Todo empieza el día en que descubres que tu traje de super héroe es tu propia piel.

CEO = Chief Executive Officer o bien, Consejero Delegado o Director Ejecutivo

Este post va dirigido a todos aquellos trabajadores por cuenta ajena o autoempleados, que en algún momento de vuestra vida habéis sentido la necesidad de adornar vuestro categoría profesional con siglas que en ocasiones, ni tan siquiera sabíais muy bien qué significaban.

Que habéis caído en la trampa de engordar vuestro cargo como una oca a la que se le sobre alimenta para convertirla en micuit de foie. Quizás quieras seguir leyendo si has sido uno de ellos y te sientes ridículo al pensarlo. Especialmente si te ha venido una sonrisa a la cara recordando quien fuiste y quien eres hoy.

Yo no soy CEO.

Es posible que en alguna ocasión haya estado tentada a escribir estas tres siglas como la guinda al pastel de mi bio. Quizás en cuanto acabe de escribir esto y no antes (me gusta hacer las cosas a mi manera) tenga que revisar todos mis perfiles en redes sociales para comprobar si efectivamente en alguna ocasión me dejé llevar por una de las modas más recientes en el mundo de la emprendeduría.

Tal vez ahora, mientras escribo esto, alguien que se esté paseando por alguna de las páginas en las que aparezco pueda estar leyendo en este mismo instante Paula Sopeña, CEO en no sé qué. Déjame decirte algo, si has leído esto, no es cierto. No sé en qué diablos estaría pensando, discúlpame si puedes o quieres, pero no es cierto.

En este lúcido artículo del periódico Expansión (y que ha inspirado este post) se menciona el hecho de que personas como Andrés Perez Ortega experto en Marca Personal han observado cómo últimamente el término CEO parece que ha venido para quedarse. Acompañando a  palabras como proactivo, innovador, creativo, etc, y que parece, tiene que estar presente en toda biografía de cualquier emprendedor que se precie venga de donde venga. Es decir, ha dejado de perder su valor real. Porque si todo el mundo lo es, dime, ¿quien marca la diferencia?

No soy CEO.

El quiero y no puedo no va conmigo pero estoy en este mundo y quizás al igual que tú, en alguna ocasión, he sentido que todo lo que soy y sé hacer es insuficiente. He sentido la presión del entorno, he querido parecerme a quien no soy sin pararme a pensar que quizás lo mejor que hay en mi es que soy yo, distinta a todo lo demás.

Te diré lo que soy. Soy una trabajadora acogida al régimen general de autónomos que lucha consigo misma para no caer en el hábito creado durante años de trabajo en empresas, de esperar a que vengan otros a decirme qué hacer y cómo.

Dirijo una Escuela de Coaching en Asturias. El trabajo que genera no es poco pero es perfectamente coordinable por mi persona. Tengo mis clientes con los que hago sesiones de coaching y escribo, escribo mucho y todo lo que se me ocurre en mi blog y en las redes en las que estoy presente.

Soy mi propio jefe, pero eso no es ningún mérito. Todos lo somos. ¿Acaso no eres quien lidera tu propia vida? ¿Acaso necesitas que fuera de tu trabajo, otros te digan lo que tienes que hacer? Si has respondido no y sí, déjame decirte que tienes un asunto urgente que resolver.

No escribo esto para justificarme, ese es un deporte que hace tiempo dejé de practicar. Es sólo que la experiencia es útil cuando es compartida.

Lo escribo para decirte que si tu tampoco eres CEO, o cualquier otra cosa “fabulosa” y muy molona que se te ocurra, de verdad, no pasa nada. En serio, mírate al espejo y pregúntate: ¿Para qué? Y luego sácale la lengua a ese tipo que te mira desde el otro lado y échate a la calle con tu categoría personal al pecho, la frente muy alta y tu tarjeta tan escueta como sea necesario, pero no mientas porque no lo necesitas.

No lo necesitas, ¿me oyes? Hay muchas razones que lo demuestran ¿Quieres que empiece?

Para empezar, tienes coraje. Tu has hecho algo por tí cuando muchos otros siguen esperando a que alguna empresa o algún gobierno les solucione la papeleta. Has apostado por tí, incluso aún no creyéndotelo demasiado. Eso, sólo tiene un nombre y está escrito en negrita encabezando este párrafo.

Si trabajas para otros tu coraje se medirá en la cantidad de veces que has dado la cara por algún compañero. En no haber consentido que ningún jefe te humille o humille a otros. En haberte puesto en ocasiones en segundo plano para hacer brillar a alguien que en ese momento lo necesitaba más que tu.

Eres capaz de hacer que otros paguen su dinero o inviertan su tiempo por lo que sabes/haces/produces. Eres C-A-P-A-Z

Eres capaz de mantener tu entusiasmo incluso en los días en los que ya no sabes ni quien eres ni para qué sirve el trabajo que haces. Eres capaz cuando atiendes la queja de algún cliente o compañero borde con tu mejor talante aún sabiendo que bien podrías ponerle una vela negra porque en es ocasión, (lo siento), la razón no está de su lado. Eres C-A-P-A-Z de seguir cada día.

Eres adaptable. Porque habrás tenido que cambiar de rol en más de una ocasión y en una sola jornada laboral.

Eres adaptable porque cuando un superior te pide, por favor fulanito, Ana está de vacaciones, ¿podrías echar un ojo a este asunto quehaquedadopendientegracias,? Así, todo seguido y en el mismo tono, tú piensas en Juan y en las veces que él habrá hecho lo mismo y te vas a tu silla resoplando pero preparado para la acción.

Eres valeroso. Convives con la incertidumbre. No digo que no la temas, digo que has decidido instalarla en tu casa, darle un cobijo. Como quien acoge a un vecino “sospechoso” al que han desahuciado. Sabiendo que cada día vas a notar, al menos durante un rato, su presencia incómoda. Pero ahí está, acurrucado en un saco de dormir en tu sofá recordándote cada día que al miedo solo se le vence enfrentándolo. Y que quizás ese miedo se para un “algo” superior.

Eres valeroso porque en alguna ocasión supiste dar una palmada en la mesa. Porque te vas el primero de la oficina y porque puedes discutir mirando a los ojos con alguien que baja la mirada. Porque contradices, te expones, defiendes y arriesgas.

Eres hacedor. Tienes que hacer y muchas veces desde la nada. Tienes que ser tu propio departamento de I+D+I, tu propio gabinete de comunicación, tu propio creativo y tu comercial.

Eres hacedor porque propones cosas, inventas tareas, echas una mano cuando hace falta, arreglas la impresora de un compañero o te sientas delante de la centralita cuando el telefonista tuvo que abandonar su puesto para ir a recoger a su madre al hospital.

¿Quieres que siga? Por qué no lo haces tu. Haz una lista, puedo sentir cómo te vienes arriba. ¿Por qué siempre esperando a que otros te lo recuerden? ¿Acaso necesitas que unas siglas enmarquen lo que eres?

Has diseñado tu propia vida, ¿quién querría ser CEO después de haber conseguido eso? Y si en ese diseño de tu propia vida, ser el manda más es tu objetivo, a muerte. Si ser Chief Executive Officer, es lo que persigues al final del camino, a dolor, con todo lo que tengas.

Pero no empieces la casa por el tejado. Si aún no tienes empleados, si no has podido aún pagarte una oficina y trabajas desde casa, tu y yo y los habitantes de Marte saben que eso es todo menos ser un CEO. Paso a paso. ¿Para qué, dime, para qué?

Hay CEO que de verdad hacen justicia a su cargo y la etiqueta que ostentan. Me hago cargo de que no debe de ser nada fácil asumir la responsabilidad de tener a docenas de personas a tu cargo (profesional, emocional, personal y económicamente hablando). Que tal vez pueda ser muy gratificante aunque agotador estar todo el día de reunión en reunión, decidiendo el futuro de personas, proyectos, inversiones, etc. Sacando castañas del fuego a todas horas y cuidando mientras tanto de su salud física y mental mientras hacen como hormiguitas en sus imperios. Seguro que no es fácil.

Eso es lo que hace un CEO. ¿Es lo que quieres ser? A muerte. Con todo. ¿No es lo que buscas? Pues entonces, ¿para qué?

Gracias por seguir ahí.

 

 

 

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