz, no merece la pena, siempre a destiempo, maleducada y violenta, insolente y deslenguada. Poniéndote a prueba, retándote. ¿Qué se ha creído? No entiende nada.Tú sí.

No sientas el aire en los pulmones, pararse a respirar es una pérdida de tiempo, sigue como hasta ahora, con respiración asistida. No te des permiso, vigila cada error y lleva la cuenta, no se te pase ni uno. No sea que doña perfección salga del cofre que le has construido y te pille con los pantalones bajados.

No se te ocurra perder un instante en reírte a destiempo ni en besar a alguien en los párpados o recorrer esa espalda con la punta de tu dedo. No gastes un minuto de tu tiempo en observar como se comporta tu cuerpo cuando estás frente a la persona amada.

No saques a bailar a tu hijo cuando está haciendo los deberes, no sea que olvide algún dato importante, de esos que serán vitales a lo largo de su vida. De esos que van a salvarle la vida.No se te ocurra interrumpir en la reunión de vecinos cuando todos hayan decidido que las paredes se pintarán de color salmón, si total el salmón es el nuevo gris… todo el mundo lo sabe.

No pongas la música alta cuando vayas en el coche, la contaminación acústica es cosa seria. No te acuestes sin desmaquillarte bajo ningún concepto, ni tan siquiera cuando a la mañana siguiente el rímel haya abandonado su lugar recordándote que puedes ser la versión más salvaje de Anaïs Nin.

No pierdas la compostura cuando alguien trate mal a alguien de manera gratuita, recuerda que todos tenemos motivos, incluso los gilipollas, ellos también.

No decidas nada nunca sin hacer un listado de pros y contras. Bajo ningún concepto permitas que nada ni nadie altere ese orden establecido, esa jerarquía de cosas y actuaciones en que has convertido tu vida. Esa que una vez juraste honrar al grito de ¡Oh capitán mi capitán! y hoy repta enredada a tus pies.

Jamás te permitas guiarte por el corazón, no le cedas el mando ni en broma. Que ese músculo loco y sobrevalorado no te pille con la guardia baja. A ti no, ¡con lo que sabes!. No confíes a nadie jamás lo que te asusta, no muestres ni por un segundo un atisbo de duda. Calibra bien la voz, firme, contundente, solemne, ni un atisbo de inseguridad. Trágatelo todo, lo que te ahoga y lo que te quema, así, sin masticar. Y si acaso y cuando no puedas más, vomita pero hacia dentro. Ponlo todo perdido de miedos pero que nadie lo vea.

No pierdas un segundo en dejar una nota, ¿para qué? él o ella ya saben…No dejes la cena enfriarse en el plato para ir cepillarte el pelo y pintarte los labios antes de sentarte a la mesa, hay que estar cuando hay que estar, el cómo no importa. Ni dejes que el agua caliente recorra tu piel más tiempo del necesario, porque ahorrar 15 céntimos o arañarle 5 minutos al reloj es mucho más importante que regalarte tiempo de placer.

No te compres nada que no esté en tu lista de gastos previstos, jamás desperdicies el dinero en un ramo de flores para tu cuarto, tal y como está todo sería un sacrilegio. ¿Unas flores?¡Por dios! Y el enchufe de la lamparilla de noche sin arreglar. ¿Velas? ¿Estamos todos locos o qué?

No se te ocurra comprarte esos calcetines de colores, no sea que alguien piense que estás perdiendo sensatez a la misma velocidad que pierdes frescura. Y olvídate de ese vestido, efectivamente, no es para ti, demasiado corto, escóndete. Sal pero déjate en casa. No cedas ante el impulso de lanzar una moneda al aire para elegir el destino del próximo fin de semana, a quien se le ocurriría semejante locura. No soportarías que saliese mal, aún no has aprendido a reírte de ti. Siempre has sabido que el sentido del humor está sobrevalorado.

No fantasees, nunca, con nada ni nadie, no sea que al final tus deseos se cumplan y a ver cómo manejas ese circo de tres pistas. Tú que eres como el perro de Pavlov, que sabes exactamente en qué momento vas a salivar y motivado por qué o quien.

Huye de los ojos hambrientos y de las almas intrépidas, abismos a los que sólo se asoman unos pocos, puñado de valientes. No permitas que se te acerquen, no sea que te arrastren a ese lugar en el que quizás tengas que preguntarte quien demonios eres tu y que has estado haciendo todo este tiempo. Y entonces ¿qué?

No permitas que nadie te mire adentro, pero de verdad, esto es serio. Evita sentir el vértigo de una mirada que llega mucho más allá de lo que tu has llegado jamás.

Y ahora, si has llegado hasta aquí, olvida lo que has leído y vuelve a la vida, a la verdadera. Al fin y al cabo todos sabemos para que hemos venido aquí. Tú también,¿verdad?

Y recuerda, no desperdicies un segundo, no vaya a ser que al final vayas a tener algo realmente serio de lo que arrepentirte.

Gracias por seguir ahí.

 

 

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